Jardín binacional se impone al muro fronterizo


ImagePLAYAS DE TIJUANA — Los matorrales y cactus que sembraron los voluntarios en ambos lados de la frontera parecían no ser gran cosa ante las gigantes vallas rojizas de metal que forman el cerco que separa San Diego y Tijuana.

Pero nunca hay que menospreciar a la madre naturaleza.

A unos metros, unas máquinas grandotas con la capacidad de mover tierra y agua trabajan duro para reponer las viejas vallas que despedazó el mar a lo largo de los años. En su lugar, los ingenieros están por terminar un cerco con vallas de 18 pies de altura que se extienden hasta 300 pies mar adentro.

Es una de las últimas secciones que faltan para reforzar esta parte de la frontera con un triple muro fronterizo que tiene varios años bajo construcción. Y durante todo ese tiempo, el jardín ha estado presente de una forma u otra durante la edificación de esta tremenda fortificación de metal.

ImageEl jardín es un área verde sencilla ubicada un lado de la Plaza Monumental de Tijuana con plantas semidesérticas de la región, incluyendo salvias, pinos torrey y diferentes tipos de cactus. Está delimitado por un círculo hecho de piedras pequeñas que abarca ambos lados de la frontera y cuyo diámetro es delineado precisamente por el cerco.

La idea de crearlo nació de la mente de Dan Watman, un idealista y promotor de la armonía binacional que utiliza el cerco como si fuera un escenario de teatro. Frecuentemente organiza eventos interactivos con gente de ambos lados en donde practican yoga, bailan salsa, vuelan papalotes o celebran posadas.

Sin embargo, la construcción del triple muro ha cambiado la manera en que se interactúa en esta parte de la frontera, donde las familias solían verse, platicar y tocarse a través del muro. Incluso los tijuanenses jugaban con la Patrulla Fronteriza ingresando a Estados Unidos momentáneamente y regresaban cuando se acercaban los uniformados. Hoy, los activistas del lado de San Diego deben pedir permiso a las autoridades para llegar hasta el jardín.
Desde su creación en 2007, el jardín ha demostrado tener la perseverancia de supervivencia de un cactus. Por el lado estadounidense, fue removido por un tiempo durante las diferentes etapas de construcción. Por el lado mexicano, alguien desenterró las plantas por equivocación.

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Hoy sobrevive por la determinación de gente como Watman de la organización Encuentro Fronterizo y en parte por la maduración del activismo ecológico de Tijuana. La replantación se dio gracias a la colaboración de 12 grupos comunitarios de distintos intereses sociales pero principalmente ecologistas.

Cada organización tiene la responsabilidad de cuidar el jardín durante un mes del año. Su trabajo es remover maleza y basura y regar las plantas, y están al tanto de que nadie lo maltrate o desentierre.

En esta zona, sin embargo, hay cosas que nunca cambian. Al día siguiente de mi visita las autoridades mexicanas recuperaron el cuerpo de un hombre que se ahogó aparentemente intentando escapar de la Patrulla Fronteriza.

Quizá la nueva barda, más alta, más profunda y más imponente, evite que más personas intenten cruzar la frontera por ahí. Probablemente no.
Quizás por eso el jardín se rehúsa a morir.Será interesante ver cuánto tiempo dura este nuevo cerco que se incrusta hasta el Océano Pacífico. Este mar frío y salado de la frontera ya dejó claro que la madre naturaleza siempre se impone, que sólo es cuestión de tiempo.

Quizás por eso el jardín se rehúsa a morir.

¿Se creen los republicanos mejor que las mujeres?


En su larga y sucia campaña por elegir a su candidato a la presidencia de Estados Unidos, los republicanos le han echado lodo a la cara de muchos: hispanos, asiáticos, negros, pobres, homosexuales y cualquier otro grupo que no comparta sus posturas sociales extremas.

¿Y ahora, a las mujeres?

Es inevitable hacerse la pregunta que tiene como encabezado este comentario después de lo sucedido en los últimos días.

El comentarista ultra conservador Rush Limbaugh catalogó como “prostituta” (por no escribir el sinónimo vulgar de esta palabra) a una estudiante de leyes que testificaba ante el Congreso en favor de que las compañías de salud ofrecieran anticonceptivos como parte de su cobertura médica para mujeres.

El furor nacional fue tal que el mismo presidente Barack Obama llamó por teléfono a esta mujer para ofrecerle su apoyo. Unos días antes, Obama había emitido una orden ejecutiva controversial que obligaba a compañías a ofrecer anticonceptivos, incluyendo a aquellas organizaciones que se oponen a su uso por cuestiones religiosas, como la Iglesia Católica (como si los católicos no usáramos métodos anticonceptivos).

¿Y la reacción de los candidatos republicanos?

Newt Gingrich dijo que el problema eran los medios de comunicación. Mitt Romney dijo que hubiera utilizado otras palabras (supongo que hubiera usado eufemismos), y Rick Santorum dijo que un animador como Limbaugh tenían permitido decir cosas absurdas.

En ningún momento defendieron a la estudiante que fue atacada tan inapropiadamente por Limbaugh. En ningún momento exigieron el respeto a la mujer.

La pregunta que se propone en el encabezado de este comentario no vendría al caso si se tratara solo de un comentarista zafado que tiene años promoviendo la intolerancia, el extremismo y el odio. Pero no se trata de un caso aislado.

Las mujeres no son consultadas como debería ser en decisiones legislativas que tienen que ver con su propia salud. Durante una audiencia sobre la orden ejecutiva de los anticonceptivos, el congresista de San Diego, Darrell Issa, celebró una audiencia pública en cuya primera ronda no fue invitada una sola mujer. (La primera ronda es la que recibe más atención de los medios). Esto porque Issa y sus aliados republicanos consideraron que no era un tema sobre la salud de la mujer sino una cuestión de libertad de religión.

En su fanatismo por negarle a la mujer la decisión de abortar, en Virginia, los republicanos intentaron sin éxito pasar una ley que obligaría a las mujeres a someterse a un procedimiento vaginal intrusivo antes de abortar durante el primer trimestre de un embarazo. El gobernador de su estado finalmente se echó para atrás después de recibir críticas a lo largo del país de parte de organizaciones partidistas de los derechos de la mujer. Al parecer, olvidaron preguntarles a las mujeres qué pensaban al respecto.

El propio Santorum ha dicho públicamente que las mujeres violadas que terminan embarazadas deben aceptar al nene como un regalo de Dios, aunque sea un regalo algo trastornado.

Debido a estos incidentes y otros más que han ocurrido durante el transcurso de esta campaña, se ha hablado mucho de que los republicanos están en guerra contra las mujeres. El encabezado de esta opinión pregunta si los republicanos se creen mejor que las mujeres.

Yo no lo creo.

Lo que sucede es que su ideología extrema los ha llevado a otra dimensión en donde es imposible ver las cosas de manera racional, donde es todo o nada, donde todo desacuerdo se pelea a muerte. Y el resultado son comentarios como los que hizo Limbaugh, legislaciones como la de Virginia, paneles sobre la salud de la mujer sin mujeres, e intransigencia total en cuanto a la decisión de una mujer de abortar, incluso cuando ha sido violada.

Todo esto, mientras la economía enfrenta problemas generacionales que requieren de nuestras mejores ideas. Todo esto, mientras hay millones de personas desempleadas. Todo esto, mientras la crisis hipotecaria sigue sin tocar fondo.

A los republicanos no les importa atropellar o insultar a cualquier grupo de la sociedad con tal de imponer su ideología. Por eso tienen los candidatos que tienen. Se los merecen.