La reforma migratoria está más lejos que nunca


Si es cierto que las batallas se ganan antes de que empiecen, como alguna vez dijo el filósofo bélico chino Sun Tzu, se podría decir que los republicanos van ganando en cuanto a la reforma migratoria.

Hasta ahora la extrema derecha del partido ha impedido la legalización de millones de indocumentados a pesar de las maniobras políticas de presidentes de ambos partidos, y sin importar qué partido domine el Capitolio.

Pero su más reciente victoria en esta larga y truculenta lucha legislativa se dio de manera sutil hace unas semanas cuando el presidente Barack Obama hizo una alusión al tema durante su informe de gobierno. La mención fue breve pero significativa.

Luego de exhortar a legisladores de ambos partidos a trabajar juntos y resolver de una vez por todas el asunto de la inmigración ilegal, el presidente Obama dijo lo siguiente: “dejemos de expulsar a gente joven talentosa y responsable que podría estar trabajando en nuestros laboratorios de investigación o emprendiendo un nuevo negocio, y que podría estar enriqueciendo aun más a esta nación”.

Sin duda el presidente hacía referencia a los hijos de los indocumentados, quienes sufrieron una gran desilusión en diciembre cuando los republicanos sabotearon nuevamente la propuesta de ley Dream Act.

Lo preocupante es que el presidente, con sus comentarios, pareció haber recorrido las trincheras hacia atrás al abogar solamente por la legalización de los jóvenes y no de todos los adultos indocumentados trabajadores, de buen carácter moral y que pagan impuestos.

¿Será ésta la nueva base de donde partirán las discusiones cuando el tema vuelva a abordarse la próxima vez, quizás antes de las elecciones de 2012 cuando el presidente busque la reelección?

Para entender bien cómo las palabras pueden afectar las negociaciones tomemos el ejemplo del concepto de que el país tiene que “asegurar la frontera” primero antes de pensar en la legalización de los indocumentados.

Hace unos años los republicanos introdujeron este argumento abstracto cada vez que se mencionaba la reforma migratoria y la legalización de los indocumentados. La legalización es imposible hasta que aseguremos las fronteras, decían, conscientes de que el término “asegurar” es muy amplio.

Un día, un demócrata de alguna región conservadora comenzó a utilizar el término, y de repente el concepto se propagó como una gripa en un jardín de niños.

Hoy en día es imposible imaginarse una reforma migratoria sin que primero sea “sellada” la frontera. El presidente lo reconoció en su informe de gobierno cuando dijo: “Estoy preparado para trabajar con republicanos y demócratas para proteger nuestras fronteras, hacer cumplir las leyes y buscar una solución a los millones de indocumentados que ahora viven en las sombras”.

El gobierno de Obama ha puesto de su parte para fortalecer la seguridad en la frontera con la contratación de más agentes de la Patrulla Fronteriza y el despliegue de la Guardia Nacional, entre otras cosas. Pero nótese que el presidente busca una “una solución” al resto de los indocumentados mientras que al referirse a los jóvenes habla sobre cómo hay que dejar de expulsarlos.

Si la historia es un indicador, entonces es fácil concluir que cuando vuelva retomarse el tema de la legalización, la prioridad serán los jóvenes. El resto estarán en veremos.

Mientras tanto, los republicanos están moviendo sus piezas también en otros frentes.

Legisladores estatales han presentado más de 600 propuestas de ley y resoluciones relacionadas con la inmigración ilegal. Eso equivale a 50 por ciento de todas las resoluciones que se presentaron durante 2010. Y eso que apenas estamos entrando en febrero.

En la Cámara de Representantes, donde los republicanos se vieron fortalecidos en las últimas elecciones, los legisladores buscan un retorno a las redadas en los lugares de trabajo.

De parte de los demócratas se escucha poco sobre el tema.

No parece haber mucho interés. En su informe de gobierno, el presidente dedicó sólo 100 palabras de más de siete mil a la inmigración ilegal.

Los demócratas parecen estar perdiendo la batalla mucho antes de que ésta empiece.

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