¿Se creen los republicanos mejor que las mujeres?


En su larga y sucia campaña por elegir a su candidato a la presidencia de Estados Unidos, los republicanos le han echado lodo a la cara de muchos: hispanos, asiáticos, negros, pobres, homosexuales y cualquier otro grupo que no comparta sus posturas sociales extremas.

¿Y ahora, a las mujeres?

Es inevitable hacerse la pregunta que tiene como encabezado este comentario después de lo sucedido en los últimos días.

El comentarista ultra conservador Rush Limbaugh catalogó como “prostituta” (por no escribir el sinónimo vulgar de esta palabra) a una estudiante de leyes que testificaba ante el Congreso en favor de que las compañías de salud ofrecieran anticonceptivos como parte de su cobertura médica para mujeres.

El furor nacional fue tal que el mismo presidente Barack Obama llamó por teléfono a esta mujer para ofrecerle su apoyo. Unos días antes, Obama había emitido una orden ejecutiva controversial que obligaba a compañías a ofrecer anticonceptivos, incluyendo a aquellas organizaciones que se oponen a su uso por cuestiones religiosas, como la Iglesia Católica (como si los católicos no usáramos métodos anticonceptivos).

¿Y la reacción de los candidatos republicanos?

Newt Gingrich dijo que el problema eran los medios de comunicación. Mitt Romney dijo que hubiera utilizado otras palabras (supongo que hubiera usado eufemismos), y Rick Santorum dijo que un animador como Limbaugh tenían permitido decir cosas absurdas.

En ningún momento defendieron a la estudiante que fue atacada tan inapropiadamente por Limbaugh. En ningún momento exigieron el respeto a la mujer.

La pregunta que se propone en el encabezado de este comentario no vendría al caso si se tratara solo de un comentarista zafado que tiene años promoviendo la intolerancia, el extremismo y el odio. Pero no se trata de un caso aislado.

Las mujeres no son consultadas como debería ser en decisiones legislativas que tienen que ver con su propia salud. Durante una audiencia sobre la orden ejecutiva de los anticonceptivos, el congresista de San Diego, Darrell Issa, celebró una audiencia pública en cuya primera ronda no fue invitada una sola mujer. (La primera ronda es la que recibe más atención de los medios). Esto porque Issa y sus aliados republicanos consideraron que no era un tema sobre la salud de la mujer sino una cuestión de libertad de religión.

En su fanatismo por negarle a la mujer la decisión de abortar, en Virginia, los republicanos intentaron sin éxito pasar una ley que obligaría a las mujeres a someterse a un procedimiento vaginal intrusivo antes de abortar durante el primer trimestre de un embarazo. El gobernador de su estado finalmente se echó para atrás después de recibir críticas a lo largo del país de parte de organizaciones partidistas de los derechos de la mujer. Al parecer, olvidaron preguntarles a las mujeres qué pensaban al respecto.

El propio Santorum ha dicho públicamente que las mujeres violadas que terminan embarazadas deben aceptar al nene como un regalo de Dios, aunque sea un regalo algo trastornado.

Debido a estos incidentes y otros más que han ocurrido durante el transcurso de esta campaña, se ha hablado mucho de que los republicanos están en guerra contra las mujeres. El encabezado de esta opinión pregunta si los republicanos se creen mejor que las mujeres.

Yo no lo creo.

Lo que sucede es que su ideología extrema los ha llevado a otra dimensión en donde es imposible ver las cosas de manera racional, donde es todo o nada, donde todo desacuerdo se pelea a muerte. Y el resultado son comentarios como los que hizo Limbaugh, legislaciones como la de Virginia, paneles sobre la salud de la mujer sin mujeres, e intransigencia total en cuanto a la decisión de una mujer de abortar, incluso cuando ha sido violada.

Todo esto, mientras la economía enfrenta problemas generacionales que requieren de nuestras mejores ideas. Todo esto, mientras hay millones de personas desempleadas. Todo esto, mientras la crisis hipotecaria sigue sin tocar fondo.

A los republicanos no les importa atropellar o insultar a cualquier grupo de la sociedad con tal de imponer su ideología. Por eso tienen los candidatos que tienen. Se los merecen.

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