Republicanos sienten la presión del voto latino


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Republicanos en (his)panic mode.

40 puntos.

Esto es lo que separa a Mitt Romney de Barack Obama en las preferencias de los hispanos a siete meses de las elecciones presidenciales. Es un margen lo suficientemente grande como para costarle la presidencia a Romney, quien apenas se acomoda en su nuevo puesto como presunto candidato presidencial por el partido republicano.

Chin. ¿Y ahora qué hacemos?, se preguntarán los políticos republicanos, los mismos que en los últimos años se opusieron a todo esfuerzo por reformar las leyes migratorias del país y a legalizar a las millones de personas que viven, trabajan bien y barato, y crían familias al margen de la ley.

Algunos piensan que han encontrado la respuesta en el senador republicano Marco Rubio, quien continúa sonando fuerte para acompañar a Romney como candidato a la vicepresidencia.

Romney se vería bien acompañado de un latino conservador y carismático como Rubio. Y mejor aún que sea un senador de Florida, uno de los estados más importantes, quizás el más determinante, que estará en juego en noviembre.

Romney, por cierto, nunca ha mostrado interés por legalizar a los indocumentados. De hecho, durante las elecciones primarias republicanas, fue el candidato republicano con la postura más dura contra la inmigración ilegal. Kris Kobach, el autor de la ley antiinmigrante de Arizona, es uno de sus asesores.

Quizás no sea coincidencia que en las últimas semanas Rubio ha comenzado a suavizar su postura de que los inmigrantes ilegales no deben tener la oportunidad de permanecer en el país. Recientemente presentó su propia versión del Dream Act, argumentando que los jóvenes indocumentados que fueron traídos al país cuando eran pequeños no deberían ser deportados. En contraste con la versión demócrata, en un mundo en donde Rubio es vicepresidente, estos jóvenes serían legalizados pero no necesariamente se convertirían en ciudadanos.

Siempre es difícil creerle a los políticos, y más cuando sus ambiciones políticas son tan obvias. Rubio es y siempre ha sido un conservador social y fiscal, y la comunidad inmigrante nunca ha sido su prioridad. Ahora que los latinos podrían llevarlo ser candidato a la vicepresidencia, Rubio está mostrando más flexibilidad.

Tremenda oportunidad que representa Rubio para Romney. Sin embargo, será difícil, diría hasta imposible, que los republicanos de repente cambien su postura intransigente en el tema de migración solo porque el vicepresidente es hispano. Y es difícil también que los hispanos voten por un candidato como Rubio, que ha demostrado estar alejado y desconectado de las necesidades de los inmigrantes.

De cualquier forma, la estrategia hispana de Romney no depende exclusivamente de Rubio. También se ha hablado de tener como candidata a la vicepresidencia a la gobernadora de Nuevo México, Susana Martínez, quien en estos momentos busca eliminar las licencias de manejar para los indocumentados en su estado. Se trata de otra hispana que no comparte las posturas de la comunidad hispana en general.

Por otra parte, en las últimas semanas la campaña de Romney anunció seis directores estatales para estimular el voto latino en estados clave como Florida, Colorado y Nevada. El Comité Nacional del partido republicano tiene una directora nacional que recientemente tuvo el descaro de criticar al presidente Obama por no haber cumplido con su promesa de pasar las leyes migratorias en su primer año, como lo prometió cuando era candidato.

“Es otro fracaso de este presidente”, dijo Bettina Inclán en una entrevista con National Public Radio, ignorando el hecho que fue su partido fue el que bloqueó los esfuerzos por pasar la reforma migratoria. Inclán después resaltó el número récord de deportaciones bajo el gobierno de Obama.

Y es cierto, Obama no cumplió con la reforma migratoria. Y es cierto que bajo la administración de Obama se han deportado a más indocumentados. Sin embargo, esto es más el resultado de la nula flexibilidad que han demostrado los republicanos no solo en inmigración, sino en cualquier otro tema legislativo.

Algunos en la campaña de Romney argumentan que no deben hacer mucho caso al tema de la inmigración ilegal y que es mejor enfocarse en asuntos como la economía y los trabajos. No es mala idea. Estos son temas importantes para todos los que vivimos en este país.

Y al final, probablemente en esto consistirá su estrategia por el voto hispano. Y al final, probablemente perderán por 40 puntos.

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La longevidad de los latinos no debe ser tan sorprendente


Por Hiram Soto

Hace poco recibí un correo electrónico de un amigo anglosajón que tiene una manía de mandarme artículos interesantes sobre temas relacionados con los latinos, siempre acompañados de algún comentario cómico o sarcástico.

Ese día se había dado a conocer un estudio gubernamental sobre la llamada paradoja hispana: que los latinos que viven en los Estados Unidos, a pesar de sus bajos niveles de ingresos y educación, viven casi tres años más que el resto de la población.

“Ahora los latinos tienen una razón más para quedarse en los Estados Unidos”, decía el comentario de mi amigo con su típica dosis de sarcasmo.

Los científicos tienen años tratando de explicar este fenómeno.

¿Cómo es posible, se preguntan, que los latinos vivan más a pesar de que muchos no tienen seguro médico, van al doctor con menor frecuencia y reciben menos cuidado médico cuando se enferman? Las mujeres hispanas embarazadas reciben menos cuidados prenatales pero a la vez registran menores niveles de mortandad infantil que otros grupos.

Y a pesar de todo, los latinos viven en promedio 80.6 años, comparado con 77.7 del resto del país. Los hispanos incluso viven casi ocho años más que los afroamericanos, un grupo con el que comparten muchas similitudes en términos de pobreza.

Una teoría es que muchos latinos regresan a sus países de origen durante los últimos meses de sus vidas, lo cual empaña este estudio que se basa en certificados de defunción. Otra es que los estudios que han llegado a esta conclusión, que son varios, están equivocados. Otra más es que la longevidad de latinos pudiera deberse a sus lazos familiares y sociales.

Aunque no soy científico, yo quisiera añadir mi propia teoría sobre por qué los latinos somos más longevos.

Quizá nos enfermamos menos porque con dos o tres trabajos y una familia grande, hay poco tiempo para enfermarse. Quizá vamos con menor frecuencia el médico no tanto porque no tengamos seguro médico, sino por temor a que el doctor nos encuentre algo que cueste demasiado dinero tratar.

Tenemos brazos fuertes acostumbrados a cargar costales de cemento o a manejar maquinaria pesada.

Nuestras rodillas son de fierro de tanta loseta y alfombra que hemos instalado. Nuestros hombros tienen una gran flexibilidad por la cantidad de carros que hemos lavado.

Las piernas de algunos de nosotros han subido y bajado montañas, o recorrido largas distancias en el desierto, abriéndose paso hacia el norte. Caminamos y corremos más, no necesariamente por recreación, sino porque se nos va el camión.

Nuestros cuerpos, impuestos al constante movimiento, al parecer se rehúsan a la eterna inmovilidad de un ataúd.

De niños fortalecemos nuestros sistemas inmunológicos exponiéndolos a todo tipo de microbios y bacterias. Tenemos estómagos fuertes que sobrevivieron las taquerías más antihigiénicas de la ciudad, en las que siempre hubo duda si era carne de res lo que servían.

Vivimos más porque un plato de carne, arroz y frijoles es mejor que un macaroni and cheese, porque a veces es más saludable tener menos comida que tener comida de más, especialmente la que viene en cajitas.

De viejos, sabemos que tenemos altas probabilidades de vivir en la casa de nuestros hijos en lugar de desaparecer lentamente en un asilo de ancianos. Quizá la cama esté en la cochera, pero por lo menos estamos cerca de la familia, para bien o para mal.

Me agrada mucho saber que pudiera tener más años para disfrutar a mis padres, así como más años para disfrutar de mi esposa y mis hijas. ¡Tres años es mucho tiempo!

Tardé unos días en contestarle a mi amigo el anglosajón.

Hemos tenido una muy buena relación a lo largo de los años, siempre bromeando sobre cuestiones como la raza y la etnia. Lo conocí cuando recién emigré a los Estados Unidos, y para mí él siempre ha sido el gringo más gringo que he conocido. Y seguramente yo he sido el mexicano más mexicano que él ha conocido.

Le agradecí por mandarme el artículo que tanto me hizo reflexionar, y me despedí diciéndole: qué buena onda que voy a vivir más que tú.

Fiorina chantajea a los latinos para que voten por ella


Por Hiram Soto

Si vives en California, quizá te tocó ver un gigantesco autobús de color rojo y azul con la foto de una sonriente familia hispana abrazándose y con un mensaje a un lado que decía: “Vota tus valores. Vota Fiorina”.

Fiorina es Carly Fiorina, la republicana que busca desbancar a la senadora Barbara Boxer el 2 de noviembre en una de las contiendas políticas más llamativas del país.

Para ayudarla a lograr su objetivo, sus partidarios despacharon un autobús publicitario a 42 ciudades del estado para convencer a los latinos de que Fiorina comparte sus valores.

El voto latino es fundamental para que esta candidata conservadora logre convertirse en la siguiente senadora de un estado como California, donde los demócratas dominan el ámbito político desde hace más de 15 años en parte porque los republicanos espantaron a los latinos con la fallida Proposición 187, un efecto que continúa hasta hoy.

De hecho, hablar de inmigración ilegal no es un tema sencillo para un republicano, y especialmente para alguien como Fiorina. La ex ejecutiva de Hewlett Packard ha sido muy clara con sus seguidores: apoyó sin titubeos la ley de Arizona SB1070 y se opone a la legalización de indocumentados, tema que llegaría a sus manos si es elegida senadora.

Pero ésta no es la conversación que está teniendo con los latinos.

Sus partidarios prefieren cambiar de tema y hablar sobre los supuestos valores que comparte con la comunidad latina, como su oposición a que la mujer decida si desea abortar y al matrimonio entre homosexuales.

Son temas controversiales dignos de una conversación seria y profunda. Lamentablemente, el propósito de esta campaña de valores no es avanzar productivamente la discusión sobre esos temas. Su objetivo es chantajear a las personas para que voten por ella.

Es como decirle a un cristiano: si no votas por mí entonces apoyas el aborto y el matrimonio entre homosexuales.

Engañar o manipular quizá sea un valor que practican ciertos políticos, pero no es un valor familiar, ni cristiano.

Lo que sí está claro es que su estrategia está teniendo poco impacto, por lo menos entre los latinos.

Una encuesta realizada por el periódico Los Angeles Times y la universidad UCS reveló que Boxer lidera por casi 40 puntos entre votantes hispanos. Sin embargo, las encuestas del electorado en general muestran que la contienda está más cerrada, Boxer lidera sobre Fiorina por sólo cinco o seis puntos.

Candidatos republicanos como Fiorina y Meg Whitman, la candidata a gobernadora, no esperan ganar el voto latino en California. Su esperanza es obtener lo mínimo para ganar, que equivale al 30 o 35 por ciento del voto hispano.

Calculan que pueden lograr el triunfo con la gran motivación de los votantes conservadores, la desilusión de los demócratas ante la situación económica, el deseo de un cambio por parte de los independientes y, por supuesto, con que los latinos que salgan a votar.

De convertirse en senadora, Fiorina buscaría avanzar las prioridades conservadoras del partido republicano, que en términos económicos, se resume en dos cosas: cortar impuestos y reducir el déficit federal, incluyendo el tamaño del gobierno.

En ninguna parte de su lista de prioridades aparecen los valores que comparte con los hispanos, probablemente porque hay poco que podría hacer al respecto como senadora de California.

La constitucionalidad del matrimonio entre homosexuales en California está en los juzgados. La legalidad del aborto es un caso cerrado por la Corte Suprema de Justicia desde hace varias décadas, pero políticos conservadores frecuentemente dicen que quieren cambiarlo.

Si en realidad quisiera hablar sobre los valores de los latinos, por qué la candidata se rehúsa a decir qué haría con los 12 millones de indocumentados en el país que forman parte de nuestra comunidad, que trabajan, pagan impuestos, tienen hijos estadounidenses y en cualquier momento podrían ser deportados y separados de su familia.

Si hablamos de valores, la unión familiar sería lo primero en la lista.

Cinco consejos para salvar la candidatura de Meg Whitman


Por Hiram Soto

Meg Whitman tenía razón cuando admitió durante su debate con Jerry Brown el otro día en Univisión: “no puedo ganar la gubernatura sin el voto latino”.

Quizás por eso invirtió más del doble de dinero en anuncios de radio y televisión en español luego del escándalo de que había contratado a una inmigrante indocumentada por casi 10 años, doblando su apuesta como lo haría un jugador de póker después de una mala mano.

Tranquila, Señora Whitman. No pierda la cabeza y tire su dinero a la basura. Quizás yo puedo ayudarla. Yo conozco bien a mi gente, y como usted tiene tanto interés en ganarse su voto, me voy a permitir ofrecerle los siguientes consejos. De seguirlos, puedo casi garantizarle que arrasará con el voto latino el 2 noviembre. Y lo mejor de todo es que no le cobraré un solo centavo.

Consejo #1: despida a Pete Wilson. Si busca publicidad y buena fe en la comunidad latina, despida a Pete Wilson, su presidente de campaña. Pocas cosas le generarán más cobertura positiva en los medios de comunicación latinos que despedir a una de las figuras más odiadas por los hispanos. Será imposible suavizar su imagen siempre y cuando usted tenga al ex gobernador de su lado, partidario de la fallida proposición 187. Digamos que es el equivalente a estar casada con ese tío de la familia que nadie quiere.

Consejo #2: cambie de tono. Seamos sinceros: usted se vio muy mal primero diciendo que tiene una postura dura en contra de la inmigración ilegal, y después nos enteramos de que usted contrató a una inmigrante indocumentada por casi 10 años, aunque usted dice que no sabía que estaba en el país ilegalmente. En lugar de tirar más dinero a la basura con anuncios de radio y televisión, le recomiendo que mejor suavice un poco su postura sobre el tema. En particular le sugiero abandonar su promesa de instituir redadas en los lugares de trabajo y de revocar las licencias de negocios que contraten indocumentados. Así puede también proteger su propio trasero si usted algún día contrata nuevamente a inmigrantes indocumentados, que le advierto están en todos lados.

Consejo #3: no trate de manipular a los latinos. Para bien o para mal, su candidatura hasta el día de las elecciones estará definida por la inmigración ilegal. Y los latinos nos hemos hecho muy astutos para detectar cuando un candidato nos está dando atole con el dedo. Por ejemplo, usted dice que se opone a la ley de Arizona SB1070 y que también está en contra de la proposición 187. Sin embargo también sabemos que la ley de Arizona es más simbólica que nada, y no tiene ningún impacto en California. Y a la vez sabemos que la Proposición 187 sucedió hace 15 años y nunca entró en vigor. A pesar de eso, usted contrató a Wilson y ha difundido anuncios de radio que dicen que usted se opone a que los indocumentados reciban cualquier tipo de beneficio público. ¿Qué no es lo mismo que apoyar la 187? Si de veras quiere estar del lado bueno de los latinos en cuanto al inmigración ilegal, anuncie su apoyo a una reforma migratoria integral.

Consejo #4: no salga en Univisión si no tiene algo bueno que decir. El otro día durante el debate en Univisión con Brown, un estudiante indocumentado de Cal State Fresno dijo que estaba por graduarse con honores pero que no podría trabajar porque es indocumentado. Al preguntarles a los candidatos sobre su postura ante la propuesta Dream Act, que legalizaría a ciertos indocumentados que llegaron a Estados Unidos como niños, usted dijo que sólo apoya la educación pública de los indocumentados hasta la preparatoria. Le recuerdo sus palabras: “no pienso que es justo prohibir y eliminar la habilidad de los residentes de California de asistir a la educación superior y favorecer a los indocumentados”. Ese tipo de comentarios no hacen nada más que poner en su contra a la gran cantidad de estudiantes latinos que planean votar en noviembre, y que estaban esperando algo de usted. Mejor no salga en Univisión.

Y el último consejo:

Consejo #5: no se meta con las nanas. Cuidar hijos ajenos es un trabajo con mucha tradición en la comunidad latina. El hecho de que usted tuvo a una mujer latina como su mano derecha en el hogar por casi 10 años habla bien, pero esos puntos se evaporaron cuando se dieron a conocer los detalles de cómo despidió a Nicandra Díaz Santillán, su nana. Ni siquiera le dio oportunidad de despedirse de los niños se cuidó por tanto tiempo. En la comunidad latina muchos tenemos a mamás, tías, primas o hermanas que cuidan a los hijos de otros, y por lo tanto nos podemos identificar con Díaz Santillán. La próxima vez que pregunten sobre el tema, aproveche para pedir disculpas a su ex nana  y darle las gracias por haber cuidado sus hijos.

Y ahí lo tiene, señora Whitman.

Las mentes más sabias en las ciencias políticas calculan que usted necesita alrededor del 35 por ciento del voto latino para ganar. Hoy en día las encuestas la tienen más cerca del 30 por ciento con tendencia a la baja debido al escándalo.

El tiempo apremia, y cada vez estamos más cerca del día de la elección.

Sería irónico que después de gastar 120 millones de dólares de su propio dinero para convertirse en la próxima gobernador de California, todo su esfuerzo se venga abajo porque no supo cómo tratar a su nana y porque en campaña usted dice una cosa, y en su vida privada hace otra.

El candidato demócrata Jerry Brown necesita despertar


Por Hiram Soto

Si bien la estrategia de la candidata republicana Meg Whitman es gastar lo que sea necesario para convertirse en la próxima gobernadora de California, su contrincante parece estar contento con hacer lo opuesto.

El demócrata Jerry Brown no ha lanzado hasta ahora ni un solo anuncio electoral, ha pasado poco tiempo en campaña, y se ha dedicado prácticamente a ejercer su función como actual procurador estatal de California.

Que así fueran todos los políticos, calladitos y trabajadores.

Su estrategia, o falta de estrategia, le ha dado resultado: a un poco más de dos meses de las elecciones de noviembre, ambos candidatos están prácticamente empatados en las encuestas, algo que ha desconcertado hasta a los observadores políticos más astutos, quienes pensaban que Whitman estaría varios puntos arriba después de gastar 100 millones de dólares.

Pero el empate en las encuestas no puede durar mucho.

La temporada alta de campaña empieza justo después del Día del Trabajo, y será entonces cuando el electorado comience a poner más atención en los candidatos y cuando las encuestas empiecen a brincar de un lado a otro.

Hace días escribí cómo la republicana Whitman gastó millones de dólares convenciéndonos de lo dura que es en cuanto al tema de la inmigración ilegal, y después ha gastado otros tantos millones diciéndonos que no es cierto.

Brown ha tenido suerte de que no tuvo gran oposición como Whitman durante las elecciones primarias de su partido, y, por lo tanto, no se le ha exigido mucho políticamente. Los ataques por parte de Whitman han sido contestados en parte con el silencio de Brown y en parte por anuncios financiados por los sindicatos estatales, que están del lado del procurador.

Con Brown, California tendría un gobernador experimentado: fue gobernador por dos mandatos (de 1975 a 1983), fue candidato presidencial tres veces, alcalde de Oakland en dos ocasiones, y actualmente es el procurador del estado.

La historia ve con relativamente buenos ojos su paso por el Capitolio de Sacramento, donde se dio a conocer como un gobernador frugal: en lugar de vivir en la mansión del gobernador, rentó un departamento cerca del Capitolio; en lugar de subirse a una limosina blindada, manejaba su carro para ir al trabajo. También fue conocido como un gobernador ecologista, y alguien que puso a una gran cantidad de minorías en puestos públicos.

Una de sus posturas más controversiales se dio en 1978 con su apoyo a la Proposición 13, una medida que limitó los impuestos prediales y que resultó en la pérdida de millones de dólares para distritos escolares, ciudades y condados.

Lo que Whitman tiene en dinero, Brown lo tiene en experiencia. De ganar las elecciones, se convertiría en el gobernador de mayor edad en la historia del estado con 73 abriles al momento de tomar posesión.

El electorado también tendría en Brown un político poco ortodoxo.

Tras dejar la gubernatura en 1983, viajó a China y a la Unión Soviética, estudió español en México, vivió medio año en Japón estudiando budismo, incluso trabajó para la madre Teresa en India (Brown también es un ex seminarista católico). Después se convirtió en conductor de un programa de radio.

A finales de los 1980 fue elegido como jefe del Partido Demócrata en California, y en 1990 fue criticado por no haber gastado suficiente dinero en anuncios de televisión, lo que muchos consideraron como una razón por la cual los demócratas perdieron varias contiendas clave en ese momento.

Brown aparentemente no ha aprendido esa elección. Sus escasos anuncios son bienvenidos para quienes detestamos comerciales políticos que generalmente carecen de veracidad. Sin embargo, de no tener una campaña fuerte será dominado con facilidad por Whitman, que tiene mayores recursos y que sabe cómo usar la internet a su favor.

Whitman, la ex ejecutiva de eBay, ya demostró que sabe tener presencia en línea.

Su campaña compró el nombre de Jerry Brown en internet, y quien busque ese nombre hoy en día se encontrará con un sitio dedicado a desacreditar al candidato.

Whitman también tiene un sitio de internet en español, con actualizaciones frecuentes y fotos con la candidata y miembros de la comunidad latina. Brown, por su parte, ni siquiera tiene una página en español (tiene un traductor automático del contenido en inglés).

¿Podrá este veterano candidato sacar otro as de la manga?

Tendrá que tener más inteligencia que dinero para ganar.

Latinos que apoyan ley de Arizona no son traidores


Por Hiram Soto

Son la minoría de la minoría. Pero no por eso sus opiniones hacen menos ruido.

Tienen apellidos como Hernández, Jiménez o García. Algunos tienen la piel morena, los ojos cafés y hasta tienen acento cuando hablan inglés.

Son los latinos que apoyan la trascendente y divisoria ley de Arizona que entró en vigor esta semana.

No hay muchos de ellos. Sólo dos de cada 10 latinos, según las encuestas.

Pero el otro día recibí un mensaje de una de estas personas.

“Ustedes son un grupo de losers (perdedores)”, decía el mensaje, escrito en español, refiriéndose a los indocumentados.

“¿Por qué quieren seguir viviendo del Welfare, Social Security, Medical? Ustedes todo quieren gratis. Los lugares donde viven los latinos son muy notorios por la suciedad. Lárguense”, decía este comentario cuya intención, más allá de ser expresado, era insultar y lastimar.

No puedo evitar preguntarme qué lleva a latinos a hablar de otros latinos de esta manera. ¿Acaso no les molesta que la ley permita a los policías exigir documentos migratorios a personas sospechosas de estar en el país ilegalmente con base en su apellido, acento, color de piel, ojos o cualquier pista de que la persona sea de un determinado grupo étnico o racial?

¿Será que estos latinos son víctimas del entorno en donde crecieron en sus países de origen, en donde en sus hogares se cultivaba el desprecio hacia la gente morena o de clase trabajadora?

Me pregunto también si estas son las mismas personas que emigraron a Estados Unidos con gran facilidad al casarse con algún ciudadano estadounidense, o porque algún pariente les consiguió una visa. Porque para ese tipo de personas el sistema de inmigración actual funciona bien, y se sorprenden cuando otros no pueden hacer lo mismo que hicieron ellos para entrar al país.

Son pocos los latinos que públicamente han apoyado la ley SB1070, que desgraciadamente se ha convertido en el ejemplo a seguir en por lo menos cinco estados del país, y que ha colocado nuevamente el tema de la inmigración ilegal en la conciencia nacional. Quizás poco latinos apoyan esta ley porque algo en su conciencia les impide alinearse con políticos a quienes no les importa tener que violar los derechos civiles de estadounidenses latinos con tal de aplastar o expulsar a la comunidad indocumentada.

Hace unos días un grupo hispano hizo el inusual anuncio de declararse en favor de esta ley.

La Asociación de Republicanos Latinos de Arizona se convirtió en el primer grupo en el país en públicamente apoyar la ley SB1070. Su posición fue tal que incluso presentó un pedimento para intervenir en la demanda interpuesta por el Departamento de Justicia en contra de la ley SB1070.

Lo hizo argumentando que el gobierno de Obama no ha hecho lo suficiente para detener el flujo de inmigrantes a través de la porosa frontera de Arizona, y que, por lo tanto, el estado tenía que tomar la justicia en sus propias manos.

El presidente de esta asociación, Jesse Hernández, dijo que ha recibido más y más llamadas de latinos conservadores que viven en el clóset y que apoyan esta ley, aunque aparentemente lo hacen desde la privacidad del cuarto más oscuro de su casa.

La mayoría de ellos son hijos de inmigrantes ilegales, como él, o personas que se hicieron ciudadanos estadounidenses utilizando el sistema vigente, explicó. Diferenció a estos latinos de otros hispanos por la manera en que emigraron al país y la forma en que ven su pertenencia a esta nación.

Los latinos que piensan como él son personas que “no podían creer la felicidad y el gusto que sintieron cuando se convirtieron en ciudadanos naturalizados”, dijo al periódico Arizona Republic. “Tuvieron que trabajar duro por ello. Era una ambición. Era como obtener un diploma universitario”.

¿Pero qué acaso los latinos inmigrantes en contra de esta ley no sienten la misma felicidad al jurar lealtad a los Estados Unidos, o no tienen la misma ambición, o no trabajan duro por ello, o no quieren rectificar su situación migratoria?

Es fácil caer en la trampa y decir que estos latinos son traidores de su cultura, su gente, y que han olvidado sus raíces. También es fácil decir que son racistas o prejuiciosos. Y puede que lo sean.

Pero quizás más que eso, son personas que repiten los mismos argumentos desacreditados de grupos como los Minutemen o políticos extremistas como los autores de esta ley.

A final de cuentas, no son traidores.

Son ignorantes.

La ley de Arizona debe hacernos reflexionar


Una de las razones principales por la que la controversial ley antiinmigrante de Arizona ha sido criticada por tantos es porque otorga poderes a la policía de interrogar y detener a personas que se sospecha están en el país ilegalmente.

Es fácil entender por qué muchos consideran que esta ley es discriminatoria y hasta racista, especialmente si tienes el pelo negro, los ojos cafés, la piel morena y un acento, atributos que para un policía pudieran significar que estás en el país ilegalmente.

¿Pero qué pasaría si los latinos estuvieran del otro lado? ¿Cómo reaccionaríamos si nosotros fuéramos los anglosajones de esta película, y se nos hiciera fácil otorgarle a la policía poderes extraordinarios para combatir algún otro tipo de delito?

El ataque terrorista fallido en Nueva York me dio la oportunidad perfecta para averiguarlo.

El individuo que intentó explotar un coche-bomba en Times Square, Faisal Shahzad, era un inmigrante legal originario de Pakistán que recientemente había obtenido la ciudadanía estadounidense. Al tipo lo arrestaron sentado cómodamente en un avión a punto de huir a su país de origen.

Durante una reunión familiar reciente pedí que levantaran la mano quienes pensaran que debería existir una ley que permitiera a las autoridades detener e interrogar a individuos árabes en los aeropuertos del país como una forma de combatir el terrorismo.

Unos días antes yo mismo me había sorprendido pensando que no sería mala idea, cegado por la rabia de que los extremistas musulmanes no desisten en su lucha por atacar a nuestro país. A fin de cuentas, yo he caminado las calles icónicas de Times Square, y tengo familia que vive en la Gran Manzana.

Quizá por eso no me sorprendí de ver muchas manos en el aire, levantadas por las mismas personas que momentos antes habían opinado con dureza en contra de la ley SB 1070. Después de analizar la propuesta antiterrorista con más detenimiento, todos finalmente cambiaron de opinión.

Fue entonces que comencé a entender por qué 64 por ciento de la población en general apoya esta ley, según una encuesta del Wall Street Journal y NBC News. El mismo sondeo revela que siete de cada 10 latinos se oponen a esta legislación.

¿Tú hubieras levantado la mano en respuesta a la hipotética pregunta sobre la ley antiterrorista si por un momento te hubieras olvidado de la ley de Arizona?

¿Cuántas veces te has sorprendido señalando peyorativamente a un afroamericano por el color de su piel, o añadiendo un expletivo antes de la palabra güero en referencia a un anglosajón? ¿O quizá has usado la palabra indio para insultar a alguien de ascendencia indígena?

Más que quizá otros grupos étnicos, nosotros tenemos la responsabilidad primera de respetar otras culturas precisamente porque sabemos lo que es el prejuicio y la discriminación. Y compartimos también la responsabilidad de defender los derechos de otros grupos que se encuentran en una situación similar a la nuestra, aunque en este caso se trate de la comunidad árabe.

El reverendo afroamericano y activista de derechos civiles, Al Sharpton, es una de varias figuras de otras razas que han estado marchando con los latinos en Arizona.

A pesar de que la mayoría del público estadounidense apoye esta ley, por lo menos según el sondeo anteriormente mencionado, es admirable observar el repudio público que han recibido los legisladores del estado de parte de gobiernos estatales y municipales.

Los concilios de varias ciudades grandes, incluyendo San Diego, Los Ángeles, Boston, San Francisco y más recientemente Seattle, han aprobado boicots de viajes y contratos con empresas de Arizona que han resultado en la pérdida de millones de dólares para ese estado. Incluso los equipos de primera división de América y Pachuca cancelaron su partido amistoso que tenían planeado para el 7 de julio.

Bravo.

Pero lo mejor que podemos hacer quienes estamos lejos de Arizona es aprovechar esta oportunidad para reflexionar sobre nuestras propias actitudes hacia la raza y la etnia. Es una oportunidad para enseñar a nuestros hijos que todas las personas merecen respeto y que deben ser iguales ante los ojos de la ley y la sociedad en general.

Así formaremos mejores ciudadanos del mundo, y pondremos el ejemplo de que una sociedad multicultural como la nuestra verdaderamente puede vivir en armonía.

Por lo visto con lo que está pasando en Arizona, estamos todavía muy lejos de lograrlo.

Los republicanos le hacen un favor a los latinos


Por lo general, dos es mejor que uno.

Por ejemplo, es mejor hablar dos idiomas que uno. También es mejor saber navegar entre dos culturas. Y quienes vivimos en la frontera sabemos que es muy padre tener dos pasaportes.

Pero a veces es malo tener más de una cosa.

Aquí en el Condado de San Diego, por ejemplo, tenemos a dos de dos congresistas cuyos nombres son sinónimos con la inmigración ilegal. Son, en esencia, las voces más extremistas del tema.

La semana pasada escribí sobre uno de estos políticos, el republicano Brian Bilbray, que por cierto es mi congresista. Es el político que dice que puede identificar a los indocumentados por su ropa.

Esta semana me toca hablar sobre el otro político republicano.

Se llama Duncan D. Hunter y representa el distrito 52, que abarca prácticamente todo el noreste del condado.

Ambos políticos han hecho encabezados en los últimos días por sus declaraciones desorbitadas en apoyo a la nueva ley de Arizona que otorgó a la policía poderes de detener y cuestionar a personas que parezcan ser indocumentados.

La semana pasada Hunter dijo ante una congregación de seguidores en Ramona que apoyaba anular la ciudadanía de estadunidenses de los hijos de indocumentados.

California se está yendo la bancarrota, dijo, y es por causa de la inmigración ilegal.

“Lo que estamos diciendo es que ser un ciudadano estadounidense significa más que cruza la frontera caminando”, dijo el político de 33 años de edad en respuesta a una pregunta sobre si apoyaba dicha idea.

Yo digo que adelante.

Que se pare ante las cámaras y presente su propuesta de ley. Que haga una gira por el país dándoles a los latinos más razones para mantenerse alejados del partido republicano. Espero que con su mensaje inspire a otra generación de activistas hispanos.

Aunque no parezca, son este tipo de políticos los que inspiran manifestaciones y movimiento en Washington D.C., donde tiene año estancado la reforma.

La ley de Arizona ha vuelto a revivir las esperanzas de que pueda finalmente avanzar.

Su nombre, y sus argumentos miopes, podría sonarte familiar.

Hunter es el hijo de Duncan Hunter, quien ocupó el escaño luego de representar a este mismo distrito por 17 años. El renunció a su puesto en el 2008 para enfocarse en su fallida candidatura presidencial.

Su hijo ganó la elección para reemplazarlo.

En 1994, Hunter, el padre, legisló la construcción de 14 millas de cerco en la frontera entre San Diego y Tijuana, empujando el tráfico de personas al desierto. Ahora parece que el hijo ha aprendido bien del padre.

Lástima que no se dejó influir por su tío, John Hunter, un activista humanitario que con galones de agua ha buscado contrarrestar los efectos letales del cerco que construyó su hermano.

Una cosa es construir cercos para impedir que la gente pase, y otra es quitarles la ciudadanía a individuos que por ley constitucional son ciudadanos estadounidenses. Lo dice la decimocuarta enmienda.

Pero para Hunter, la inmigración ilegal es más importante que la constitución.

Durante un programa de radio hace unos días dijo que su plan no era cambiar la constitución, sino presentar una ley que solucionara el problema. Dijo que contaba con el apoyo de cerca de 100 congresistas.

Mucha suerte a él y al resto de su banda de políticos oportunistas.

Sus voces, por más radicales que parezcan, son importantes y me atrevo a decir que hasta son esenciales.

Y desde ese punto de vista, tener dos de estas voces en el Condado de San Diego es definitivamente es mejor que tener sólo una.


Nueva ley de inmigración es una vergüenza para Arizona


La cosa está fea en Arizona.

La nueva ley de inmigración
que aprobaron los políticos de ese estado ha generado encabezados nacionales por su frialdad y dureza no solamente contra la comunidad indocumentada sino contra todas las personas con aspecto latino.

La parte más controversial de esta ley es una cláusula que autoriza a la policía de las municipalidades a revisar el estatus migratorio de cualquier persona que pudiera estar en el país ilegalmente, y arrestarla si es indocumentada.

O sea, cualquier persona de piel morena o con acento que no cargue documentos en todo momento podría ser deportada, como el actor Cheech Marin en la comedia de los 1980 Born in East L.A.

Para que te des una idea del alcance de esta nueva legislación, es el equivalente a que cada oficial del orden público sea como su propio retén de inmigración, similar a los que vemos al salir de San Diego por las autopistas hacia el norte y el este.

Así de feo está.

Es una pena que Arizona esté peleado contra su destino.

Los latinos no van a irse de Arizona, principalmente porque la mayoría son residentes legales o ciudadanos que tienen varias generaciones ahí. Es más, constituyen más de 30 por ciento de la población. Y por si fuera poco, hoy en día la mitad de todos los estudiantes hasta la secundaria son latinos, así como alrededor de la mitad de los bebés que nacen en ese estado.

Así que Arizona va a ponerse más cafecito con el tiempo.

¿Y la comunidad indocumentada, la que supuestamente es el blanco de esta ley?

De los casi siete millones de personas que viven en Arizona, unas 500 mil carecen de documentos. En otras palabras, la ley afectará a más residentes legales y a ciudadanos que al grupo que buscan marginar los políticos de ese estado.

¿Qué sentido tiene atormentar a toda la población latina debido a la comunidad indocumentada?

Ahora eso no quiere decir que Arizona no tenga un problema serio con la inmigración ilegal. Es principalmente por Arizona por donde el crimen organizado trafica drogas y personas. No es raro encontrar paquetes de droga tirados en medio del desierto, abandonados por los traficantes.

Pero esta ley es una exageración nacida de la mente de un funcionario republicano que ha dedicado los últimos años de su vida política a formular leyes que le hacen la vida de cuadritos a los indocumentados, y por extensión a los latinos en general.

Se llama Russell Pearce y es un miembro del Senado de Arizona.

Es un ex oficial del Departamento del Sheriff del Condado de Maricopa, hoy en día liderado ni más ni menos que por Joe Arpaio, quizá la figura pública antiinmigrante más conocida del país.

Por más que Pearce alega que su ley no es racista, es difícil ver lo contrario.

Éste es un tipo que en 2006 difundió un correo electrónico a sus conocidos y amigos cuya fuente era un grupo extremista racista. Pearce dijo después que desconocía la fuente del correo y se disculpó. Aunque no puede negar que estaba de acuerdo con el contenido de un mensaje racista.

Después, en 2008 patrocinó una ley que buscaba prohibir en las universidades del estado el establecimiento de grupos cuya membresía se basaba en parte o en su totalidad en la raza de sus miembros, o sea grupos como MEChA y asociaciones de estudiantes afroamericanos.

Además, ha sido fundamental en la aprobación de otras leyes, incluyendo la primera en el país que multa a los empleadores que no se aseguran de que sus trabajadores estén en el país de manera legal. Asimismo, Arizona cuenta con una ley que vuelve un delito el acto de otorgar prestaciones gubernamentales a inmigrantes indocumentados.

Esta nueva ley también prohíbe a los jornaleros pedir trabajo en las calles de Arizona, y estipula que los ciudadanos pueden demandar a las ciudades que se rehúsen a cumplir la ley al convertirse en santuarios de la comunidad indocumentada, así dando más poder a grupos extremistas como los Minutemen.

Pero a pesar de estas leyes, la comunidad latina de ese estado seguirá creciendo. Esos niños que hoy están en la escuela seguirán sus estudios en las universidades, y algún día se convertirán en políticos poderosos que le darán vuelta a estas leyes que nacen del egoísmo, la ignorancia y el odio.

Mientras tanto Arizona seguirá lastimando y tratando de aplastar a la comunidad que representará gran parte de su futuro. Sí, la cosa está fea en Arizona. Y seguirá así por un buen rato más.

It’s the hotel that should change its name


WhittenI’ve always had mixed feelings about my name, Hiram.

It rarely went unnoticed when I lived in Mexico. It wasn’t like those conversations that began with something like “Hi, my name is Raul” followed by a natural change of topic.

With Hiram, there was always something.

Every time I needed a government document, bureaucrats would write my name without the H. Other times people will remind me that my name sounded like that of a famous female singer I never knew or cared about.

Now that I live here in the States, people often ask me if I am Arab, Jew or Turkish. Sometime people think my name is Iran, a country known for its wars and Muslim extremists.

Maybe that’s why I thought it wasn’t such a bad idea when I heard that a hotel owner in Taos, New Mexico, ordered some of his Latino employees to use the English equivalents of their names. He also forbid them to speak Spanish at work because he was afraid that they will talk behind his back, as if changing people’s names wouldn’t be something to talk about.

Larry Whitten, the owner of Whitten Inn, said it was common for hotel employees who work directly with the public to change their first names if these were difficult to pronounce.

Personally, I don’t remember meeting a Mary instead of Maria or a Joseph instead of José at the many hotels I’ve stayed in Rosarito, where the vast majority of guests come from the United States.

Witthen, who had turned around about 20 troubled hotels in Texas, said his managerial style has nothing to do with racism.

But neither his employees nor many in the Latino community believed him, and some protested in front of his business.

It’s ironic that it’s come to this because the hotel operates in a county where more than 50 percent of the population is Latino, and where more than 50 percent of residents speak Spanish, according to U.S. Census data.

But he doesn’t need to check governments statistics to understand his surroundings.

His hotel is located on a street called Paseo Del Pueblo; the name of the state includes the word Mexico, and Gov. Bill Richardson, a former presidential candidate, live part of his childhood in Mexico City.

If anything, the hotel should change its name from Whitten Inn to Brownie Inn.

Personally, it’s hard for me to understand the difference between Martín and Martin, or Marcos and Mark, the names of the employees who were rebaptized by their boss. I would understand if he had an employee named Petronilastacio Nacletaldo Furibundo answering the phones.

But nobody has that name.

If I was his employee, I would ask him to let me choose my own name because I’m not particularly fond of the English version of Hiram, HIGH-RUM.

But then I stop and think about the time I went to get a tire change and a Persian employee gave me a discount because he thought I was Arab. Or the time when a beautiful girl told me that my name was so different that it was unforgettable. Maybe she was trying to tell me I had a pretty name.

Hiram, through its derivatives, has become sort of like a chameleon.

I am Iran among Arabs, Iram with Latinos and HIGH-RUM with Anglos. In at least one birthday someone made a point of singling out my name by giving me a bottle of the not-so-famous whiskey Hiram Walker.

I tried to find a way to go around this complicated process, at least when I buy coffee. To save employees the hassle of asking me “What did you say your name was?,” I used to say my name was simply Soto.

But then one day a lady asked me: “Are you Japanese?”

Now that I think about it, it would be too boring if my name was Raúl. I think I’ll keep my rather imperfect but entertaining name.

Besides, that’s what my parents wanted people to call me.