Hay un respiro en el ambiente antiinmigrante


Es fácil perder la esperanza de que algún día se apruebe una reforma migratoria cuando por tanto tiempo las noticias han sido en su mayoría malas: que los demócratas no hicieron esto, que los republicanos bloquearon aquello, que Arizona perdió la cabeza y que quieren deportar a los indocumentados.

El 2011 comenzó con la amenaza de que docenas de estados a lo largo del país planeaban emular el tipo de leyes que aprobó Arizona y además presentar otras propuestas de ley para hacer la vida difícil a las personas sin documentos.

Pero algo extraño está sucediendo en este 2011.

En Arizona, la moderna cuna del repudio hacia los inmigrantes indocumentados, cinco propuestas de ley antiinmigrantes fueron derrotadas fácilmente en el Senado. Una de ellas hubiera obligado a la Corte Suprema a emitir un fallo sobre la ciudadanía automática para hijos de indocumentados, un tema que tiene con pendiente a muchos padres de familia. El resto lidiaba con temas como la inmigración ilegal y los servicios públicos.

“Es hora de tomarnos un descanso”, dijo el senador republicano de Arizona John McComish.

La ley SB1070, con sus manifestaciones, boicots y reveses legales, sin duda ha dejado un mal sabor de boca a todos, incluyendo a políticos como McComish. ¿O quizás esto tiene que ver con los datos que ha estado dando conocer recientemente la Oficina del Censo, que indican que la población latina está creciendo cuatro veces más rápido que el resto de la población?

Una cosa es dejar de atacar a los indocumentados, que dado el contexto en el que nos encontramos, ya es un éxito para partidarios de los derechos de los inmigrantes. Pero los acontecimientos han estado yendo más allá.

Hace unos días Utah, uno de los estados más conservadores de la nación, sorprendió a medio mundo al aprobar una ley que prácticamente legalizaba a los indocumentados de buen carácter que no tuvieran antecedentes penales.

Sólo había un pequeño obstáculo para que la ley entrara en vigor: el gobierno de Obama tendría que permitir que en Utah se pueda contratar a personas indocumentadas, algo que es poco probable ya que cruzar la frontera ilegalmente es un delito federal. Sin embargo, la aprobación de la ley señala que a pesar del tono negativo contra los inmigrantes, existe una diversidad de opiniones incluso entre los conservadores.

“Utah es prueba de que en realidad existe una mayoría silenciosa de estadounidenses decentes que no han perdido la cabeza”, dijo Paul Mero, líder conservador de Utah, al periódico Los Angeles Times.

En Maryland, al otro lado del país, legisladores aprobaron una ley que permitiría que los indocumentados paguen colegiaturas como si fueran residentes de ese estado. Para los estudiantes de educación superior, esta ley significaría un ahorro de decenas de miles de dólares.

En Connecticut dos legisladores demócratas presentaron una propuesta de ley similar para permitir que los estudiantes indocumentados que terminaron la preparatoria en ese estado puedan también pagar una colegiatura baja si son aceptados en una universidad.

En California, los republicanos han empezado una discusión interna sobre cómo atraer a más latinos y evitar que su partido pierda su relevancia en un estado donde más de 30 por ciento del electorado es hispano. El primer paso es dejar de hablar mal de los latinos, algo que hicieron durante la conferencia anual del partido hace unos días al omitir temas de discusión como la inmigración ilegal. Quién quite y próximamente algún republicano de California proponga alguna ley favorable a la comunidad inmigrante.

Todo esto no quiere decir que la mala leche contra los inmigrantes ha desaparecido. Muchos estados todavía planean avanzar con sus propuestas antiinmigrantes. Montana es uno de ellos. Y los legisladores republicanos de ese estado tienen que tener cuidado si no quieren en algún futuro perder relevancia como los republicanos de California.

Según los últimos datos del censo, la población latina de Montana está creciendo siete veces más rápido que el resto de la población. En los últimos 10 años, la población hispana creció 58 por ciento.

Puede que sea coincidencia que esta racha de buenas noticias tenga algo que ver con los datos del censo. O quizá como dijo el líder conservador en Utah, hay una mayoría silenciosa de estadounidenses que no han perdido la razón.

De ser verdad, eso sería suficiente para no perder la esperanza.