Así se siente ser un aficionado de la Selección de México en el Mundial de Brasil 2014


Hiram Soto

El bigote sí es de verdad.

NOTA: Todas las emociones expresadas en este comentario son una mentira del autor. El resto se basa en una historia verídica, con algunos episodios dramatizados para animar al lector a leer por lo menos la mitad de los siguientes 16 párrafos.

El 17 de junio es un día especial para mí. Aparte de ser el aniversario del día cuando llegue a un mundo casi tan redondo como un balón de fútbol, es también el día en que México enfrenta a Brasil en la Copa del Mundo 2014.

“Es un regalo, pero del diablo”, me dijo un pariente brasileño al enterarse que México enfrentaba al país de mi esposa en mi cumpleaños.

Se siente muy bien que México juegue contra Brasil en un mundial en Brasil, y que el juego sea en mi cumpleaños. Me siento tan libre de estrés como un vacacionista con pantaloncillos cortos en las playas del litoral sur de Sao Paulo, tomándome un coco bien helado.

Al cabo las derrotas de México nunca me causan el tipo de estrés que te hace aventar cosas, escupir malas palabras, deprimirte y nada de eso. Lo importante es que los muchachos se diviertan en la cancha y que los aficionados canten cielito lindo y hagan la ola.

Mucha gente se burló de mí cuando anuncié de niño que México algún día ganaría la Copa del Mundo, y que yo estaría allí para presenciarlo. Era la época del mundial de 1986, y México recién había perdido a penales contra Alemania en los cuartos de final. Así que el cinismo estaba a la orden del día.

Los sabios de la familia, como mi abuela, me decían que tenían toda su vida esperando ese momento. Me advertían que yo también pasaría toda mi vida esperando, hasta que un día me olvidara que existía un equipo que usaba playeras verdes, pantaloncillos blancos y medias rojas.

Mis tíos no dejaban pasar la oportunidad de recordarme: “México juega como nunca, y pierde como siempre”. Lo decían con tanto orgullo que parecía que inventaron esa frase. Después me daban una palmada como diciendo “pobre muchacho, tiene mucho que aprender”.

Sus agresiones verbales nunca me molestaron, y me encantaba escucharlos hablar mal de mi equipo mientras desacomodaban mi cabello con sus manos gigantes, como si fuera un perro pequeño con un copete irresistible. De hecho, cuando me acuerdo todavía me da mucha risa.

Mira: JAJAJA.

México tuvo un camino difícil a Brasil 2014. El equipo hubiera quedado excluido si no fuera porque Estados Unidos ganó un partido de último momento que alteró el algoritmo de las estadísticas, dándole el pase al mundial.

Yo estoy súper bien con el hecho que estamos en el mundial gracias a Estados Unidos, nuestro acérrimo rival. Este país un país me ha dado a mí y a mi familia, que estoy feliz que también pueda ayudarnos con asuntos relacionados al fútbol.

Thanks you very much, Team USA. We owe you one.

Quién sabe qué nos espera en este mundial. Si llegamos a pasar a la segunda ronda lo más seguro es que nos toque contra Holanda o España, dos potencias mundiales del fútbol. Después de jugar

Se siente muy bien que México juegue contra España, el actual campeón del mundo, o la naranja mecánica. Nada me haría más feliz.

Pero no hay por qué adelantarse. Primero hay que jugar contra Croacia, Camerún y por supuesto, Brasil.

Y hablando de Brasil, ya pedí el día libre en el trabajo el 17 de junio. Dado que mi familia es mixta (mi esposa es de Brasil, y mis hijas tienen pasaporte mexicano y brasileño), no puedo pensar en una mejor excusa para cambiar un escritorio por un asador.

El plan es hacer un asado brasileño y mezclar un poco de carne asada en la casa de mis suegros, y después destapar unas botellas bien frías de agua de cebada fermentada. Es un partido donde mis sentimientos estarán equilibrados porque técnicamente no puedo perder, ¿verdad?

El fútbol siempre me ha hecho sentirme como un ganador.