Hola, soy Hiram Soto y tengo un rifle en el clóset


hiramsotoSí, me llamo Hiram Soto y tengo un rifle de alto calibre de 1942 en el clóset. Está debajo de un montón de zapatos que no uso. A veces lo saco a pasear al desierto, donde juego a que soy un soldado que salva al mundo de un ejército invasor de latas vacías de frijoles.

Comparto esto porque es algo que le sorprendería a la mayoría de las personas que me conocen. Y puesto que Enlace extendió su circulación al suroeste del condado de Riverside, ¿por qué no compartir lo más sorpresivo de mí a lectores nuevos como tú? Las trivialidades a veces son la mejor forma de conocer a alguien.

Si estás en Riverside y lees esta columna por primera vez, lo ideal sería que tú y yo nos sentáramos a tomar un café. Así podríamos conocernos mejor, compartir nuestras inquietudes, las cosas que nos inspiran, nuestras familias y trabajos. Pasaríamos horas hablando sobre cómo los republicanos perdieron la cabeza y cómo el mundo es mejor porque las parejas homosexuales ahora tienen los mismos derechos que el resto de nosotros. Criticaríamos a Obama por ser un presidente pasivo que no sabe negociar, y hablaríamos mal del FC América.

Pero será difícil que nos reunamos para un cafecito, en parte porque prefiero tomar cerveza. Por lo tanto, dedicaré estos párrafos para platicarte un poco sobre quién soy. Espero que esto le dé contexto a las palabras que escribo aquí semana tras semana.

Este periódico es mi hogar.

Aquí escribí mis primeras notas como periodista en el año 2000. La editora fundadora, Aída García, me contrató para escribir un calendario de eventos. Fue el segundo mejor trabajo que tuve en la vida (el primero fue trabajar en la cocina de un restaurante de Carl’s Jr.).

Como periodista conocí a mis cantantes favoritos, jugadores de futbol y a otras personalidades. Pero pronto concluí que eran personas mortales como tú y yo, y dejaron de interesarme. Cambié de especialidad y me enfoqué en asuntos locales de política y en reportajes de investigación. Era gratificante recibir cartas de amenazas de abogados de las personas que investigaba, algo que tomaba como una indicación de que hacía bien mi trabajo.

Escribí sobre temas nacionales de inmigración, donde hice crónicas de los intentos fallidos de aprobar una reforma migratoria. En más de una ocasión me puse el cuaderno en la bolsa trasera del pantalón, la pluma en la camisa y un tapabocas y viví varias aventuras cubriendo los incendios forestales de la región.

Estuve con los rescatistas del grupo Ángeles del Desierto cuando encontraron los restos de un inmigrante que murió asfixiado durante los incendios de 2007 en la punta de la montaña Tecate Peak, a 4000 pies de altura. Acompañé al grupo a los desiertos de California y Arizona junto con mi padre, donde encontramos los restos de otros inmigrantes y les dimos a sus familias la oportunidad de enterrarlos con dignidad.

Ver los restos secos y descompuestos de la gente que murió intentando cruzar la frontera me hizo ver la urgencia de una reforma migratoria. Los recuerdos de los difuntos aún me acompañan cuando atravieso por momentos difíciles en mi vida. No sé por qué, pero me dan fortaleza para seguir adelante.

En 2009 dejé de ser un reportero de tiempo completo y pasé a ser columnista. Durante los últimos años he trabajado bajo la dirección editorial de Lilia O’Hara, una periodista de gran trayectoria y la persona a cargo de que no use yo este espacio para escribir ridiculeces.

Mientras todo esto sucedía, en mi casa empezaron a llover niñas. Tres, para ser exacto. “Puro producto para caballero”, como me dijo una cajera en una ocasión, recordándome que aún vivimos en un mundo machista que por suerte a mis hijas les tocará cambiar.

En fin, esto es un poco de mi historia. Espero que esto nos ayude a conocernos un poco. No dudes en mandarme un correo electrónico cuando quieras decir algo. Te prometo que te contestaré. Se aceptan todo tipo de comentarios, buenos y malos.

No te preocupes por el rifle. Siempre está desarmado.