La música es un regalo para toda la vida


Hace poco les anuncié a mis hijas pequeñas que tenía una sorpresa.

¿Es un juguete?, ¿un vestido de princesas?, ¿vamos a ir a Chuck E. Cheese’s?

No, respondí con una sonrisa en el rostro. Es un piano que acabo de conseguir, dije mientras giraba la cabeza de un lado a otro buscando un lugar dónde ponerlo. Las niñas respondieron con un grito de aprobación que denotaba felicidad y confusión.

Una señora mayor de edad estaba buscando un hogar para un piano viejo y me tocó ser el beneficiario de su buena humanidad. El instrumento de más de 70 años estaba despintado, desafinado y además tenía una tapa de madera caída que exponía las cuerdas del interior.

Era la oportunidad que estaba esperando para concretar mi deseo de darles a mis hijas el regalo de la música. Después de una educación universitaria, no puedo pensar en una mejor herencia que inculcar a mis hijas el amor a la música y la oportunidad de tocar un instrumento.

Quizá eso tenga que ver con que yo mismo crecí en una familia musical, y con que a lo largo de mi vida me he beneficiado tremendamente de haber aprendido a tocar música.

Mi madre fue una fiera en su insistencia de que todos sus hijos aprendieran a tocar por lo menos un instrumento, un deseo que nació en parte porque mi abuelo era un amante de la música clásica y de la ópera.

La terquedad de mi mamá superó las peleas que tuvo con mi padre para pagar por las clases de música, las cuales significaban un sacrificio económico. Su obstinación también fue mayor que mi deseo de no querer tocar un instrumento.

Recuerdo los berrinches que hacía cuando me llevaban a las clases de piano. A veces me arrastraban al estudio y yo respondía rehusándome a mover los dedos, lo que obligaba a la cancelación de la clase.

De cualquier forma aprendí a tocar piezas de grandes compositores como Beethoven y Mozart, piezas que toqué en recitales frente a mucha gente. Las clases eran un tormento que poco a poco fui disfrutando en secreto al grado que después aprendí a tocar violonchelo.

Mi madre tenía la regla de que todos deberíamos por lo menos tocar dos instrumentos.

Mi hermano mayor optó por el violín. Otro hermano tocó flauta. El otro trompeta. Y la más pequeña también violín. Con excepción de mi hermano mayor, quien hoy en día es el concertino de la Orquesta de Baja California, ninguno de los demás seguimos la carrera musical.

Pero eso no quiere decir que aprendimos música en vano. La mitad de mi adolescencia la viví tocando en un grupo de rock, algo que me mantuvo alejado de problemas. Además, tocar violonchelo fue fundamental para mis estudios universitarios ya que recibí becas para pagar la colegiatura a cambio de tocar en la orquesta.

La música ofrece muchos beneficios a los niños.

Los estudios dicen que los pequeños que saben tocar instrumentos tienden a sacar mejores calificaciones en la escuela ya que la música ayuda en el desarrollo de ciertas partes de su cerebro. También enseña disciplina porque la única manera de dominar un instrumento es a través de la práctica. Ayuda a vencer el miedo de hablar o tocar enfrente de gente y aumenta la autoestima en desarrollo. Es gratificante trazarse un objetivo, como aprender una pieza, y después tocarla. Poco a poco uno va aprendiendo a expresarse a través de la música.

Yo quiero eso para mis pequeñas.

El primer paso fue recibir este piano regalado que necesita un poco de amor para regresarlo a la vida.

Le daré una lijada, le pondré los clavos y tornillos que le faltan, le arreglaré la tapa caída para darle dignidad. Lo afinaré.

Después intentaré hacer los mismos sacrificios que hicieron mis papás para que nosotros aprendiéramos a tocar nuestros instrumentos: buscaremos a un maestro, llevaré a mis hijas a clases, me sentaré en el carro a esperar a que salgan, las escucharé practicar las mismas estrofas una y otra vez y seré su seguidor número uno en los recitales.

El piano volverá a la vida, y sobre sus teclas viejas pronto se pasearán los deditos de una niña.

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3 comentarios en “La música es un regalo para toda la vida

  1. Hiram: Me senti muy orgulloso de leer tu escrito con referencia a un paso importantisimo en la formacion de la personalidad de tus hijas. Que bueno que tuvo tu mamá la atingencia de brindar tambien la oportunidad para que ustedes aprendieran a tocar un instrumento musical. Esto es parte de un conocimiento ineludible en estas generaciones a quienes les toca su turno de construir en un futuro no muy lejano su mundo el mundo que ellas desean. Ahora tu las conduces y les enseñas el horizonte ofreciendoles una gama de posibilidades infinitas, luego las veras caminar hacia una direccion solas pero bien equipadas y con pasos firmes y seguras de que van a donde quieren ir. Que bonito articulo. Te felicito por tu tremenda dedicacion a la educacion de tus hijas. Un abrazo.

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