En Escondido, la policía prefiere que no sepas tus derechos


Por Hiram Soto

Cuando las autoridades de educación del Condado de San Diego decidieron repartir folletos a maestros y estudiantes con información sobre sus derechos en caso de enfrentarse a una redada migratoria, era de esperarse que desatara controversia.

Hoy en día el ambiente en el país es tal que es imposible tener una conversación franca sobre la inmigración ilegal y su impacto en la vida de las familias afectadas sin ser controversial.

En esta ocasión una de las quejas principales vino de Jim Maher, jefe de la policía de Escondido, y uno de los autores intelectuales de la práctica de utilizar retenes vehiculares como herramienta para intimidar y expulsar a la comunidad indocumentada de la ciudad.

A Maher no le pareció que los folletos incluyeran dibujos de policías con lentes oscuros y cara de malos arrestando a un inmigrante asustado que se rehusaba a dar información a las autoridades. Tampoco le gustó la idea de que una persona ejerciera sus derechos legales.

“Es inapropiado. No creo que las imágenes que utilizaron en esos folletos sean apropiadas”, dijo Maher al periódico San Diego Union-Tribune.

“Es asombroso que otra dependencia gubernamental, la Oficina de Educación, esté dando información que no cuenta toda la historia. Es un ejemplo de lo que es no decir toda la verdad”, dijo. Sus comentarios me dejaron rascándome la cabeza.

Yo entiendo que a veces los policías se molestan cuando alguien ejerce sus derechos, lo que incluye guardar silencio. Seguramente es una inconveniencia para ellos porque no pueden cerrar el caso en ese momento, y probablemente significa más papeleo.

Pero los derechos legales o civiles no están ahí para que los policías puedan irse temprano a casa; están ahí para garantizar un trato justo a todas las personas en suelo estadounidense, incluso a aquellas que se sospecha pudieran haber violado alguna ley.

Decidí hablarle a Maher para pedirle una aclaración.

Finalmente estos folletos habían sido diseminados entre estudiantes en riesgo cuyos padres se encuentran en el país ilegalmente y que tienen dificultades concentrándose en la escuela porque temen que algún día lleguen a casa y descubran que sus papás fueron deportados.

Quizás Maher no entendió bien esta parte de la ecuación.

Maher, sin embargo, dijo que los inmigrantes que no cooperen con las autoridades pueden meterse en más problemas porque pudieran despertar sospechas de haber violado alguna ley. Particularmente le molestó que los folletos recomendaran a los inmigrantes no abrir la puerta a las autoridades, y que solicitaran que los oficiales pasaran por debajo de la puerta cualquier orden de arresto.

“El no cooperar no te va a salvar de una orden de arresto”, dijo.

¿Y eso qué tiene que ver con ejercer tus derechos?, le pregunté. ¿Qué no son los policías los primeros en leer los derechos Miranda a las personas que son arrestadas? El hecho de que les lean sus derechos tampoco los salvará si en verdad son culpables. Los policías, sin embargo, de todas formas lo hacen porque es parte de los derechos legales de las personas arrestadas.

Maher contestó que eso era diferente de recomendar lo que se debe o no hacer al recibir una visita de oficiales de migración en el hogar o en el trabajo. Por cierto, la primera recomendación, le recordé, es no mentir. Otra de ellas es decirle al oficial: “quiero hablar con mi abogado”.

Colgué el teléfono y seguí sin entender su punto de vista, y más aún cuando las propias autoridades de migración apoyan el informar a las personas sobre sus derechos legales.

Lauren Mack, portavoz de la Oficina de Control de Inmigración y Aduanas, dijo hace unos días al Union-Tribune que los panfletos ofrecían información “práctica y correcta” sobre el proceso de deportación.

Me pregunto cuánto tiempo más durará esta mala leche entre las autoridades de Escondido y la comunidad latina, si el mismo jefe de policía protesta cuando alguien quiere informar a los ciudadanos sobre sus derechos legales, documentados o no.

En los últimos años Escondido ha intentado sin éxito imponer ordenanzas consideradas antiinmigrantes, y los controversiales retenes siguen formando parte de la vida cotidiana de los más de 67 mil residentes latinos.

Hace unos días se dio a conocer que Escondido ahora tiene más latinos que anglosajones, la culminación de una transformación demográfica asombrosa que se ha venido dando en los últimos 20 años.

Los tiempos cambian, y a algunos les cuesta más trabajo adaptarse que otros.

Quizás Maher es uno de ellos.

No pasará mucho tiempo para que los cambios demográficos en las calles traigan también más diversidad al gobierno de esta ciudad, incluyendo a los altos mandos del Departamento de Policía.

En un futuro no muy lejano, gente como Maher se jubilará, y en su lugar probablemente entrará a alguien con una mente un poco más abierta.

Hoy, se escribe la crónica de un cambio anunciado.

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