Brasil: un verdadero gigante de Latinoamerica


SAO PAULO – BRASIL. La primera vez que vine a este país hace más de 10 años, todo parecía pequeño. Un auto tipo Toyota Camry era considerado un carro grande en las carreteras de Sao Paulo. Los electrodomésticos en el hogar, como microondas y refrigeradores, siempre eran más pequeños que en Estados Unidos. Incluso los carritos en el supermercado siempre fueron por mucho inferiores a los de Costco o incluso Northgate Gonzalez.
Hoy aquel Brasil de millones de cosas diminutas ha sido remplazado por uno que tiene un gusto por las cosas grandes; un gusto que va más a tono con una economía que es ahora la sexta más grande del mundo y que recientemente superó economicamente a Inglaterra.
Actualmente, los autos nuevos tipo SUV apenas caben en los estacionamientos pequeños de los centros comerciales abarrotados, a pesar que los carros cuestan casi el doble que en los Estados Unidos. Los gigantescos televisores importados se imponen ante las paredes modestas de los departamentos que fueron construidos para épocas, cuando la gente se conformaba con lo justo. Y en los supermercados, lo único más grande que los carritos es la cuenta que se paga en la caja registradora. Brasil, para sorpresa de muchos, es más caro que Estados Unidos.
Todo esto es el reflejo de una economía robusta que el año pasado creció a su ritmo más acelerado en más de 24 años, y que junto con países como China, Rusia e India, se ha convertido en uno de los motores económicos globales.
Cuando Estados Unidos cayó en la peor recesión en su historia reciente, mucha gente se preguntó: ¿A dónde se fue todo el dinero? La respuesta: a países como Brasil.
Acá la palabra recesión parece haber sido reemplazada por un optimismo inquebrable y un orgullo nacional que el primer mundo está a la vuelta de la esquina, sin importar si esto es cierto. Es una sensación extraña atestiguar esto, especialmente para estadounidenses que desde hace varios años estamos acostumbrados a las malas noticias económicas.
Los tiempos son tan buenos acá que a la clase media y a la clase media alta le cuesta trabajo contratar personal doméstico. Muchas casas y departamentos en Brasil suelen tener un cuarto pequeño en donde tradicionalmente duerme la empleada del hogar. Sin embargo, hoy en día muchas de esas habitaciones lucen vacías o son utilizadas como almacenes. Aquellas empleadas domésticas que siempre estaban en gran oferta se han ido a las fábricas a ganar más dinero o en busca de otras oportunidades.
Los brasileños están llevando su riqueza a otros países e incursionando en el extranjero con inversiones de todo tipo, e incluso son copropietarios de la cerveza Budweiser, un ícono estadounidense. Muchos consumidores han comprado departamentos y propiedades en Estados Unidos, particularmente en Miami, en donde representan hasta el 70 por ciento de los compradores recientes de los condominios de lujo de esa ciudad.
Y parece que mejores tiempos están aún por venir con la Copa del Mundo en 2014 y las Olimpiadas en 2016.
Sin embargo, no todo es color de rosa para el país donde todo es verde o amarelho.
Los productos no son las únicas cosas que han aumentado de tamaño. Las pancitas de los brasilenos han crecido a la par con el desarrollo económico. El 65 por ciento de la población está de sobrepeso o es obesa, de acuerdo a cifras gubernamentales. Engordar es una señal de países ricos, como podemos atestiguar los estadounidenses.
Además, muchos brasileños se quejan de pagar algunos de los impuestos más altos en el mundo debido en gran parte a que el país no ha tenido un partido de derecha fuerte desde la dictadura militar de los años 1970. Esto ha generado poca oposición al constante aumento de todo tipo de impuestos para financiar programas de gobierno que suelen usarse como armas políticas para ganar votos durante las temporadas de elecciones.
A pesar del crecimiento económico, en esencia y cultura sigue siendo Latinoamérica.
Hay que admitir: es admirable lo que Brasil ha logrado en las últimas décadas, además, con poca ayuda de los Estados Unidos (Estados Unidos es el cuarto socio comercial de Brasil. El primero es otros países de Latinoamérica, seguido por Europa y Asia).
Me pregunto: en donde estará Brasil en otros 10 años.
¿Será en verdad el primer país latinoamericano en dar el salto al primer mundo? Eso está por verse.
Mientras tanto, las expectativas son enormes.

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4 lecciones sobre el debate de la deuda nacional


Obama: ¿negociando con payasos o un negociador bien pirata?

Solamente Dios sabe qué hubiera sucedido si los políticos en Washington, DC hubieran fracasado en su intento por llegar a un acuerdo para elevar el techo de la deuda del país.

La economía del país está creciendo pero muy poco, igual que la economía mundial. Si Estados Unidos hubiera perdido su capacidad de pagar sus deudas, los efectos seguramente hubieran sido catastróficos. Y lo peor es que algunos políticos estaban dispuestos a recorrer ese camino. No es por nada que este debate será recordado como uno de los más tensos y dramáticos en los últimos tiempos.

Quizá muchas personas jamás se darán cuenta de que en verdad esquivamos una bala.

Pero dejemos las incógnitas a Dios y concentrémonos por un momento en lo que pasó y en algunas de las lecciones que nos ha dejado este enfrentamiento con tintes de suicidio político y económico.

Lección # 1: la extrema derecha controla el país.

Es impresionante que un grupo de congresistas republicanos novatos haya logrado imponer su ideología extremista al resto de nosotros. Al negarse a elevar el techo de la deuda del país, un proceso legislativo de rutina, los políticos del llamado Tea Party secuestraron al país hasta imponer recortes históricos al presupuesto federal. El vicepresidente Joe Biden llegó a decir justo después de haber llegado a un acuerdo que los republicanos “tenían pistolas sobre sus cabezas” durante las negociaciones. Al final, el acuerdo afectará a la gente más pobre y no incluye un incremento de impuestos o ni siquiera la clausura de las lagunas tributarias que utilizan los ricos y las corporaciones para evitar pagar los impuestos que les corresponde.

Lección #2: El presidente Barack Obama es un pésimo negociador.

Lástima que el presidente de los Estados Unidos no es un vendedor de carros usados. Si lo fuera, yo fuera su mejor cliente. Llegaría a su lote con mil dólares en la bolsa listo para comprar un carro de cinco mil. Él se pondría a negociar conmigo y finalmente me diría que lo suelta por cuatro mil. Yo insistiría en que solamente tengo mil. Al final sólo le pagaría 900 y además negociaría un tanque lleno de gasolina. Así fue como negoció una salida de la crisis. Los republicanos primero la inventaron y después se la vendieron a un presidente siempre dispuesto a ceder. Sus habilidades de negociar dejan mucho que desear y sientan un precedente que complicará toda negociación hasta el día en que deje la Casa Blanca. ¿Te puedes imaginar lo que el presidente negociaría si estuviera tratando de pasar una reforma migratoria? ¿En verdad crees que en este presidente negocie el mejor acuerdo para ti?

Lección #3: la economía está otra vez en problemas.

El mismo día que se llegó a un acuerdo para elevar el techo de la deuda se dio a conocer un indicador que mostraba una alarmante desaceleración del sector manufacturero de los Estados Unidos, el más reciente signo de interrogación en cuanto a crecimiento económico del país. De hecho, unos días antes se dio a conocer que la economía apenas creció durante la primera mitad del año, y que se están produciendo muy pocos trabajos a lo largo del país. El debate sobre el techo de la deuda elevó aún más la incertidumbre que se vive y sus efectos podrían durar mucho más. Algunos economistas pronostican que los Estados Unidos verá una reducción en su puntaje de crédito, lo que podría afectar los intereses que pagamos todos por productos como casas y carros.

Lección #4: el debate sobre la deuda invita a la revaluación de nuestras prioridades.

A pesar de la manera bruta en la que los republicanos casi nos llevan al abismo económico, muchos de sus argumentos tienen mérito. La deuda del país tiene que domarse y tenemos que convertirnos en una nación que sabe manejar bien su presupuesto y su crédito. Pero debe hacerse de una manera responsable. El déficit no debe resolverse solamente con recortes, sino también con otras fuentes de ingresos como impuestos. El sistema tributario del país es demasiado complejo y arcaico para nuestros tiempos, y debe reformarse. La población está cambiando, está viviendo más tiempo, y por lo tanto, necesitamos analizar de nuevo los costosos beneficios que se basan en la edad, como Medicare y Social Security.

Son debates que vienen en camino. Ojalá el presidente Obama pueda negociar algo que no esté tan cargado hacia la extrema derecha.

Nadie quiere bailar con Obama


Dancing with himself.

El presidente Barack Obama reveló hace unos días la razón principal por la que no ha cumplido su promesa de reformar las leyes de migración: “necesito una pareja de baile y la pista está vacía”, dijo el mandatario durante el congreso anual del Concilio Nacional de la Raza en Washington, D.C.

Era la segunda vez que se presentaba ante esta audiencia. La primera vez que lo hizo fue en el 2008 cuando aún era candidato y cuando dijo que reformar las leyes migratorias sería “una prioridad” y un tema que abordaría durante su primer año como presidente.

Tres años después regresa al mismo podio con las manos vacías, pero apuntando el dedo a los republicanos, a quienes acusó de retirar el apoyo e interés que alguna vez mostraron por reformar las disfuncionales leyes migratorias del país.

Es verdad que el mandatario necesita el apoyo de ambos partidos para convertir una propuesta en ley y que la oposición no tiene interés en cooperar con su administración, ni siquiera cuando el futuro financiero del país está en juego, como hemos visto durante el debate por elevar el techo del déficit.

¿Qué nos hace pensar que los republicanos cooperarán para legalizar a millones de personas?

Hoy en día, sin embargo, la preocupación más grande del presidente no deben ser sus enemigos, sino sus amigos. Su promesa incumplida en el tema de migración amenaza seriamente con hacerle perder el apoyo de los hispanos, un bloque electoral que fue clave en su triunfo del 2008.

De acuerdo con una encuesta Gallup, el 52 por ciento de los hispanos apoyan a Obama, mientras que dos tercios de los latinos que votaron por él no piensan repetir su voto en el 2012. Lo más preocupante para el mandatario probablemente es la pérdida de apoyo entre la gente joven.

Durante su discurso en Washington, un grupo de estudiantes “soñadores” (jóvenes que buscan la legalización) no dejó de protestar.

“Protestamos mientras el presidente Obama daba otro de sus predecibles discursos en el tema de migración porque estamos escandalizados por el hecho de que continúa promoviendo su reelección entre los hispanos en un momento en que no existe una solución legislativa a la crisis migratoria”, dijo a Político.com, Felipe Matos, un estudiante indocumentado.

Hace tres años hubiera sido impensable que los jóvenes latinos que tanto apoyaron al candidato Obama ahora se tornaran en su contra. Pero no solamente son los jóvenes. Son también profesionistas, amas de casa, obreros, y otras personas quienes han quedado profundamente decepcionadas ante el incumplimiento de las promesas que hizo hace tres años en la misma conferencia:

“Bueno, pues no sé ustedes, pero creo que ha llegado el momento en que un presidente no se eche para atrás con algo tan importante como la reforma migratoria sólo porque el tema se convierte en algo que no es popular políticamente. Necesitamos finalmente sacar de las sombras de la sociedad a esos 12 millones de personas”, dijo en el 2008.

A casi tres años de su presidencia, su gobierno tiene poco que mostrar:

Un número récord de personas han sido deportadas desde que Obama llegó a la Casa Blanca.

La Dream Act, que legalizaría en el ámbito federal a los jóvenes que fueron traídos a los Estados Unidos de chicos, ha fracasado en el Congreso.

Su administración ha ampliado programas controversiales como Comunidades Seguras, que ha resultado en la deportación de personas sin antecedentes penales.

Las pocas reuniones o pláticas de alto nivel sobre la inmigración ilegal parecen ser sólo teatro para que los hispanos tengan la ilusión de que su administración está haciendo algo.

Y si la inmigración no fuera suficiente, el desempleo entre los latinos continúa más elevado que en el resto de la población. Pero aunque la economía sea mala, la inmigración sigue siendo un tema sumamente personal para los hispanos.

Sería interesante ver con qué cara se presenta Obama en campaña ante los hispanos el próximo año y promete nuevamente una reforma migratoria. ¿O quizás hemos sido ya testigos de su estrategia de campaña, que consistirá en echarle toda la culpa a los republicanos?

Es cierto que los republicanos no quieren bailar con el presidente. Pero eso es esperarse; ellos nunca han sido amigos de Obama. Es más preocupante cuando tus propios amigos te dejan parado en la pista de baile.

Portero Tim Howard jugó sucio al criticar el uso del español


De todas las jugadas sucias que se dieron en la Copa Oro, hubo una que destacó por su mal gusto.

Sucedió al finalizar el último partido del torneo, el sábado 25, cuando la selección de México se coronó campeón al vencer a los Estados Unidos ante más de 90 mil aficionados en el histórico Rose Bowl de Pasadena.

El portero estadounidense Tim Howard, que recibió cuatro goles durante el partido, explotó contra los organizadores luego de que la ceremonia de entrega de medallas fuera conducida en ambos idiomas, aunque principalmente en español.

“Deberían sentirse avergonzados de sí mismos”, dijo a Sporting News, un portal de noticias deportivas. “Yo creo que fue una #$@!^ desgracia que toda la ceremonia después del partido fue en español. Te apuesto que si estuviéramos en la Ciudad de México no sería todo en inglés”.

Yo puedo entender que después de una derrota dolorosa uno ande un poco calientito, especialmente si el delantero del equipo contrario hizo que te arrastraras unos metros frente a tu portería antes de meterte el gol del torneo, como lo hizo Giovanni dos Santos para así dejar un marcador de 4-2.

Lo que no puedo entender es por qué evocó el asunto del idioma, sabiendo que es un tema que despierta más pasión que el futbol, especialmente entre la gente que le gusta atacar a los latinos y acusarlos de que no se asimilan a su nuevo país.

Como era de esperarse, inmediatamente después de su declaración, los comentarios racistas y antiinmigrantes comenzaron a aparecer en la sección de comentarios de cualquier nota sobre el partido que apareciera en internet. De un momento a otro, el tema pasó de ser sobre un evento deportivo a una cacería virtual de latinos.

Quizá tenga razón Howard de que el maestro de ceremonias y conductor del programa República Deportiva, Fernando Fiore, debió haber mezclado más los dos idiomas. Quizá no lo hizo por sus limitaciones del inglés. Pero aquí el idioma era lo de menos. La mayoría del público en el estadio era hispano, y alrededor de 8 millones de personas siguieron el partido a través de Univisión, un canal que transmite su programación en español.

En cuanto al inglés, el partido aparentemente no fue lo suficientemente importante para las cadenas de mayor audiencia nacional como ESPN, NBC, ABC o CBS. Los únicos que se interesaron en transmitirlo fueron la gente de Fox Sports Channel, un canal de paga que se especializa en deportes.

Pero los comentarios de Howard invitan a reflexionar un poco más sobre el tema.

No faltó quien repitiera la gastada frase: “estás en los Estados Unidos, y aquí se habla inglés”, para argumentar que la ceremonia debió haber sido presentada en el idioma de Shakespeare. Yo actualizaría esta frase añadiendo lo siguiente: “Estás en los Estados Unidos, y aquí se habla inglés y español.”

Hoy en día hay 45 millones de hispanos cuya lengua principal o secundaria es el español, lo que representa el grupo hispanohablante más grande después de México. Y sobre las personas que dicen que los hispanos hablan el español a costa del inglés, alrededor de la mitad de los hispanohablantes en Estados Unidos hablan inglés “muy bien” de acuerdo con el Censo.

El español se ha convertido en el otro idioma oficial de este país. Sólo tienes que encender la televisión para darte cuenta de que cada vez es más común ver anuncios en español durante la programación en inglés.

Algunos partidos de futbol americano tienen anuncios en español en el campo; la liga de basquetbol estadounidense tiene un portal que mezcla el inglés y el español que se llama Ene Be A (NBA); y el beisbol, el supuesto deporte nacional estadounidense, está repleto de jugadores de Latinoamérica. Además, en mi cafetería favorita hay un letrero que se enorgullece en decirme cada vez que voy que “se habla español”.

No es una desgracia que la ceremonia haya sido celebrada en ambos idiomas, señor Howard. De hecho, es lo normal hoy en día. Además, los organizadores se aseguraron de hablar inglés durante la parte cuando se entregaron las medallas de plata, para aquellos que obtuvieron el segundo lugar, como tú.

México tuvo un triunfo merecido, y no solamente se llevó el trofeo y el pase a la Copa Confederaciones Brasil 2013, sino que también ganó el premio fair play del torneo por haber sido el equipo que jugó más limpio.

EU debe recibir a más periodistas exiliados


En México, los periodistas deberían escribir en tinta roja color sangre.

Sería una protesta apropiada en honor a las docenas de reporteros que han sido asesinados a sangre fría en los últimos años como resultado de la guerra contra los carteles de las drogas.

Por si fuera poca la impunidad con la que operan los agresores, que podrían ser tanto narcotraficantes como las mismas autoridades, los periodistas que buscan refugio al norte tienen que enfrentarse con un gran obstáculo: las pocas oportunidades de asilo político que hay en los Estados Unidos.

Desde que el gobierno de Felipe Calderón lanzó su guerra impulsiva y no planeada contra los carteles de las drogas, unos 50 periodistas han sido asesinados en México. Otros tantos fueron secuestrados, torturados e intimidados simplemente por ser los mensajeros de las malas noticias. Esta misma semana un columnista en Veracruz fue asesinado junto con su esposa e hijo cuando dormían en su casa, mientras que en ese mismo estado las autoridades encontraron el cuerpo de otro periodista que había desaparecido. A principios del mes un editor de noticias fue secuestrado en Acapulco.

A pesar de esto, solamente a un periodista, Jorge Luis Aguirre, del portal de noticias LaPolaka.com de Ciudad Juárez, le ha sido otorgado el asilo político en los Estados Unidos.

El tema del asilo político tomó fuerza hace unos días durante el congreso anual de la Asociación Nacional de Periodistas Hispanos que se celebró en la ciudad de Orlando, Florida. Fue ahí donde tres periodistas que buscan asilo político en este país recibieron un reconocimiento por su trabajo.

Ellos son Emilio Gutiérrez Soto, un reportero de Ciudad Juárez que recibió incontables amenazas después de investigar abusos por parte del ejército; Ricardo Chávez, conductor de un programa de radio que huyó de Ciudad Juárez luego del asesinato de dos de sus sobrinos; y Alejandro Hernández, un camarógrafo de televisión que fue secuestrado en Durango.

Para Gutiérrez ya han pasado alrededor de tres años desde que solicitó asilo político, mientras que Chávez tiene desde el 2009 que cruzó la frontera. Hernández, el camarógrafo, llegó a los Estados Unidos en octubre del año pasado.

Mientras sus casos son analizados por las autoridades estadounidenses, estos reporteros viven en el limbo; no pueden trabajar para alimentar a sus familias, ya sea porque no pueden encontrar trabajo o porque no tienen autorización para hacerlo, y tampoco pueden regresar a México por miedo de sufrir represalias.

“Salimos de nuestros países sufriendo y sin nada”, dijo Chávez, quien continúa transmitiendo su irreverente programa de radio sobre los asesinatos en Ciudad Juárez, pero desde la relativa seguridad de El Paso, Texas.

Ha llegado el momento para los Estados Unidos de asumir la responsabilidad que le corresponde como el consumidor de las drogas que pasan por México y otorgar más asilos políticos a periodistas y a otras víctimas de esta guerra.

Finalmente, el periodismo es el guardián de la democracia y la libertad, valores que Estados Unidos propaga por el mundo.

México es uno de los países más peligrosos para ejercer el periodismo. Y no estamos hablando necesariamente de periodismo de investigación en donde se exponen a políticos de alto rango ligados al crimen organizado. Muchos medios de comunicación han dejado de hacer eso desde hace mucho tiempo, con claras excepciones como el semanario Zeta de Tijuana o la revistaProceso.

Hoy en día, sin embargo, la situación es tal que muchos periodistas son agredidos simplemente por reportar cuántas personas murieron en un tiroteo y cuáles eran sus nombres. Es decir, información que a veces va un poco más allá de un boletín de prensa.

“Lo que más les duele a los narcos es que reportes los nombres de los muertos o de los involucrados porque ellos viven en el anonimato”, dijo Chávez. “No hay algo que los haga enojar más”.

El primer paso para ganar esta guerra es una prensa libre que pueda ejercer su función como el guardián de la democracia en México que tenga la capacidad de exponer asesinatos, casos de corrupción y abusos a los derechos humanos por parte del gobierno.

No olvidemos que toda esta sangre se ha derramado porque los consumidores en los Estados Unidos esperan con ansiedad las drogas que pasan por México. Lo mínimo que puede hacer este país es abrir sus puertas y arropar a quienes huyen de un problema que los Estados Unidos ayudó a regenerar.

Republicanos comienzan a pagar por su extremismo


Cuidado que anda de malas. El legislador republicano de Arizona Russell Pierce podría ser destituido de su cargo por el electorado.

En ocasiones, pudiera parecer que el extremismo es la nueva norma política.

Por lo menos así debe sentirse si eres un indocumentado que ha visto cómo en los últimos años se han aprobado algunas de las medidas antiinmigrantes más severas y hasta discriminatorias. O si has visto cómo los políticos llegan o se mantienen en el poder gracias a sus posturas extremas.

Pero recientemente hemos visto cómo incluso el extremismo tiene sus límites.

Quizá el ejemplo más claro es una campaña orgánica que busca destituir al presidente del Senado de Arizona, Russell Pearce, el hombre detrás de gran parte de las políticas antiinmigrantes de ese estado. Resulta que los residentes de su distrito, una de las áreas más republicanas y conservadoras del estado, han reunido unas 18 mil firmas, más del doble de lo que necesitaban, para llevar a cabo una elección para destituirlo. Las 18 mil firmas representan más votos de los que Pearce obtuvo en su más reciente reelección.

Su destitución sería histórica ya que sería la primera vez en la historia del país que el presidente de un senado estatal sea quitado de su puesto. La campaña ha sido una sorpresa y una amenaza tan grande para la gente de extrema derecha que incluso sus partidistas, incluyendo el congresista Tom Tancredo, un emblema del movimiento antiinmigrante nacional, están prácticamente rogando por fondos para mantener a Pearce en el poder.

Este individuo personaliza el extremismo político.

Pearce es la persona detrás de la ley SB1070, que busca otorgar poderes especiales a la policía para detener a las personas que se sospecha que están en el país ilegalmente. Se espera que la Suprema Corte de los Estados Unidos emita próximamente un fallo sobre la constitucionalidad de esta ley.

Su ley más exitosa contra indocumentados fue una ley que aprobó el estado en 2007, y que fue ratificada recientemente por la Suprema Corte, que revoca las licencias de los negocios que contratan a personas sin documentos y que además obliga al sector privado a utilizar un programa federal que verifica el estatus legal de sus empleados nuevos.

Pero además ha intentado todo lo que ha podido contra la comunidad inmigrante, incluyendo la prohibición de clases de estudios chicanos en las escuelas así como la eliminación de servicios de emergencia médica para los indocumentados, entre otros.

Su derrota sin duda sería un golpe duro no sólo para el movimiento antiinmigrante, sino para el extremismo en general. Pero incluso antes de esta campaña contra Pearce, han empezado a aparecer señales de que el electorado está cansado de tanta postura extrema.

El mes pasado, en un rincón conservador del norte del estado de Nueva York, el electorado eligió sorprendentemente a una demócrata a la Cámara de Representantes en respuesta en gran parte a la propuesta de los republicanos de transformar Medicare, el programa público de salud médica para mayores de edad y personas de bajos recursos.

Es una propuesta que parece haber cambiado el ámbito político debido a su extremismo y el hecho de que poco tiene que ver con los problemas inmediatos que enfrentan millones de estadounidenses, como la falta de empleo.

La propuesta republicana de aumentar los costos para los beneficiarios y al mismo tiempo reducir los beneficios para pagar la deuda federal obedece a su recalcitrante ideología extrema de individualismo absoluto y no intervención gubernamental.

Poco parece importarles a los republicanos que millones de personas siguen sin trabajo (incluso han intentado, con resultados mixtos, eliminar los beneficios de desempleo que ofrece el gobierno). Los republicanos de extrema derecha han decidido aprovechar el descontento social para enfocarse en temas abstractos e ideológicos como la deuda federal, un problema grave, sin duda, pero que en el mejor de los casos tardaría décadas en resolverse.

El extremismo político tendrá su día de juicio en las elecciones de 2012, cuando el electorado decida cuáles son las prioridades del país.

Por el momento Pearce no estará creando nuevas leyes antiinmigrantes, una táctica que le funcionó de maravilla durante su ascenso a la presidencia del Senado de Arizona. Él estará demasiado ocupado luchando por su vida política.

E-Verify podría ser obligatorio en muchos más estados


En los últimos años se han propuesto o implementado cientos de leyes y ordenanzas a lo largo del país que buscan combatir la inmigración ilegal, algunas en el ámbito local como en el caso de Escondido y otras en el ámbito estatal como en el caso Utah, Pennsylvania o Arizona.

Pero ninguna de ellas promete ser tan trascendental como la ley que promulgó el estado de Arizona en el 2007, y que ratificó la Suprema Corte de Justicia la semana pasada, que revoca la licencia de negocios que conscientemente contraten a indocumentados. Esta ley también contiene el requisito de que todos los negocios en Arizona verifiquen el estatus migratorio de sus empleados nuevos a través del controversial sistema federal E-Verify.

Aunque no es tan escandalosa como la ley SB1070 que aprobó Arizona en el 2010, la ley que ratificó la Suprema Corte de Justicia promete tener un impacto significativo en la comunidad indocumentada a lo largo del país por dos razones importantes: 1) porque otros estados seguramente promulgarán leyes similares (algunos ya lo han hecho), y 2) porque una vez que pasen serán prácticamente inmunes a las demandas de grupos pro inmigrantes.

Este último punto es especialmente significativo porque en otras ocasiones leyes antiinmigrantes se habían topado con una muralla legal fundamentada en los derechos civiles protegidos por la constitución o en los límites de los estados de hacer cumplir leyes federales como la inmigración, o en ambas cosas.

E-Verify tiene la fama de que su base de datos tiene errores y discrepancias que compromete las determinaciones que hace en cuanto a la legalidad de una persona. Pero también ha demostrado que puede ser una herramienta efectiva para reducir el número de indocumentados.

Un estudio reciente del Instituto de Política Pública de California, una institución sin fines de lucro y de postura política neutral, determinó que el número de indocumentados en edad laboral en Arizona se redujo en un 17 por ciento, por unos 92 mil individuos, desde que la ley entró en vigor en 2008. Muchos de los indocumentados se fueron del estado mientras que un gran número de individuos, para sacarle la vuelta a E-Verify, abrieron sus propios negocios.

La Suprema Corte de Justicia, la máxima autoridad legal del país, finalmente ratificó la controversial ley casi tres años después de que fue promulgada. El voto fue de 5 a favor y 3 en contra, con los jueces conservadores seleccionados por presidentes republicanos en la mayoría.

La Suprema Corte de Justicia aún no termina su trabajo en cuanto a la inmigración ilegal.

Se espera que pronto decida también la legalidad de algunos de los elementos más extremos de la ley de Arizona SB1070, incluyendo los poderes nuevos que tendrían los oficiales del orden público para detener a las personas que sospechan que son inmigrantes indocumentados.

Es difícil decir qué es peor: que los policías te detengan por ser latino, o que tu empleador de hace 10 años de repente se ponga quisquilloso con esos documentos falsos que presentaste cuando te contrató.

La ironía es que la ley que obliga a los empleadores a usar E-Verify fue firmada por Janet Napolitano, la entonces gobernadora demócrata de Arizona y la actual directora del Departamento de Seguridad Nacional, la dependencia a cargo de hacer cumplir las leyes de inmigración.

La Administración de Barack Obama, muy calladamente, ha incrementado los castigos a compañías que violan las leyes de migración. Un ejemplo reciente fue la redadas a los restaurantes de la cadena Chuy’s en Arizona y California, donde los dueños fueron acusados formalmente de violar las leyes de inmigración e impuestos y podrían recibir condenas de hasta 80 años en prisión.

La Administración de Obama dice que éstos son los pasos necesarios en camino a una reforma migratoria integral ya que podrá argumentar ante un público escéptico que ha hecho lo posible por impedir que los empleadores contraten a indocumentados.

¿Pero qué pasa si la legalización nunca llega? ¿Nos quedaremos con un conjunto de leyes punitivas y además, sin una reforma migratoria integral? Hasta ahora todo pinta que así será. El gobierno de Obama parece carecer de voluntad para verdaderamente reformar las leyes de inmigración.

Si yo fuera indocumentado, empezaría a explorar la idea de abrir un negocio.

La guerra contra el narco se perdió antes de que empezara


Como en una película de horror, los muertos están saliendo de la tierra en México.

Cada cuerpo que extraen las autoridades de fosas clandestinas en Tamaulipas, hasta ahora unos 217 posibles inmigrantes que iban rumbo a los Estados Unidos, son un recordatorio de que la guerra contra el narcotráfico en México ha sido nada menos que un desastre de monumentales proporciones.

Poco importa que las autoridades hayan arrestado a unas 45 personas supuestamente vinculadas a estos asesinatos a sangre fría, incluyendo al posible autor intelectual, Martín Omar Estrada El Kilo, un cabecilla del grupo de los Zetas. La historia nos dice que el impacto de este tipo de arrestos en la guerra contra el narcotráfico es efímero y superficial; justito detrás de los detenidos siempre hay otro grupo de personas listo para ocupar su lugar y repetir, y hasta abatir, cualquier récord de brutalidad.

Los inmigrantes mexicanos y extranjeros que pasan por México rumbo a los Estados Unidos son sólo las últimas víctimas de esta guerra mal pensada que desde el principio estaba destinada al fracaso. Esto está claro hoy más que nunca desde que el presidente mexicano Felipe Calderón inició hace cinco años una ofensiva militar que ha costado la vida a más de 34 mil personas y ha aterrorizado a todo un país.

Hay quienes acusan a Calderón y a su gobierno de usar la guerra contra el narcotráfico para fortalecer su debilitado estatus político, o para distraer a las masas mexicanas de problemas crónicos como la pobreza, la falta de oportunidades, la crisis económica y la inseguridad.

Si su intención era verdaderamente acabar con el narcotráfico en México, entonces su guerra la perdió desde un principio al carecer de los recursos, la planeación y la estrategia necesaria.

Está claro que los políticos que lanzaron esta ofensiva no tenían idea de en qué se estaban metiendo, nunca imaginaron los efectos de sus decisiones, las muertes colaterales, los asesinatos de periodistas, políticos y oficiales.

Todo lo que ha pasado hasta ahora muestra un gran distanciamiento entre sus objetivos y lo que está pasando en todos los frentes:

El tráfico de drogas ha aumentado.

El dominio y poder de los narcotraficantes se ha extendido a las zonas rurales.

Las extorsiones y los asesinatos siguen en aumento.

El consumo de drogas en México ha subido.

En los Estados Unidos se siguen consumiendo drogas mexicanas manchadas de sangre.

Y cada vez surgen nuevos efectos colaterales, como los ataques contra inmigrantes y también en este caso la incapacidad del gobierno de hacer algo al respecto.

La Comisión de Derechos Humanos de México declaró hace unos días que más de la mitad de los estados de México, 16, representan un peligro para los inmigrantes. Los secuestros, extorsiones y violaciones siempre han sido obstáculos para llegar a los Estados Unidos. Ahora los narcotraficantes se suman a la lista de peligros.

Todo esto representa los efectos de hacer las cosas sin pensar.

Me hubiera gustado escuchar la conversación cuando se decidió empezar esta guerra absurda: ¿Acaso no consideraron que las fuerzas policiacas no estaban preparadas para enfrentar este reto, y que es difícil o imposible ganar una guerra así cuando oficiales del orden público y hasta políticos están incluso del lado del crimen organizado? ¿A nadie en el gobierno se le ocurrió que una guerra contra el narcotráfico es una guerra perdida siempre y cuando continúe el consumo de drogas en los Estados Unidos?

Los narcotraficantes no se ven debilitados.

Al contrario, se ven fortalecidos. Su negocio es más lucrativo que nunca, y gracias a la cercanía con los Estados Unidos, siempre habrá armas disponibles capaces de repelar una ofensiva como la que lidera Calderón.

Ahora el gobierno tendrá que pensar en una manera de salir de esta situación, y hacerlo desde una posición más debilitada que antes de que empezara.

Ganar no parece ser algo factible. Salir de esta guerra debería ser el nuevo objetivo, y reconocer que siempre habrá narcotraficantes mientras que en los Estados Unidos haya consumidores.

Mientras tanto seguiremos atrapados en un ciclo vicioso de drogas, sangre y traición, atrapados en una película de terror, donde los muertos se resisten a ser olvidados en un hoyo en la tierra.

Hay un respiro en el ambiente antiinmigrante


Es fácil perder la esperanza de que algún día se apruebe una reforma migratoria cuando por tanto tiempo las noticias han sido en su mayoría malas: que los demócratas no hicieron esto, que los republicanos bloquearon aquello, que Arizona perdió la cabeza y que quieren deportar a los indocumentados.

El 2011 comenzó con la amenaza de que docenas de estados a lo largo del país planeaban emular el tipo de leyes que aprobó Arizona y además presentar otras propuestas de ley para hacer la vida difícil a las personas sin documentos.

Pero algo extraño está sucediendo en este 2011.

En Arizona, la moderna cuna del repudio hacia los inmigrantes indocumentados, cinco propuestas de ley antiinmigrantes fueron derrotadas fácilmente en el Senado. Una de ellas hubiera obligado a la Corte Suprema a emitir un fallo sobre la ciudadanía automática para hijos de indocumentados, un tema que tiene con pendiente a muchos padres de familia. El resto lidiaba con temas como la inmigración ilegal y los servicios públicos.

“Es hora de tomarnos un descanso”, dijo el senador republicano de Arizona John McComish.

La ley SB1070, con sus manifestaciones, boicots y reveses legales, sin duda ha dejado un mal sabor de boca a todos, incluyendo a políticos como McComish. ¿O quizás esto tiene que ver con los datos que ha estado dando conocer recientemente la Oficina del Censo, que indican que la población latina está creciendo cuatro veces más rápido que el resto de la población?

Una cosa es dejar de atacar a los indocumentados, que dado el contexto en el que nos encontramos, ya es un éxito para partidarios de los derechos de los inmigrantes. Pero los acontecimientos han estado yendo más allá.

Hace unos días Utah, uno de los estados más conservadores de la nación, sorprendió a medio mundo al aprobar una ley que prácticamente legalizaba a los indocumentados de buen carácter que no tuvieran antecedentes penales.

Sólo había un pequeño obstáculo para que la ley entrara en vigor: el gobierno de Obama tendría que permitir que en Utah se pueda contratar a personas indocumentadas, algo que es poco probable ya que cruzar la frontera ilegalmente es un delito federal. Sin embargo, la aprobación de la ley señala que a pesar del tono negativo contra los inmigrantes, existe una diversidad de opiniones incluso entre los conservadores.

“Utah es prueba de que en realidad existe una mayoría silenciosa de estadounidenses decentes que no han perdido la cabeza”, dijo Paul Mero, líder conservador de Utah, al periódico Los Angeles Times.

En Maryland, al otro lado del país, legisladores aprobaron una ley que permitiría que los indocumentados paguen colegiaturas como si fueran residentes de ese estado. Para los estudiantes de educación superior, esta ley significaría un ahorro de decenas de miles de dólares.

En Connecticut dos legisladores demócratas presentaron una propuesta de ley similar para permitir que los estudiantes indocumentados que terminaron la preparatoria en ese estado puedan también pagar una colegiatura baja si son aceptados en una universidad.

En California, los republicanos han empezado una discusión interna sobre cómo atraer a más latinos y evitar que su partido pierda su relevancia en un estado donde más de 30 por ciento del electorado es hispano. El primer paso es dejar de hablar mal de los latinos, algo que hicieron durante la conferencia anual del partido hace unos días al omitir temas de discusión como la inmigración ilegal. Quién quite y próximamente algún republicano de California proponga alguna ley favorable a la comunidad inmigrante.

Todo esto no quiere decir que la mala leche contra los inmigrantes ha desaparecido. Muchos estados todavía planean avanzar con sus propuestas antiinmigrantes. Montana es uno de ellos. Y los legisladores republicanos de ese estado tienen que tener cuidado si no quieren en algún futuro perder relevancia como los republicanos de California.

Según los últimos datos del censo, la población latina de Montana está creciendo siete veces más rápido que el resto de la población. En los últimos 10 años, la población hispana creció 58 por ciento.

Puede que sea coincidencia que esta racha de buenas noticias tenga algo que ver con los datos del censo. O quizá como dijo el líder conservador en Utah, hay una mayoría silenciosa de estadounidenses que no han perdido la razón.

De ser verdad, eso sería suficiente para no perder la esperanza.

La reforma migratoria está más lejos que nunca


Si es cierto que las batallas se ganan antes de que empiecen, como alguna vez dijo el filósofo bélico chino Sun Tzu, se podría decir que los republicanos van ganando en cuanto a la reforma migratoria.

Hasta ahora la extrema derecha del partido ha impedido la legalización de millones de indocumentados a pesar de las maniobras políticas de presidentes de ambos partidos, y sin importar qué partido domine el Capitolio.

Pero su más reciente victoria en esta larga y truculenta lucha legislativa se dio de manera sutil hace unas semanas cuando el presidente Barack Obama hizo una alusión al tema durante su informe de gobierno. La mención fue breve pero significativa.

Luego de exhortar a legisladores de ambos partidos a trabajar juntos y resolver de una vez por todas el asunto de la inmigración ilegal, el presidente Obama dijo lo siguiente: “dejemos de expulsar a gente joven talentosa y responsable que podría estar trabajando en nuestros laboratorios de investigación o emprendiendo un nuevo negocio, y que podría estar enriqueciendo aun más a esta nación”.

Sin duda el presidente hacía referencia a los hijos de los indocumentados, quienes sufrieron una gran desilusión en diciembre cuando los republicanos sabotearon nuevamente la propuesta de ley Dream Act.

Lo preocupante es que el presidente, con sus comentarios, pareció haber recorrido las trincheras hacia atrás al abogar solamente por la legalización de los jóvenes y no de todos los adultos indocumentados trabajadores, de buen carácter moral y que pagan impuestos.

¿Será ésta la nueva base de donde partirán las discusiones cuando el tema vuelva a abordarse la próxima vez, quizás antes de las elecciones de 2012 cuando el presidente busque la reelección?

Para entender bien cómo las palabras pueden afectar las negociaciones tomemos el ejemplo del concepto de que el país tiene que “asegurar la frontera” primero antes de pensar en la legalización de los indocumentados.

Hace unos años los republicanos introdujeron este argumento abstracto cada vez que se mencionaba la reforma migratoria y la legalización de los indocumentados. La legalización es imposible hasta que aseguremos las fronteras, decían, conscientes de que el término “asegurar” es muy amplio.

Un día, un demócrata de alguna región conservadora comenzó a utilizar el término, y de repente el concepto se propagó como una gripa en un jardín de niños.

Hoy en día es imposible imaginarse una reforma migratoria sin que primero sea “sellada” la frontera. El presidente lo reconoció en su informe de gobierno cuando dijo: “Estoy preparado para trabajar con republicanos y demócratas para proteger nuestras fronteras, hacer cumplir las leyes y buscar una solución a los millones de indocumentados que ahora viven en las sombras”.

El gobierno de Obama ha puesto de su parte para fortalecer la seguridad en la frontera con la contratación de más agentes de la Patrulla Fronteriza y el despliegue de la Guardia Nacional, entre otras cosas. Pero nótese que el presidente busca una “una solución” al resto de los indocumentados mientras que al referirse a los jóvenes habla sobre cómo hay que dejar de expulsarlos.

Si la historia es un indicador, entonces es fácil concluir que cuando vuelva retomarse el tema de la legalización, la prioridad serán los jóvenes. El resto estarán en veremos.

Mientras tanto, los republicanos están moviendo sus piezas también en otros frentes.

Legisladores estatales han presentado más de 600 propuestas de ley y resoluciones relacionadas con la inmigración ilegal. Eso equivale a 50 por ciento de todas las resoluciones que se presentaron durante 2010. Y eso que apenas estamos entrando en febrero.

En la Cámara de Representantes, donde los republicanos se vieron fortalecidos en las últimas elecciones, los legisladores buscan un retorno a las redadas en los lugares de trabajo.

De parte de los demócratas se escucha poco sobre el tema.

No parece haber mucho interés. En su informe de gobierno, el presidente dedicó sólo 100 palabras de más de siete mil a la inmigración ilegal.

Los demócratas parecen estar perdiendo la batalla mucho antes de que ésta empiece.