La memoria es (casi) obsoleta en la era de internet


De todos los cambios que la internet ha generado en nuestras vidas, es fácil olvidar uno de los más obvios: el escaso uso que hacemos de nuestra memoria.

Hoy en día dependemos más de una memoria virtual y no mental, que provoca que en ocasiones no tengamos que acordarnos de cosa alguna. Con mayor frecuencia, si fracasamos en traer a la mente la información que necesitamos, a cambio tecleamos efusivamente en un teléfono inteligente o en una computadora con acceso a la internet.

Una búsqueda rápida en Google o en cualquier otra plataforma seguramente nos recordará aquella cosa que hemos olvidado y que nuestra memoria es incapaz de recuperar. Esto me hace reflexionar en aquellas cosas que no necesito recordar más gracias a los avances en tecnología y a la evolución de nuestro estilo de vida virtual.

Las instrucciones para hacer algo: La internet es el depósito más grande de instrucciones para hacer cualquier cosa, ya sea si la información fue generada por usuarios a través de un artículo o un video en YouTube, o por una compañía de medios de comunicación o por cualquier otra empresa. ¿No recuerdas bien una receta de cocina, se te olvidó cómo practicar primeros auxilios, cómo renovar tu pasaporte, dibujar, amarrar una corbata, o instalar un piso? Todo podrás encontrarlo en internet en cuestión de segundos, y muchas veces las instrucciones están acompañadas de un video con ejemplos.

Direcciones para llegar a un lugar: Supongamos que vas en tu carro y el tráfico se detiene porque hubo un accidente adelante. La línea de carros comienza a alargarse y te quedas atorado. Hay algunas calles laterales que puedes usar para salir del tráfico pero no sabes cuál elegir. De repente recuerdas que tu teléfono inteligente cuenta con un localizador geográfico. Rápidamente lo activas y el aparato te muestra un mapa que te permite ver si las calles alternativas tienen salida y a dónde van. Un estudio reciente de la Universidad Estatal de Florida reveló que casi la mitad de los hispanos que preferimos hablar español tenemos un teléfono inteligente como esos, lo que demuestra un crecimiento explosivo del uso de estos aparatos entre la comunidad latina.

Datos generales: Éste es uno de mis favoritos porque aquí la verdad siempre gana. Digamos que tienes a un compadre borracho que no deja de hablar de su equipo favorito de futbol, el América. Él dice que es el equipo más popular de México, y no te acepta ninguna explicación. Tú no te acuerdas, pero sacas tu teléfono celular, haces una búsqueda del equipo más popular de México, y encuentras una encuesta nacional de la compañía Consulta Mitofsky que revela que en 2011 las Chivas Rayadas de Guadalajara son el equipo con mayores fanáticos en México. Tu compadre terco de todas maneras no te cree pero tú ya sabes la verdad. Esta misma metodología la puedes usar para hablar de política o religión o de cualquier otro tema.

Amigos: Las redes sociales y sitios como Facebook nos han recordado que tenemos amigos que probablemente habíamos olvidado. Aquellas amistades añejas o de la infancia y adolescencia han vuelto a la vida en Facebook con más detalles de los que nos imaginábamos. Rara vez pasa un día sin que me llegue un recordatorio de que es el cumpleaños de uno de mis “amigos”. Ahora no solamente he recuperado a los amigos de otras épocas, sino que también sé cuándo cumplen años. Una cosa más de la que mi memoria no tiene que preocuparse.

En resumen: La internet siempre estará ahí para alimentar tu curiosidad, sacarte de un apuro o comunicarte con alguien que pensaste que habías perdido para siempre. Aunque a veces pareciera que nuestra memoria ha sido reemplazada por un teclado y una pantalla, o un teléfono inteligente, la memoria aún no es obsoleta.

Es una lección que aprendí el otro día cuando llegue la oficina y descubrí que había olvidado mi celular en casa. Con lo dependiente que soy hoy en día de este aparato, me subí a mi carro y regresé a mi casa a recogerlo.

Espero que no se me vuelva a olvidar.

La guerra contra el narco se perdió antes de que empezara


Como en una película de horror, los muertos están saliendo de la tierra en México.

Cada cuerpo que extraen las autoridades de fosas clandestinas en Tamaulipas, hasta ahora unos 217 posibles inmigrantes que iban rumbo a los Estados Unidos, son un recordatorio de que la guerra contra el narcotráfico en México ha sido nada menos que un desastre de monumentales proporciones.

Poco importa que las autoridades hayan arrestado a unas 45 personas supuestamente vinculadas a estos asesinatos a sangre fría, incluyendo al posible autor intelectual, Martín Omar Estrada El Kilo, un cabecilla del grupo de los Zetas. La historia nos dice que el impacto de este tipo de arrestos en la guerra contra el narcotráfico es efímero y superficial; justito detrás de los detenidos siempre hay otro grupo de personas listo para ocupar su lugar y repetir, y hasta abatir, cualquier récord de brutalidad.

Los inmigrantes mexicanos y extranjeros que pasan por México rumbo a los Estados Unidos son sólo las últimas víctimas de esta guerra mal pensada que desde el principio estaba destinada al fracaso. Esto está claro hoy más que nunca desde que el presidente mexicano Felipe Calderón inició hace cinco años una ofensiva militar que ha costado la vida a más de 34 mil personas y ha aterrorizado a todo un país.

Hay quienes acusan a Calderón y a su gobierno de usar la guerra contra el narcotráfico para fortalecer su debilitado estatus político, o para distraer a las masas mexicanas de problemas crónicos como la pobreza, la falta de oportunidades, la crisis económica y la inseguridad.

Si su intención era verdaderamente acabar con el narcotráfico en México, entonces su guerra la perdió desde un principio al carecer de los recursos, la planeación y la estrategia necesaria.

Está claro que los políticos que lanzaron esta ofensiva no tenían idea de en qué se estaban metiendo, nunca imaginaron los efectos de sus decisiones, las muertes colaterales, los asesinatos de periodistas, políticos y oficiales.

Todo lo que ha pasado hasta ahora muestra un gran distanciamiento entre sus objetivos y lo que está pasando en todos los frentes:

El tráfico de drogas ha aumentado.

El dominio y poder de los narcotraficantes se ha extendido a las zonas rurales.

Las extorsiones y los asesinatos siguen en aumento.

El consumo de drogas en México ha subido.

En los Estados Unidos se siguen consumiendo drogas mexicanas manchadas de sangre.

Y cada vez surgen nuevos efectos colaterales, como los ataques contra inmigrantes y también en este caso la incapacidad del gobierno de hacer algo al respecto.

La Comisión de Derechos Humanos de México declaró hace unos días que más de la mitad de los estados de México, 16, representan un peligro para los inmigrantes. Los secuestros, extorsiones y violaciones siempre han sido obstáculos para llegar a los Estados Unidos. Ahora los narcotraficantes se suman a la lista de peligros.

Todo esto representa los efectos de hacer las cosas sin pensar.

Me hubiera gustado escuchar la conversación cuando se decidió empezar esta guerra absurda: ¿Acaso no consideraron que las fuerzas policiacas no estaban preparadas para enfrentar este reto, y que es difícil o imposible ganar una guerra así cuando oficiales del orden público y hasta políticos están incluso del lado del crimen organizado? ¿A nadie en el gobierno se le ocurrió que una guerra contra el narcotráfico es una guerra perdida siempre y cuando continúe el consumo de drogas en los Estados Unidos?

Los narcotraficantes no se ven debilitados.

Al contrario, se ven fortalecidos. Su negocio es más lucrativo que nunca, y gracias a la cercanía con los Estados Unidos, siempre habrá armas disponibles capaces de repelar una ofensiva como la que lidera Calderón.

Ahora el gobierno tendrá que pensar en una manera de salir de esta situación, y hacerlo desde una posición más debilitada que antes de que empezara.

Ganar no parece ser algo factible. Salir de esta guerra debería ser el nuevo objetivo, y reconocer que siempre habrá narcotraficantes mientras que en los Estados Unidos haya consumidores.

Mientras tanto seguiremos atrapados en un ciclo vicioso de drogas, sangre y traición, atrapados en una película de terror, donde los muertos se resisten a ser olvidados en un hoyo en la tierra.

Vicente Fox usa la legalización drogas para construir biblioteca


El ex presidente de México Vicente Fox no ha olvidado lo que es andar en campaña.

El otro día vino a San Diego a recabar fondos para su biblioteca presidencial, y repitió unas declaraciones controversiales que hizo hace unos meses en México: que las drogas deberían ser legalizadas porque la guerra contra el narcotráfico, por lo menos como se ha estado peleando hasta ahora, está perdida.

“Estamos hablando de la última frontera de la prohibición”, dijo la semana pasada durante una rueda de prensa en la Universidad de San Diego. “El aborto está permitido. El matrimonio entre personas del mismo sexo es ahora permitido. Fumar cigarros, consumir alcohol”.

No estoy seguro si el ex mandatario simplemente busca publicidad para acaparar atención y dinero para su proyecto o enmendar un poco el legado de desilusión que dejó su presidencia con ideas como legalizar las drogas. Finalmente se trata de un político cuyo partido tiende a imponer el idealismo de derecha por encima del pragmatismo.

Sin embargo, hay muchas razones para considerar sus ideas.

Han muerto unas 34,000 personas desde que su sucesor, Felipe Calderón, decidió encarar a los narcotraficantes de México hace cuatro años. Y no estamos hablando de personas que murieron pacíficamente rodeados de sus familiares, sino víctimas de una brutalidad nunca antes vista en México. La producción, el transporte y el consumo de las drogas parecen no tener fin, en ambos lados de la frontera, independientemente de su legalidad.

Pero lo cierto es que como sociedad, estamos muy lejos de legalizar las drogas. Y es irónico que el ex mandatario haya hecho sus comentarios en San Diego, un lugar donde las autoridades locales han hecho todo lo posible por sabotear el consumo legal de la marihuana con fines medicinales.

El Concilio de San Diego recientemente aprobó nuevas regulaciones que obligarían a los más de 160 dispensarios de marihuana medicinal a cerrar sus puertas temporalmente y solicitar un permiso que costaría decenas de miles de dólares y cuyo proceso podría durar un año, dependiendo de la oposición que enfrentan de las personas que viven en los alrededores.

Qué importa si miles de pacientes pierden acceso a su medicina, a la cual tienen derecho a comprar bajo la proposición 215, que legalizó la marihuana medicinal en California en 1996. Muchas personas con enfermedades como cáncer consumen la mariguana para estimular el apetito y para mitigar los efectos colaterales de la quimioterapia, como el vómito y los mareos.

Aunque han pasado 15 años desde que se aprobó esta medida, la ley está lejos de lograr su objetivo.

Varios condados del estado han prohibido los dispensarios de marihuana medicinal y más de 130 ciudades han hecho lo mismo, incluyendo El Cajón, Escondido, San Marcos y Vista. Otras ciudades han implementado moratorios mientras consideran si regulan o prohíben la marihuana medicinal.

Y si la guerra a nivel local contra el cannabis no fuera suficiente, también está la confusión y contradicción que genera el hecho de que el gobierno federal considera que esta esta droga es ilegal.

Para ser claros, hay tanto pacientes como doctores que abusan de las intenciones de la ley y que venden y consumen mariguana con fines recreacionales. Pero esto no es suficiente razón para negarles acceso a aquellas personas que verdaderamente lo necesitan y que además están amparadas por la ley.

Esto es tan sólo un pequeño panorama de lo que ocurre cuando una sociedad quiere legalizar una droga, en este caso la mariguana, la considerada más inocua de entre las drogas. Mejor no pensar qué sucedería si se tratara de legalizar otras drogas como la cocaína.

El ex presidente Fox ha sido reprochado por sus declaraciones. La universidad cristiana Point Loma Nazarene de San Diego rescindió hace poco una invitación al mandatario a hablar en el campus. Pero poco ha de importarle a alguien como Fox que va de podio en podio, y que siempre será presentado ante las audiencias como la persona que rompió la racha de más de 70 años de poder que tenía el PRI, algo que en realidad fue mérito del electorado y la maduración del país.

Es una pena que no expresó estas mismas posturas cuando era presidente de México y verdaderamente tenía el poder y la capacidad de hacer algo. Ahora nos sale con esto porque necesita algo cuando en su momento lo único que hizo fue apoyar las políticas antidrogas que promueve Estados Unidos en México y Latinoamérica.

No todos los sindicatos han perdido su camino


Los sindicatos han tenido un pésimo año.

En Wisconsin y Ohio los gobernadores conservadores firmaron leyes controversiales que limitan los derechos de los sindicatos de negociar salarios y prestaciones, un golpe durísimo para los empleados públicos de esos estados como maestros, policías y bomberos.

Esto representa un revés histórico para el movimiento de sindicatos, cuya membrecía viene en decadencia desde hace varios años. Durante esta crisis económica los sindicatos han sido acusados en lo mínimo de empeorar las finanzas de los gobiernos y contribuir a los monstruosos déficits de muchos estados.

Estas leyes anti sindicato, que aún enfrentan obstáculos legales antes de entrar en vigor, parecen ser sólo el comienzo. En las últimas semanas se han presentado más de 700 propuestas a lo largo del país con el fin de emularlas y herir de muerte al aliado más confiado de los demócratas justo antes de las elecciones presidenciales del próximo año.

Pero no todo ha sido malas noticias para los sindicatos gracias a California.
Hace unos días senadores estatales presentaron una propuesta de ley que haría más fácil que los campesinos formen un sindicato, una medida cuyo fin es limitar los abusos laborales y mejorar las condiciones de trabajo de los trabajadores más vulnerables de California. La medida ahora va a la legislatura estatal, donde se espera que pase, y después al Gobernador Jerry Brown, donde tiene probabilidades de convertirse en ley.

Esta propuesta les daría a los trabajadores del campo la opción de formar un sindicato sin primero tener que hacer una petición formal seguida por elecciones. Esto con el fin de evitar que los empleadores los intimiden durante el proceso. Para sindicalizarse simplemente tendrían que entregar cartas firmadas por la mayoría de los trabajadores a las autoridades laborales del estado.

La discusión en torno a si los sindicatos abusan de los contribuyentes no siempre es justa. Sin embargo, no es difícil ver por qué son acusados de abuso, especialmente cuando se considera las generosas pensiones que permiten que algunos miembros se jubilen a los 50 años, como es el caso en la Ciudad de San Diego.

Pero por lo menos en el caso de los trabajadores del campo, un sindicato es necesario.

Ellos trabajan en condiciones paupérrimas, y en los últimos seis años 15 campesinos han muerto de calor mientras recogían las frutas y verduras que ponemos sobre la mesa. Y eso a pesar de que existe una ley que obliga los empleadores a proveer agua, sombra y descansos.

En términos históricos, los sindicatos fueron creados justo para proteger a trabajadores de abusos así como para obtener mejores beneficios de empleadores frugales. No olvidemos que fue gracias a los sindicatos que muchos empleados hoy en día disfrutan de beneficios como dos semanas de vacaciones pagadas al año, además de días festivos y días en donde puedes ausentarte debido a una enfermedad.

Los campesinos carecen de beneficios como éstos y muchas veces son víctimas de sus empleadores.

A mí nadie me lo contó. Yo lo vi.

Recuerdo con detalle que durante los incendios forestales del 2007 en San Diego los trabajadores de campo siguieron recogiendo tomate a pesar de que estaban en una zona de evacuación y a la vista de los carros que huían del peligro. Los trabajadores no podían respirar bien, pero seguían trabajando.

Cuando le pregunté a uno por qué no se iba a casa, me contestó que su jefe les dijo que si se iban no regresarán al siguiente día porque serían reemplazados.

Este tipo de cosas no sucederían si estuvieran organizados a través de un sindicato.
Si algunos empleadores se portan así cuando hay una emergencia, ¿cómo tratan a los trabajadores cuando nadie los está viendo? Han incontables historias de abusos de todo tipo, incluyendo la intimidación de los trabajadores cada vez que quieren formar un sindicato.

Los trabajadores de campo no buscan jubilarse a los 50 años con un salario financiado por el contribuyente. Los campesinos sólo desean un salario justo y condiciones de trabajo que no peligren sus vidas.

La lucha contra los sindicatos es más política que otra cosa. Sin embargo está claro que muchos sindicatos han perdido su camino. Quizás esta lucha en California les recuerde un poco sus raíces, para que así puedan enfrentar con mayor dignidad los retos que se les espera.