Brasil: un verdadero gigante de Latinoamerica


SAO PAULO – BRASIL. La primera vez que vine a este país hace más de 10 años, todo parecía pequeño. Un auto tipo Toyota Camry era considerado un carro grande en las carreteras de Sao Paulo. Los electrodomésticos en el hogar, como microondas y refrigeradores, siempre eran más pequeños que en Estados Unidos. Incluso los carritos en el supermercado siempre fueron por mucho inferiores a los de Costco o incluso Northgate Gonzalez.
Hoy aquel Brasil de millones de cosas diminutas ha sido remplazado por uno que tiene un gusto por las cosas grandes; un gusto que va más a tono con una economía que es ahora la sexta más grande del mundo y que recientemente superó economicamente a Inglaterra.
Actualmente, los autos nuevos tipo SUV apenas caben en los estacionamientos pequeños de los centros comerciales abarrotados, a pesar que los carros cuestan casi el doble que en los Estados Unidos. Los gigantescos televisores importados se imponen ante las paredes modestas de los departamentos que fueron construidos para épocas, cuando la gente se conformaba con lo justo. Y en los supermercados, lo único más grande que los carritos es la cuenta que se paga en la caja registradora. Brasil, para sorpresa de muchos, es más caro que Estados Unidos.
Todo esto es el reflejo de una economía robusta que el año pasado creció a su ritmo más acelerado en más de 24 años, y que junto con países como China, Rusia e India, se ha convertido en uno de los motores económicos globales.
Cuando Estados Unidos cayó en la peor recesión en su historia reciente, mucha gente se preguntó: ¿A dónde se fue todo el dinero? La respuesta: a países como Brasil.
Acá la palabra recesión parece haber sido reemplazada por un optimismo inquebrable y un orgullo nacional que el primer mundo está a la vuelta de la esquina, sin importar si esto es cierto. Es una sensación extraña atestiguar esto, especialmente para estadounidenses que desde hace varios años estamos acostumbrados a las malas noticias económicas.
Los tiempos son tan buenos acá que a la clase media y a la clase media alta le cuesta trabajo contratar personal doméstico. Muchas casas y departamentos en Brasil suelen tener un cuarto pequeño en donde tradicionalmente duerme la empleada del hogar. Sin embargo, hoy en día muchas de esas habitaciones lucen vacías o son utilizadas como almacenes. Aquellas empleadas domésticas que siempre estaban en gran oferta se han ido a las fábricas a ganar más dinero o en busca de otras oportunidades.
Los brasileños están llevando su riqueza a otros países e incursionando en el extranjero con inversiones de todo tipo, e incluso son copropietarios de la cerveza Budweiser, un ícono estadounidense. Muchos consumidores han comprado departamentos y propiedades en Estados Unidos, particularmente en Miami, en donde representan hasta el 70 por ciento de los compradores recientes de los condominios de lujo de esa ciudad.
Y parece que mejores tiempos están aún por venir con la Copa del Mundo en 2014 y las Olimpiadas en 2016.
Sin embargo, no todo es color de rosa para el país donde todo es verde o amarelho.
Los productos no son las únicas cosas que han aumentado de tamaño. Las pancitas de los brasilenos han crecido a la par con el desarrollo económico. El 65 por ciento de la población está de sobrepeso o es obesa, de acuerdo a cifras gubernamentales. Engordar es una señal de países ricos, como podemos atestiguar los estadounidenses.
Además, muchos brasileños se quejan de pagar algunos de los impuestos más altos en el mundo debido en gran parte a que el país no ha tenido un partido de derecha fuerte desde la dictadura militar de los años 1970. Esto ha generado poca oposición al constante aumento de todo tipo de impuestos para financiar programas de gobierno que suelen usarse como armas políticas para ganar votos durante las temporadas de elecciones.
A pesar del crecimiento económico, en esencia y cultura sigue siendo Latinoamérica.
Hay que admitir: es admirable lo que Brasil ha logrado en las últimas décadas, además, con poca ayuda de los Estados Unidos (Estados Unidos es el cuarto socio comercial de Brasil. El primero es otros países de Latinoamérica, seguido por Europa y Asia).
Me pregunto: en donde estará Brasil en otros 10 años.
¿Será en verdad el primer país latinoamericano en dar el salto al primer mundo? Eso está por verse.
Mientras tanto, las expectativas son enormes.

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EU debe recibir a más periodistas exiliados


En México, los periodistas deberían escribir en tinta roja color sangre.

Sería una protesta apropiada en honor a las docenas de reporteros que han sido asesinados a sangre fría en los últimos años como resultado de la guerra contra los carteles de las drogas.

Por si fuera poca la impunidad con la que operan los agresores, que podrían ser tanto narcotraficantes como las mismas autoridades, los periodistas que buscan refugio al norte tienen que enfrentarse con un gran obstáculo: las pocas oportunidades de asilo político que hay en los Estados Unidos.

Desde que el gobierno de Felipe Calderón lanzó su guerra impulsiva y no planeada contra los carteles de las drogas, unos 50 periodistas han sido asesinados en México. Otros tantos fueron secuestrados, torturados e intimidados simplemente por ser los mensajeros de las malas noticias. Esta misma semana un columnista en Veracruz fue asesinado junto con su esposa e hijo cuando dormían en su casa, mientras que en ese mismo estado las autoridades encontraron el cuerpo de otro periodista que había desaparecido. A principios del mes un editor de noticias fue secuestrado en Acapulco.

A pesar de esto, solamente a un periodista, Jorge Luis Aguirre, del portal de noticias LaPolaka.com de Ciudad Juárez, le ha sido otorgado el asilo político en los Estados Unidos.

El tema del asilo político tomó fuerza hace unos días durante el congreso anual de la Asociación Nacional de Periodistas Hispanos que se celebró en la ciudad de Orlando, Florida. Fue ahí donde tres periodistas que buscan asilo político en este país recibieron un reconocimiento por su trabajo.

Ellos son Emilio Gutiérrez Soto, un reportero de Ciudad Juárez que recibió incontables amenazas después de investigar abusos por parte del ejército; Ricardo Chávez, conductor de un programa de radio que huyó de Ciudad Juárez luego del asesinato de dos de sus sobrinos; y Alejandro Hernández, un camarógrafo de televisión que fue secuestrado en Durango.

Para Gutiérrez ya han pasado alrededor de tres años desde que solicitó asilo político, mientras que Chávez tiene desde el 2009 que cruzó la frontera. Hernández, el camarógrafo, llegó a los Estados Unidos en octubre del año pasado.

Mientras sus casos son analizados por las autoridades estadounidenses, estos reporteros viven en el limbo; no pueden trabajar para alimentar a sus familias, ya sea porque no pueden encontrar trabajo o porque no tienen autorización para hacerlo, y tampoco pueden regresar a México por miedo de sufrir represalias.

“Salimos de nuestros países sufriendo y sin nada”, dijo Chávez, quien continúa transmitiendo su irreverente programa de radio sobre los asesinatos en Ciudad Juárez, pero desde la relativa seguridad de El Paso, Texas.

Ha llegado el momento para los Estados Unidos de asumir la responsabilidad que le corresponde como el consumidor de las drogas que pasan por México y otorgar más asilos políticos a periodistas y a otras víctimas de esta guerra.

Finalmente, el periodismo es el guardián de la democracia y la libertad, valores que Estados Unidos propaga por el mundo.

México es uno de los países más peligrosos para ejercer el periodismo. Y no estamos hablando necesariamente de periodismo de investigación en donde se exponen a políticos de alto rango ligados al crimen organizado. Muchos medios de comunicación han dejado de hacer eso desde hace mucho tiempo, con claras excepciones como el semanario Zeta de Tijuana o la revistaProceso.

Hoy en día, sin embargo, la situación es tal que muchos periodistas son agredidos simplemente por reportar cuántas personas murieron en un tiroteo y cuáles eran sus nombres. Es decir, información que a veces va un poco más allá de un boletín de prensa.

“Lo que más les duele a los narcos es que reportes los nombres de los muertos o de los involucrados porque ellos viven en el anonimato”, dijo Chávez. “No hay algo que los haga enojar más”.

El primer paso para ganar esta guerra es una prensa libre que pueda ejercer su función como el guardián de la democracia en México que tenga la capacidad de exponer asesinatos, casos de corrupción y abusos a los derechos humanos por parte del gobierno.

No olvidemos que toda esta sangre se ha derramado porque los consumidores en los Estados Unidos esperan con ansiedad las drogas que pasan por México. Lo mínimo que puede hacer este país es abrir sus puertas y arropar a quienes huyen de un problema que los Estados Unidos ayudó a regenerar.

Why I’m leaving journalism (for now, anyway)


notebooks

It was only until I started to empty my drawers and began to throw away the piles of papers and dozens of notebooks with undecipherable, handwritten notes that I began to realize the magnitude of my decision to leave journalism.

It was a cop in Tijuana who predicted I was going to be a journalist. A friend of mine with an uncontrollable temper got into a scuffle with a couple of cops after they stopped our vehicle for supposedly driving suspiciously. We knew it was just an excuse to empty our pockets.

After the altercation in which the cops beat up my friend, we were all taken to the police station where I requested to speak with a judge.  My friend had bruises on his face and arms, and so did the cop for that matter.

I don’t recall what I said, but I actually convinced the judge that the cops had abused their authority and stopped us only because they wanted our money (we had none because ironically we had been mugged the night before).

Angry because the judge had sided with us, one of the cops turned and said: “This guy is going to be a lawyer.”

“No,” replied the other as we left  the police station. “He’s going to be a journalist.”

Thank you for the suggestion, cop.  I did become a journalist, and it has been the biggest honor of my life.

I have been privileged to chronicle stories about the everyday struggles of immigrants, from those who die trying to cross the border, to those who take on two or three jobs so they can give their children a better life.

Occasionally I got the chance to expose a crook or two, and I’m proud to have received letters threatening me with lawsuits.  It was unpleasant to get hate mail virtually every time I wrote a story about Latinos.  But I must’ve been doing something right.

Yes, overworked and underpaid. And proud of it. I don’t think you can say that about many professions.  Although that Tijuana cop would probably disagree.

Who else but journalists put their life on the line covering the drug wars, wildfires or prison riots for so little pay?  I take my sombrero off to those who decide to stay while our industry evolves into, well, something.

But for now I have to go.

I guess I haven’t really answered why I’m leaving a full-time job as a reporter at a major metropolitan newspaper, and doing it voluntarily. Yes my new job at a marketing company pays more, seems more stable, and offers me a chance to learn new and valuable skills.

Maybe I don’t want to hear any more about furloughs, layoffs, and shrinking pages.  Maybe it’s because I didn’t see any newspaper come out with a successful model to follow.  Or perhaps because something just doesn’t sound right what I hear newspapers are focusing their resources on  diminishing, rather than expanding markets.

Maybe it would have been different if newspapers didn’t have to shrink to the point where their sustainability depended on an online business model.  If that’s the case, there’s still a long way to go as far as shrinking.

Or maybe it’s me.  Perhaps I’m just ‘Pulling a Palin’ — or quitting in the face of adversity.

I don’t know.  I’m still trying to figure this out.

Maybe I’ll find the answers in one of the overstuffed drawers I need to clear.