Los demócratas juegan con los sueños de otros


Por Hiram Soto

Víctor González es un estudiante indocumentado de la Universidad Estatal de San Diego que se encuentra en su tercer año de la carrera de trabajador social, una de esas profesiones nobles que pagan poco y que existen principalmente para ayudar a las personas necesitadas y de bajos recursos.

Conforme se aproxima su fecha de graduación, González sabe que difícilmente encontrará trabajo si no tiene papeles migratorios, algo que lo obliga a preguntarse a sí mismo: ¿vale la pena ir a la universidad? Es una pregunta que no debería hacerse persona alguna, con o sin papeles.

Para cuando leas esto probablemente se conocerá el desenlace del más reciente intento por parte de los demócratas de aprobar la propuesta de ley Dream Act, que rectificaría la situación migratoria de indocumentados que llegaron al país como menores de edad, como González, que tenía 11 años cuando sus padres lo trajeron de Michoacán.

Ojalá lo logren, porque sino, quedará en evidencia las verdaderas intenciones de los demócratas: fingir intentar aprobar esta propuesta para así tachar a los republicanos de antilatinos a menos de dos meses de las elecciones de noviembre, en donde corren el riesgo de perder el control tanto de la Cámara de Representantes como del Senado.

González lo sospecha, lo huele. Lo ha visto antes.

“Los demócratas están jugando a la política para conservar el voto latino”, dijo. “Han estado haciendo esto por mucho tiempo, y por eso ya no les creo”.

Su escepticismo está bien fundado.

Los demócratas, encabezados por el presidente del Senado, el senador Harry Reid, han dejado pistas por todos lados que dejan entrever que sus motivos son puramente políticos.

La propuesta Dream Act ha sido anexada a una propuesta gigantesca de asuntos relacionados con la defensa nacional que no tiene nada que ver con la inmigración ilegal. Además, los demócratas también anexaron una propuesta para abolir la política de “no preguntar, no decir” relacionada con los homosexuales en las fuerzas armadas.

Coincidentemente estas propuestas están dirigidas a dos grupos que votaron en grandes números por el presidente Barack Obama en 2008, y que podrían quedarse en casa en las próximas elecciones de noviembre: los latinos y las personas que luchan por los derechos de los homosexuales.

Además, el senador Reid se encuentra peleando por su vida política en su estado de Nevada, donde 25 por ciento de la población es hispana. Su derrota sería quizá el trofeo más grande que pudieran llevarse los republicanos en noviembre.

No entiendo por qué los demócratas piensan que pueden utilizar el voto latino a su antojo para ayudarlos a ganar elecciones. La historia dice que cuando hacen eso todo lo contrario ocurre, y si no pregúntenle al ex gobernador de California, Gray Davis.

Después de haberse opuesto a una ley que daría licencias de manejar a indocumentados en California, el demócrata cambió de parecer durante los últimos días de una campaña por destituirlo y firmó dicha ley con la esperanza de recibir más votos latinos y salvarse el pellejo.

Davis fue finalmente destituido por el electorado, abriéndole las puertas al actual gobernador Arnold Schwarzenegger, que se dio el gusto de vetar la ley que finalmente nunca entró en vigor.

¿Será que el mismo destino le espera a los demócratas y a la propuesta Dream Act?

Espero que no.

Sin embargo, el panorama no se ve bien. Los republicanos han mostrado tener mucha disciplina como partido de oposición, e incluso el propio Obama pudiera vetar toda la ley si incluye financiamiento para la construcción de un nuevo motor para aviones militares, otra controversia aparte.

Pero quién quite y los demócratas sorprendan al aprobar la propuesta Dream Act. Sería lo mínimo que el gobierno pueda hacer después de prometer la reforma migratoria a los latinos y no hacer nada al respecto.

De aprobarse, alrededor de medio millón de residentes de California se verían beneficiados, así como cientos de miles de estudiantes en estados con altas concentraciones de latinos, como Texas y Florida.

Estos jóvenes, que no tienen la culpa de ser indocumentados, tendrían la oportunidad de rectificar su estatus migratorio si al terminar la preparatoria se inscriben en la universidad o en las fuerzas armadas para defender a su país adoptado.

Muchos de ellos ya tienen diplomas universitarios pero no pueden ejercer sus profesiones y trabajan en hoteles, restaurantes o en la jardinería.

González ya casi cumple con su parte y su futuro pudiera seguir uno de dos caminos: si legaliza su estatus migratorio a través del Dream Act podría trabajar como trabajador social y ayudar a personas necesitadas. Si no legaliza su estatus continuaría trabajando como jardinero, empleo que le ayuda a costear sus gastos universitarios.

La decisión está fuera de sus manos.

Ojalá los demócratas logren aprobar esta ley.

Si no, acabarán haciendo algo peor que los republicanos que se oponen: jugar, con fines políticos, con los sueños de jóvenes cuyo futuro depende de ellos.

Anuncios

¡Sheriff Joe Arpaio para presidente!


Por Hiram Soto

De todos los enemigos que tiene el sheriff Joe Arpaio de Arizona, y la lista es larga, quizá ninguno es más efectivo que su propia naturaleza narcisista.

“No quiero ser un ególatra, pero yo podría ser el gobernador (de Arizona) si me postulara”, dijo con poca modestia el provocativo sheriff del Condado de Maricopa, mientras anunciaba en mayo que no se postularía para la gubernatura del estado.

“Mi apoyo en las encuestas es muy alto. Tengo el dinero. Tengo las encuestas de mi lado. Tengo el apoyo”, añadió el sheriff más famoso del país al preferir mejor seguir trabajando de tiempo completo como hostigador oficial de la comunidad latina-indocumentada.

Fue la cuarta vez que retiró su candidatura después de haber generado especulación sobre sus aspiraciones políticas, un pasatiempo divertido para personajes rimbombantes que viven de la controversia y que saben cómo manejar los medios de comunicación.

Ahora, el “sheriff más duro del país” está llevando su egolatría a un nuevo nivel.

En los últimos meses Arpaio ha llevado su mensaje antiinmigrante más allá de las fronteras de Arizona, alineándose con candidatos republicanos o políticos de extrema derecha y generando especulación de que pudiera postularse como candidato a la presidencia en 2012.

Su gira de intolerancia lo ha llevado a estados como Nevada, Kentucky, Kansas y California, donde en una visita en San Diego en agosto atrajo a casi el mismo número de manifestantes en contra que personas que asistieron a escuchar su discurso.

La semana pasada visitó el estado de New Hampshire en donde hizo comentarios que generaron especulación sobre su posible candidatura presidencial. Pero mientras muchos afuera de Arizona toman con seriedad dicha candidatura, la gente que lo conoce sabe que es sólo un juego.

Durante las veces que supuestamente consideró ser candidato a gobernador de Arizona, el sheriff se conformó con alimentar su ego con la atención de las cámaras de televisión y con los donativos que le llovieron de parte de gente alborotada sobre la inmigración ilegal.

Quienes lo conocen no anticipan una candidatura de Arpaio en 2012.

Qué lástima.

A mí me gusta la idea del presidente Joe Arpaio.

Me lo imagino viviendo en la Casa Blanca rodeado de agentes de seguridad y con una legión de reporteros siguiéndolo en todo momento y analizando cada palabra que salga de su boca, como le gusta. No veo por qué tenga que dejar de portar su arma ya que nadie se atreverá a desarmar al presidente del país más poderoso del mundo, especialmente si su pistola está cargada.

Desde la cúspide del poder tendría todos los recursos para defenderse de las tres demandas del grupo pro derechos civiles American Civil Liberties Union que lo acusan a él y a otros sheriffs de Arizona por detener o arrestar a personas por su raza.

Incluso podría ordenar a su Departamento de Justicia que suspenda la demanda que lo acusa de no cooperar con una investigación federal sobre las redadas migratorias en vecindades latinas.

Desde Washington podría cimentar su legado favorito: hacer que los reos de todo el país se pongan calzones de color rosa como en las prisiones bajo su control en Arizona, donde también sirven comida podrida.

Pero este día seguramente nunca llegará.

Arpaio sabe que si se postula no pasará más allá de una precandidatura si decide hacerlo a través del Partido Republicano. Si lo hace de forma independiente recibiría un apoyo simbólico del electorado nacional. Y quizá más importante para él, perdería su oportunidad de postularse para su cuarto mandato como el sheriff más infame del país, una etiqueta que adora.

Finalmente, ¿quién es Arpaio sin el antenombre de sheriff?

La razón le dice que todo está en su contra, que es mejor quedarse donde está.

Sin embargo, aún tengo la esperanza de que su ego lo haga creer que el país quiere a un presidente como él: un sheriff con pantalones dispuesto a hacer cumplir la ley a toda costa. Un sheriff como aquellos de las películas del Viejo Oeste.

Ese ego podría inflarse más y más con cada discurso que ofrezca de aquí a noviembre y más allá.

Las cámaras lo adoran, las luces estarán sobre su persona. Tendrá una audiencia apasionada y atenta. El micrófono estará prendido. Saldrá en los periódicos, en los noticieros de la tarde, recibirá aplausos, desatará controversia y por momentos parecerá que todo el mundo está hablando sobre él.

Quizá en medio de los aplausos y una ovación intensa nos sorprenda, y sin poder controlarlo, se le escape del alma y lo anuncie: Joe Arpaio para presidente.

Vamos, sheriff.

La gente te aclama.

Escuela de inmersión Longfellow Elementary promueve el bilingüismo


Por Hiram Soto

Todo padre de familia quiere lo mejor para sus hijos, y eso incluye elegir la mejor escuela.

Quizá por eso más de un miembro de mi familia se sorprendió cuando inscribimos a nuestra hija en edad de kínder en una escuela del Distrito Escolar de San Diego en lugar de en una escuela nueva en el Distrito Escolar de Poway, donde residimos.

Poway es uno de los distritos escolares más prestigiosos de California, en parte porque los residentes que viven en los alrededores pagan miles de dólares al año en impuestos adicionales para que estas escuelas ofrezcan la mejor educación posible.

Sin embargo, decidimos finalmente inscribir a nuestra hija en Longfellow Elementary, una escuela de inmersión donde los pequeños reciben la educación en español durante sus primeros años, y después reciben las clases en inglés y en español. La idea es que los estudiantes lleguen a la preparatoria con la habilidad de escribir y leer en ambos idiomas.

Por momentos fue tentador inscribirla en la escuela cerca de casa, la cual llegamos a conocer durante una sesión de orientación en donde asistieron otros padres de familia que también estaban considerando inscribir ahí a sus hijos.

La reunión informativa fue en una amplia sala de teatro con aire acondicionado y un equipo nuevo de sonido, en donde había más sillas que padres. Los salones de la escuela brillaban de limpios, y me acuerdo que hasta me daba pena tocar algo por temor a ensuciarlo o desplazarlo de su lugar designado.

Es una escuela que durante la hora del recreo los estudiantes tienen vistas panorámicas de áreas verdes salpicadas con mansiones, y en donde en el estacionamiento pueden apreciarse los automóviles de lujo más recientes.

Inscribimos a nuestra hija ahí en clases de verano, y nos encantó la conveniencia de dejarla y recogerla en una escuela cerca de casa. Pero cuando llegó el momento de escoger la escuela en donde nuestra hija estudiaría por más de ocho años, decidimos transferirla a Longfellow.

El contraste entre las escuelas no podía ser más marcado.

Longfellow fue fundada en 1977, y como tal sus instalaciones muestran el paso del tiempo. Al momento de llenar el papeleo de inscripción llenamos una forma de salud casi amarillenta que parecía que había estado almacenada en una caja por muchos años.

La reunión informativa fue también en una sala de teatro pero con una mala calidad de sonido, y en donde había más padres que sillas. El calor era tal que los padres usaban las hojas informativas que proveían los maestros como abanicos.

Era evidente que esta escuela carece de recursos, y es en estos momentos que uno como padre comienza a entender el impacto que tienen los recortes educativos en las escuelas.

Uno de los directivos incluso les pidió a los padres que por favor mandaran a sus hijos a la escuela incluso si se sienten un poco mal, porque la ausencia de un estudiante significa la pérdida de dinero para una escuela que aparentemente está contando cada centavo.

Fue extraño escuchar eso, especialmente porque en las guarderías está uno acostumbrado a escuchar lo contrario: que los padres no deben traer a sus hijos a la escuela si se sienten un poquito mal porque pueden contagiar a otros.

“Eso debe ser una bandera roja”, me dijo un pariente que cuestionó la decisión de dejar pasar la oportunidad de inscribir a nuestra hija en una escuela nueva, aparentemente con recursos, y cerca de casa, en lugar de una escuela vieja a más de 20 millas de distancia.

Para mí, sin embargo, lo importante siempre ha sido el maestro y no tanto el salón.

Qué afortunados somos como inmigrantes tener la oportunidad de inscribir a nuestros hijos en una escuela pública en donde se les enseña a escribir y leer en dos idiomas. Y no sólo para inmigrantes.

En la sala abarrotada sin aire acondicionado me encontré con un amigo anglosajón que también es periodista, y que había elegido esta escuela para la educación de su hija. También conocí a un científico de raza negra que no hablaba ni una palabra de español pero que también había inscrito ahí a su hijo.

Eran otros padres que como yo, compartían los mismos valores educativos.

Sí, la escuela de mi hija está fuera del camino y no cuenta con las mejores instalaciones. No tiene vistas panorámicas, y los carros afuera no son necesariamente de último modelo. Como muchas otras escuelas, ha sido afectada duramente por los recortes a la educación.

Pero esta escuela tiene algo que no cambiaría por ninguna otra: entiende perfectamente bien que hablar, escribir y leer dos idiomas es mejor que solamente hablar uno.

El candidato demócrata Jerry Brown necesita despertar


Por Hiram Soto

Si bien la estrategia de la candidata republicana Meg Whitman es gastar lo que sea necesario para convertirse en la próxima gobernadora de California, su contrincante parece estar contento con hacer lo opuesto.

El demócrata Jerry Brown no ha lanzado hasta ahora ni un solo anuncio electoral, ha pasado poco tiempo en campaña, y se ha dedicado prácticamente a ejercer su función como actual procurador estatal de California.

Que así fueran todos los políticos, calladitos y trabajadores.

Su estrategia, o falta de estrategia, le ha dado resultado: a un poco más de dos meses de las elecciones de noviembre, ambos candidatos están prácticamente empatados en las encuestas, algo que ha desconcertado hasta a los observadores políticos más astutos, quienes pensaban que Whitman estaría varios puntos arriba después de gastar 100 millones de dólares.

Pero el empate en las encuestas no puede durar mucho.

La temporada alta de campaña empieza justo después del Día del Trabajo, y será entonces cuando el electorado comience a poner más atención en los candidatos y cuando las encuestas empiecen a brincar de un lado a otro.

Hace días escribí cómo la republicana Whitman gastó millones de dólares convenciéndonos de lo dura que es en cuanto al tema de la inmigración ilegal, y después ha gastado otros tantos millones diciéndonos que no es cierto.

Brown ha tenido suerte de que no tuvo gran oposición como Whitman durante las elecciones primarias de su partido, y, por lo tanto, no se le ha exigido mucho políticamente. Los ataques por parte de Whitman han sido contestados en parte con el silencio de Brown y en parte por anuncios financiados por los sindicatos estatales, que están del lado del procurador.

Con Brown, California tendría un gobernador experimentado: fue gobernador por dos mandatos (de 1975 a 1983), fue candidato presidencial tres veces, alcalde de Oakland en dos ocasiones, y actualmente es el procurador del estado.

La historia ve con relativamente buenos ojos su paso por el Capitolio de Sacramento, donde se dio a conocer como un gobernador frugal: en lugar de vivir en la mansión del gobernador, rentó un departamento cerca del Capitolio; en lugar de subirse a una limosina blindada, manejaba su carro para ir al trabajo. También fue conocido como un gobernador ecologista, y alguien que puso a una gran cantidad de minorías en puestos públicos.

Una de sus posturas más controversiales se dio en 1978 con su apoyo a la Proposición 13, una medida que limitó los impuestos prediales y que resultó en la pérdida de millones de dólares para distritos escolares, ciudades y condados.

Lo que Whitman tiene en dinero, Brown lo tiene en experiencia. De ganar las elecciones, se convertiría en el gobernador de mayor edad en la historia del estado con 73 abriles al momento de tomar posesión.

El electorado también tendría en Brown un político poco ortodoxo.

Tras dejar la gubernatura en 1983, viajó a China y a la Unión Soviética, estudió español en México, vivió medio año en Japón estudiando budismo, incluso trabajó para la madre Teresa en India (Brown también es un ex seminarista católico). Después se convirtió en conductor de un programa de radio.

A finales de los 1980 fue elegido como jefe del Partido Demócrata en California, y en 1990 fue criticado por no haber gastado suficiente dinero en anuncios de televisión, lo que muchos consideraron como una razón por la cual los demócratas perdieron varias contiendas clave en ese momento.

Brown aparentemente no ha aprendido esa elección. Sus escasos anuncios son bienvenidos para quienes detestamos comerciales políticos que generalmente carecen de veracidad. Sin embargo, de no tener una campaña fuerte será dominado con facilidad por Whitman, que tiene mayores recursos y que sabe cómo usar la internet a su favor.

Whitman, la ex ejecutiva de eBay, ya demostró que sabe tener presencia en línea.

Su campaña compró el nombre de Jerry Brown en internet, y quien busque ese nombre hoy en día se encontrará con un sitio dedicado a desacreditar al candidato.

Whitman también tiene un sitio de internet en español, con actualizaciones frecuentes y fotos con la candidata y miembros de la comunidad latina. Brown, por su parte, ni siquiera tiene una página en español (tiene un traductor automático del contenido en inglés).

¿Podrá este veterano candidato sacar otro as de la manga?

Tendrá que tener más inteligencia que dinero para ganar.