Republicanos sienten la presión del voto latino


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Republicanos en (his)panic mode.

40 puntos.

Esto es lo que separa a Mitt Romney de Barack Obama en las preferencias de los hispanos a siete meses de las elecciones presidenciales. Es un margen lo suficientemente grande como para costarle la presidencia a Romney, quien apenas se acomoda en su nuevo puesto como presunto candidato presidencial por el partido republicano.

Chin. ¿Y ahora qué hacemos?, se preguntarán los políticos republicanos, los mismos que en los últimos años se opusieron a todo esfuerzo por reformar las leyes migratorias del país y a legalizar a las millones de personas que viven, trabajan bien y barato, y crían familias al margen de la ley.

Algunos piensan que han encontrado la respuesta en el senador republicano Marco Rubio, quien continúa sonando fuerte para acompañar a Romney como candidato a la vicepresidencia.

Romney se vería bien acompañado de un latino conservador y carismático como Rubio. Y mejor aún que sea un senador de Florida, uno de los estados más importantes, quizás el más determinante, que estará en juego en noviembre.

Romney, por cierto, nunca ha mostrado interés por legalizar a los indocumentados. De hecho, durante las elecciones primarias republicanas, fue el candidato republicano con la postura más dura contra la inmigración ilegal. Kris Kobach, el autor de la ley antiinmigrante de Arizona, es uno de sus asesores.

Quizás no sea coincidencia que en las últimas semanas Rubio ha comenzado a suavizar su postura de que los inmigrantes ilegales no deben tener la oportunidad de permanecer en el país. Recientemente presentó su propia versión del Dream Act, argumentando que los jóvenes indocumentados que fueron traídos al país cuando eran pequeños no deberían ser deportados. En contraste con la versión demócrata, en un mundo en donde Rubio es vicepresidente, estos jóvenes serían legalizados pero no necesariamente se convertirían en ciudadanos.

Siempre es difícil creerle a los políticos, y más cuando sus ambiciones políticas son tan obvias. Rubio es y siempre ha sido un conservador social y fiscal, y la comunidad inmigrante nunca ha sido su prioridad. Ahora que los latinos podrían llevarlo ser candidato a la vicepresidencia, Rubio está mostrando más flexibilidad.

Tremenda oportunidad que representa Rubio para Romney. Sin embargo, será difícil, diría hasta imposible, que los republicanos de repente cambien su postura intransigente en el tema de migración solo porque el vicepresidente es hispano. Y es difícil también que los hispanos voten por un candidato como Rubio, que ha demostrado estar alejado y desconectado de las necesidades de los inmigrantes.

De cualquier forma, la estrategia hispana de Romney no depende exclusivamente de Rubio. También se ha hablado de tener como candidata a la vicepresidencia a la gobernadora de Nuevo México, Susana Martínez, quien en estos momentos busca eliminar las licencias de manejar para los indocumentados en su estado. Se trata de otra hispana que no comparte las posturas de la comunidad hispana en general.

Por otra parte, en las últimas semanas la campaña de Romney anunció seis directores estatales para estimular el voto latino en estados clave como Florida, Colorado y Nevada. El Comité Nacional del partido republicano tiene una directora nacional que recientemente tuvo el descaro de criticar al presidente Obama por no haber cumplido con su promesa de pasar las leyes migratorias en su primer año, como lo prometió cuando era candidato.

“Es otro fracaso de este presidente”, dijo Bettina Inclán en una entrevista con National Public Radio, ignorando el hecho que fue su partido fue el que bloqueó los esfuerzos por pasar la reforma migratoria. Inclán después resaltó el número récord de deportaciones bajo el gobierno de Obama.

Y es cierto, Obama no cumplió con la reforma migratoria. Y es cierto que bajo la administración de Obama se han deportado a más indocumentados. Sin embargo, esto es más el resultado de la nula flexibilidad que han demostrado los republicanos no solo en inmigración, sino en cualquier otro tema legislativo.

Algunos en la campaña de Romney argumentan que no deben hacer mucho caso al tema de la inmigración ilegal y que es mejor enfocarse en asuntos como la economía y los trabajos. No es mala idea. Estos son temas importantes para todos los que vivimos en este país.

Y al final, probablemente en esto consistirá su estrategia por el voto hispano. Y al final, probablemente perderán por 40 puntos.

¿Cómo se debe tratar a un niño que dice mentiras?


ImageMis hijas piensan que tengo ojos mágicos que saben descifrar cuando alguien está diciendo la verdad o la mentira. Todo comenzó como un juego cuando ellas estaban más pequeñas. Sin embargo, por ahora por lo menos, ellas sinceramente piensan que tengo poderes sobrenaturales.

– ¡Papá, mi hermana me quiere quitar la muñeca!

– ¿De quién es el juguete mija?

– ¡Mío! ¡Pero no me mires a los ojos!

– Regrésaselo ahora mismo.

Así es como resuelvo muchas de las disputas cotidianas del hogar. Ellas saben que cuando mienten para avanzar sus cínicas conspiraciones infantiles, es mejor no cruzar su mirada con la mía. No sé hasta cuándo voy a continuar fingiendo ser un polígrafo. Pero mientras tanto esto me está dando frutos.

Hace unos días mi hija de siete años se metió en problemas en la escuela, y le echó la culpa a un niño. Pero cuando empecé a hacerle más preguntas descubrí que su historia tenía demasiadas incongruencias. Le pedí que me viera a los ojos, y la verdad salió casi tan rápido como las lágrimas: fue ella la que había causado el problema.

Era la segunda mentira del mes. Unas semanas antes nos hizo pensar que no veía bien y la llevamos al oculista. Después descubrí que estaba fingiendo no ver las letras porque por alguna razón quería usar lentes.

La boca miente, los ojos no, le recordé.

Eso de mirar a los ojos para saber si una persona está diciendo la verdad no es del todo una fantasía. Nuestros movimientos corporales representan más del 50 por ciento de nuestra comunicación. Si no son los pies nerviosos los que nos delatan cuando decimos una mentira para avanzar nuestras cínicas conspiraciones de adultos, es la mano que rasca el cuello, que soba el otro brazo, o los ojos que se mueven como si estuvieran viendo un partido de tenis.

Después de sorprender a mi hija diciendo mentiras hice lo que cualquier padre moderno y preocupado haría: me puse a investigar en internet por qué los niños mienten y qué debo hacer al respecto. Y resulta que los niños que dicen mentiras no necesariamente van a crecer y convertirse en políticos mentirosos.

“Los padres no deben de asustarse si sus hijos dicen una mentira”, dijo un investigador canadiense de la Universidad de Toronto que realizó un estudio que ligaba la inteligencia de estos chamacos manipuladores con su capacidad de mentir.

Resulta que los niños más inteligentes mienten más porque pueden ocultar o justificar las mentiras con mayor facilidad. No estoy seguro si esto significa que debo sentirme orgulloso de que mi hija me dice mentiras.

Siempre hemos tenido, como sociedad, una obsesión por regular las mentiras, aunque todos mentimos de vez en cuando con diferentes grados de seriedad.

Es contra la ley, por ejemplo, mentir que has recibido la medalla militar Purple Heart; muchos de los políticos que van a la cárcel terminan siendo enjuiciados por perjurio y no necesariamente por los actos que cometieron; mentir a un oficial de la ley también es contra la ley. Y en Canadá, donde por lo menos un científico asegura que los niños mentirosos son más inteligentes, es ilegal decir mentiras en los medios de comunicación.

Aparentemente yo también comparto esta obsesión, al grado que miento para enseñarles a mis hijas a no mentir. Aunque bueno, sí se leer un poco los ojos y el lenguaje corporal de la gente. Fue una habilidad que desarrollé bien cuando era reportero de este periódico.

Mientras tanto, el castigo para mi hija fue lo que ella consideraría brutal: se le prohibió todo tipo de pantallas por cuatro días con opción a que sean siete, dependiendo de su comportamiento. Espero que aprenda su lección. Aunque creo que mis días de polígrafo están llegando a su fin.

El otro día la escuché diciéndole a su mamá que cuando crezca quiere hacer experimentos para saber si en verdad los ojos pueden detectar las mentiras. Sospecho que pronto tendré que confesar las limitaciones de mis poderes sobrenaturales.

Pero para entonces espero que ya esté acostumbrada a decir la verdad.