Los Xoloitzcuintles cuentan con un aficionado más


La primera vez que escuché el nombre de este equipo de futbol de Tijuana, tuve que pedir que repitieran el nombre por lo menos dos veces, la segunda vez más lenta que la primera.

Xoloitzcuintles.

¿Cholos qué?

Xo-loitz-cuint-les.

Ah qué bueno, dije sin poder evitar el impulso de rascarme la cabeza.

¿Y qué significa eso?

Además de ser un equipo recién ascendido a la primera división del futbol mexicano, resulta que los xoloitzcuintles son unos perros generalmente lampiños que, para no decir que son feos, digamos que no son muy agradables a la vista.

Así ocurrió mi primer acercamiento con este club que unas temporadas después sudebiría al máximo circuito del futbol de México y que le daría tanto orgullo a mi ciudad natal de Tijuana, que por tantos años ha visto su reputación caer tan rápido como los castillos de bala de un cuerno de chivo endiablado.

Incluso para un aficionado del futbol tan apasionado como yo, cuyos puntos de referencia en la vida son los mundiales de futbol, su ascenso fue una sorpresa total.

Admito que desde hacía muchos años me había hecho a la idea de que Tijuana jamás tendría un equipo de futbol de primera división. Sólo así podía justificar mi deambulación por los equipos de la primera división: unas veces apoyaba a los Pumas de la UNAM, otras a las Chivas de Guadalajara, y en ocasiones a Santos de Torreón o incluso al Cruz Azul; una temporada le iba al Monterrey, y en la siguiente podría apoyar a sus acérrimos rivales, los Tigres. Lo único coherente de mis preferencias ha sido un profundo desdén por el América, una institución que aún hoy en día piensa que puede comprar el amor.

Mis amigos aficionados que habían nacido o vivido en ciudades futboleras con equipos de primera división, y que tuvieron la fortuna de crecer asistiendo a partidos en los estadios, no podían entender cómo era que podía irle a más de un equipo.

Soy de Tijuana, les explicaba. Nosotros no tenemos equipo de primera división. Por lo tanto tenemos el derecho de irle a quien queramos y por el tiempo que se nos antoje. Y para probarlo les contaba de la extensa variedad de camisetas de diferentes equipos que tenía en mi clóset, y que usaba dependiendo de cómo me sentía el día que quisiera ponerme una.

A lo largo de los años vi cómo muchos equipos de Tijuana intentaron sin éxito subir al máximo circuito: Dorados de Tijuana, Chivas de Tijuana, Nacional de Tijuana y Trotamundos de Tijuana. Recuerdo con cariño especial al Inter de Tijuana, un equipo de segunda división de finales de los 1980 y considerado el primer proyecto serio de la ciudad.

Muchos de los jugadores vivían en el mismo edificio donde vivía mi abuela, en Colinas de Agua Caliente. Ella tenía un departamento en el primer piso, y los jugadores, que vivían en los pisos de arriba, la consideraban prácticamente parte del equipo.

Era común visitar a mi abuela y encontrar a varios jugadores sentados en sala viendo televisión mientras ella cocinaba alguna cosa. Siento decir que no era un equipo muy bueno. Dudo incluso que hubieran sacado mejores resultados si mi abuela les hubiera puesto clembuterol en la comida.

Como otros tijuanenses, la falta de un equipo local me obligó a formar alianzas con otros equipos del interior de México. Y yo era feliz siendo un aficionado ambulante. Bueno, hasta que los Xoloitzcuintles subieron a la primera.

Ahora me siento algo confundido, como si estuviera por entrar en un matrimonio hindú en donde conozco poco o nada de mi nueva pareja. Y el sábado 23 será como una boda en el estadio Caliente cuando los Xoloitzcuintles se enfrenten contra los Monarcas de Morelia en su primer partido en primera división.

Qué importa que tenga un nombre poco común, tan feo, o bueno, tan poco amable a la vista, como los perros del mismo nombre. Qué importa que su dueño sea una figura controversial. Qué importa cuánto tiempo duren en primera división.

Esto es futbol, y puedo decir que finalmente tengo un equipo.

Y ahí estaré en las gradas para verlo por primera vez.

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Portero Tim Howard jugó sucio al criticar el uso del español


De todas las jugadas sucias que se dieron en la Copa Oro, hubo una que destacó por su mal gusto.

Sucedió al finalizar el último partido del torneo, el sábado 25, cuando la selección de México se coronó campeón al vencer a los Estados Unidos ante más de 90 mil aficionados en el histórico Rose Bowl de Pasadena.

El portero estadounidense Tim Howard, que recibió cuatro goles durante el partido, explotó contra los organizadores luego de que la ceremonia de entrega de medallas fuera conducida en ambos idiomas, aunque principalmente en español.

“Deberían sentirse avergonzados de sí mismos”, dijo a Sporting News, un portal de noticias deportivas. “Yo creo que fue una #$@!^ desgracia que toda la ceremonia después del partido fue en español. Te apuesto que si estuviéramos en la Ciudad de México no sería todo en inglés”.

Yo puedo entender que después de una derrota dolorosa uno ande un poco calientito, especialmente si el delantero del equipo contrario hizo que te arrastraras unos metros frente a tu portería antes de meterte el gol del torneo, como lo hizo Giovanni dos Santos para así dejar un marcador de 4-2.

Lo que no puedo entender es por qué evocó el asunto del idioma, sabiendo que es un tema que despierta más pasión que el futbol, especialmente entre la gente que le gusta atacar a los latinos y acusarlos de que no se asimilan a su nuevo país.

Como era de esperarse, inmediatamente después de su declaración, los comentarios racistas y antiinmigrantes comenzaron a aparecer en la sección de comentarios de cualquier nota sobre el partido que apareciera en internet. De un momento a otro, el tema pasó de ser sobre un evento deportivo a una cacería virtual de latinos.

Quizá tenga razón Howard de que el maestro de ceremonias y conductor del programa República Deportiva, Fernando Fiore, debió haber mezclado más los dos idiomas. Quizá no lo hizo por sus limitaciones del inglés. Pero aquí el idioma era lo de menos. La mayoría del público en el estadio era hispano, y alrededor de 8 millones de personas siguieron el partido a través de Univisión, un canal que transmite su programación en español.

En cuanto al inglés, el partido aparentemente no fue lo suficientemente importante para las cadenas de mayor audiencia nacional como ESPN, NBC, ABC o CBS. Los únicos que se interesaron en transmitirlo fueron la gente de Fox Sports Channel, un canal de paga que se especializa en deportes.

Pero los comentarios de Howard invitan a reflexionar un poco más sobre el tema.

No faltó quien repitiera la gastada frase: “estás en los Estados Unidos, y aquí se habla inglés”, para argumentar que la ceremonia debió haber sido presentada en el idioma de Shakespeare. Yo actualizaría esta frase añadiendo lo siguiente: “Estás en los Estados Unidos, y aquí se habla inglés y español.”

Hoy en día hay 45 millones de hispanos cuya lengua principal o secundaria es el español, lo que representa el grupo hispanohablante más grande después de México. Y sobre las personas que dicen que los hispanos hablan el español a costa del inglés, alrededor de la mitad de los hispanohablantes en Estados Unidos hablan inglés “muy bien” de acuerdo con el Censo.

El español se ha convertido en el otro idioma oficial de este país. Sólo tienes que encender la televisión para darte cuenta de que cada vez es más común ver anuncios en español durante la programación en inglés.

Algunos partidos de futbol americano tienen anuncios en español en el campo; la liga de basquetbol estadounidense tiene un portal que mezcla el inglés y el español que se llama Ene Be A (NBA); y el beisbol, el supuesto deporte nacional estadounidense, está repleto de jugadores de Latinoamérica. Además, en mi cafetería favorita hay un letrero que se enorgullece en decirme cada vez que voy que “se habla español”.

No es una desgracia que la ceremonia haya sido celebrada en ambos idiomas, señor Howard. De hecho, es lo normal hoy en día. Además, los organizadores se aseguraron de hablar inglés durante la parte cuando se entregaron las medallas de plata, para aquellos que obtuvieron el segundo lugar, como tú.

México tuvo un triunfo merecido, y no solamente se llevó el trofeo y el pase a la Copa Confederaciones Brasil 2013, sino que también ganó el premio fair play del torneo por haber sido el equipo que jugó más limpio.

Se puede tener dos amores y no estar loco


Tendrán que pasar varios días más para que desaparezca el mal sabor de boca de la eliminación de México de la Copa del Mundo Sudáfrica 2010. Finalmente no es fácil dar un trago tan amargo después de haber invertido tanto en un deporte tan cruel como el futbol.

Pero me voy con algo positivo de este Mundial, y no necesariamente en el aspecto deportivo.

Esta copa la recordaré como la época en que hice las paces con la selección nacional de los Estados Unidos, el enemigo deportivo número uno de El Tri.

Hasta hace unos años, el equipo estadounidense era uno de los más malos del planeta, y su vergonzoso nivel solía darme la satisfacción de que el futbol era una de las pocas cosas que los mexicanos sabíamos hacer mejor que los Estados Unidos.

Sí, los gringos hacen las mejores computadoras, aviones y carros, y además tienen las modas que todo mundo quiere seguir. Su ejército es casi invencible, su riqueza insuperable, pero por lo menos nosotros sabíamos patear un balón de futbol mejor que ellos. Era algo que no nos podían quitar.

Esto aliviaba un poco ese eterno complejo de inferioridad que tenemos muchos mexicanos, y seguramente otros latinoamericanos, ante nuestro poderoso vecino del norte.

¿Pero cuándo es que “ellos” (los gringos) se convierte en “nosotros” (los latinos)?

Es una pregunta que me cayó como balde de agua fría en este Mundial.

Tengo 15 años viviendo en los Estados Unidos, país que me dio la oportunidad de ir a la universidad a pesar de no tener dinero. Fue en este país donde hice carrera como periodista, donde conocí a mi esposa brasileña y donde tengo tres hijas gringuitas. Yo mismo soy un ciudadano estadounidense por naturalización.

¿Qué no debería estar usando “nosotros” en lugar de “ellos” al referirme a la selección estadounidense?

La respuesta no es tan fácil, especialmente con el clima antiinmigrante que se vive en el país. Parece que cada día hay algún político que hace lo posible por recordarle a la comunidad latina que no es bienvenida. La ley de Arizona es el ejemplo más relevante en este momento.

Pero la separación de identidades es más profunda.

Yo crecí en Tijuana, y aprendí que para visitar los Estados Unidos tenía que pasar varias horas en fila, y que al llegar a la caseta estaría a la merced del humor del oficial de inmigración que me atendiera.

En la escuela aprendí que los Estados Unidos nos robó territorio. De adulto observé cómo este país lanzó guerras e intervenciones injustas, como cuando invadió Panamá en 1989 o Irak en 2003.

Los aficionados de la selección de los Estados Unidos, con sus gorras, camisetas y banderas patrióticas, usan muchas de las mismas vestimentas que los miembros de grupos antiinmigrantes que estamos tan acostumbrados a ver en la televisión o incluso en persona.

Quizás de ahí viene parte de la desconfianza. Uno nunca sabe si alguno de estos aficionados iría del estadio a una reunión con los Minutemen.

Pero regreso a la pregunta: ¿cuándo es que “ellos” se convierte en “nosotros”?

Parte de esa respuesta la encontré en el equipo que llevó a los Estados Unidos al Mundial. Por primera vez desde que yo recuerde, la selección estadounidense incorporó a dos latinos que juegan en México: el delantero Hérculez Gómez y el mediocampista Francisco El Gringo Torres.

Estos eran dos jugadores que conocía muy bien porque juegan en la primera división de México. Fueron ellos quienes me dieron la excusa para por primera vez en mi vida irle a los Estados Unidos en una Copa del Mundo.

Momentos antes de que empezara cada uno de los cuatro partidos que jugó los Estados Unidos, y quizá consciente de que desataría algo de controversia, por lo menos entre las personas que me conocen, decidí escribir porras en mi página de Facebook en apoyo al equipo estadounidense.

Mis amigos mexicanos se encargaron rápidamente de recordarme que había olvidado mis raíces, me llamaron traidor, que era como la India María, ni de aquí ni de allá, pero que ahora era más de los Estados Unidos que de México.

Se sintió feo.

Pero la verdad es que no veo que esté perdiendo mis raíces simplemente por apoyar a los Estados Unidos, al contrario, siento que las estoy expandiendo. Y tampoco soy como la India María. Soy simplemente un inmigrante afortunado que tiene dos nacionalidades y que vive entre dos culturas.

En esta copa intenté hacer las paces con el equipo nacional de los Estados Unidos. Y creo que lo logré. Intentaré olvidar los prejuicios con los que crecí y el antagonismo hacia la comunidad latina, porque finalmente los Estados Unidos es latino, aunque a algunos no les guste.

Por le han de decir “el equipo de todos”.

Eso sí, mientras no jueguen contra México. Eso no cambiará.

Sólo me gustaría pedirle algo a mis dos selecciones: no sean tan maletas.

Amor en tiempos de copa


El amor te hace hacer cosas extrañas.

Cegado por la pasión, eres capaz de pasar vergüenzas humillantes y aún regresar por más. Perdonas errores que arruinarían cualquier otra relación. Defiendes el amor como guerrero, incluso ante las críticas de tu propia familia. Y a pesar de que no siempre eres correspondido, mueves la colita como un cachorro al ver a su amo.

Por lo menos así se siente ser un aficionado de la selección mexicana de futbol.

Puede que no te guste este deporte. Puede incluso que tú seas una de esas personas que alguna vez sintieron todo esto, pero que decidieron terminar esta relación poco saludable después de algún fracaso escandaloso, como la derrota ante los Estados Unidos en el Mundial de Alemania de 2002.

Pero será difícil que escapes los efectos de la Copa del Mundo Sudáfrica 2010, que comienza el viernes 11 cuando el equipo anfitrión reciba a nuestro amado tricolor.

Si fuera inteligente, apagaría la televisión y me encerraría un mes en mi casa para no enterarme de nada. Dejaría de contestar el teléfono para no recibir noticias dolorosas. Evitaría el internet a toda costa. Pero de nada sirve pensar todo esto. Éstas son decisiones del corazón, no de la mente.

Con suerte evitarás encontrarte con gente tonta como yo.

Si eres un patrón, no te sorprendas si alguno de tus empleados llega tarde, si es que llega. En estos casos es mejor comprender que a veces los empleados se enferman o que tienen que atender alguna emergencia familiar.

Apóyalos. Te conviene.

Un empleado que es consentido es un trabajador más feliz y productivo. Además, probablemente no serán más de tres ausencias las que tendrás ya que México está en el grupo que incluye a Uruguay y Francia.

Tendrás también que poner tu parte como consumidor.

No te quejes con el gerente si te sirven el plato equivocado durante las próximas cuatro semanas. Cuando escuches gritos de euforia viniendo de la cocina del restaurante, no lo tomes como burla. Finalmente, ellos preferirían estar en casa y no haciendo tus chilaquiles. Además, es culpa de los patrones por no haberlos dejado ausentarse.

Sí, puede que no te guste el futbol.

Aún así, difícilmente escaparás de los efectos de una Copa del Mundo.

No es por nada que el partido entre México y Argentina en el mundial del 2006 fue el evento televisivo más visto en toda la historia de la televisión en español en los Estados Unidos, con 6.7 millones de televidentes.

Si viste ese partido, entonces conoces cómo generalmente terminan las cosas para México.

Los de verde son dueños y señores de la cancha, juegan lindo y bonito, y sacan la casta en los momentos más difíciles. Pero algo sucede cuando nuestros delanteros se encuentran ante la portería contraria, y fallan desastrosamente. Momentos después, el equipo contrario mete un gol de otra galaxia y manda a nuestros jugadores a las regaderas.

Las casas de apuestas ya se la saben. Una de ellas dice que las probabilidades de que México gane el mundial son de 114 a 1. Y cualquier persona que esté considerando atreverse a apostar por México se encuentra con esta advertencia:

“México siempre va a la Copa del Mundo y es un equipo que se la pone difícil a todos pero que rara vez gana. Las probabilidades dicen que éste es un equipo que debe ser respetado, pero que no debería dar miedo.”

La verdad duele e incomoda.

Si eres la esposa de uno de estos aficionados locos, no discutas con él cuando te diga que este mundial será diferente. Te dirá que es la mejor generación de jugadores en la historia de México.

Pero no olvides abrazarlo en esos momentos difíciles.

Apapáchalo. Consuélalo. Apóyalo. Alivia su corazón roto.

Te necesita, aunque te rehúses a aceptar que tenga dos amores.

En poco tiempo comenzará de nuevo el proceso para el próximo mundial, y todo quedará en el pasado: las vergüenzas, los errores, las críticas.

Pero él no aprenderá de la lección.

En cuatro años ahí estará otra vez esa pobre alma, con la mesa llena de botanas y cervezas, con banderas, camisetas y sombreros, solo y a las 3 de la mañana si es necesario, lleno de ilusión, moviendo la colita, feliz de la vida.

No te asustes.

Es el amor después del amor.