Latinos que apoyan ley de Arizona no son traidores


Por Hiram Soto

Son la minoría de la minoría. Pero no por eso sus opiniones hacen menos ruido.

Tienen apellidos como Hernández, Jiménez o García. Algunos tienen la piel morena, los ojos cafés y hasta tienen acento cuando hablan inglés.

Son los latinos que apoyan la trascendente y divisoria ley de Arizona que entró en vigor esta semana.

No hay muchos de ellos. Sólo dos de cada 10 latinos, según las encuestas.

Pero el otro día recibí un mensaje de una de estas personas.

“Ustedes son un grupo de losers (perdedores)”, decía el mensaje, escrito en español, refiriéndose a los indocumentados.

“¿Por qué quieren seguir viviendo del Welfare, Social Security, Medical? Ustedes todo quieren gratis. Los lugares donde viven los latinos son muy notorios por la suciedad. Lárguense”, decía este comentario cuya intención, más allá de ser expresado, era insultar y lastimar.

No puedo evitar preguntarme qué lleva a latinos a hablar de otros latinos de esta manera. ¿Acaso no les molesta que la ley permita a los policías exigir documentos migratorios a personas sospechosas de estar en el país ilegalmente con base en su apellido, acento, color de piel, ojos o cualquier pista de que la persona sea de un determinado grupo étnico o racial?

¿Será que estos latinos son víctimas del entorno en donde crecieron en sus países de origen, en donde en sus hogares se cultivaba el desprecio hacia la gente morena o de clase trabajadora?

Me pregunto también si estas son las mismas personas que emigraron a Estados Unidos con gran facilidad al casarse con algún ciudadano estadounidense, o porque algún pariente les consiguió una visa. Porque para ese tipo de personas el sistema de inmigración actual funciona bien, y se sorprenden cuando otros no pueden hacer lo mismo que hicieron ellos para entrar al país.

Son pocos los latinos que públicamente han apoyado la ley SB1070, que desgraciadamente se ha convertido en el ejemplo a seguir en por lo menos cinco estados del país, y que ha colocado nuevamente el tema de la inmigración ilegal en la conciencia nacional. Quizás poco latinos apoyan esta ley porque algo en su conciencia les impide alinearse con políticos a quienes no les importa tener que violar los derechos civiles de estadounidenses latinos con tal de aplastar o expulsar a la comunidad indocumentada.

Hace unos días un grupo hispano hizo el inusual anuncio de declararse en favor de esta ley.

La Asociación de Republicanos Latinos de Arizona se convirtió en el primer grupo en el país en públicamente apoyar la ley SB1070. Su posición fue tal que incluso presentó un pedimento para intervenir en la demanda interpuesta por el Departamento de Justicia en contra de la ley SB1070.

Lo hizo argumentando que el gobierno de Obama no ha hecho lo suficiente para detener el flujo de inmigrantes a través de la porosa frontera de Arizona, y que, por lo tanto, el estado tenía que tomar la justicia en sus propias manos.

El presidente de esta asociación, Jesse Hernández, dijo que ha recibido más y más llamadas de latinos conservadores que viven en el clóset y que apoyan esta ley, aunque aparentemente lo hacen desde la privacidad del cuarto más oscuro de su casa.

La mayoría de ellos son hijos de inmigrantes ilegales, como él, o personas que se hicieron ciudadanos estadounidenses utilizando el sistema vigente, explicó. Diferenció a estos latinos de otros hispanos por la manera en que emigraron al país y la forma en que ven su pertenencia a esta nación.

Los latinos que piensan como él son personas que “no podían creer la felicidad y el gusto que sintieron cuando se convirtieron en ciudadanos naturalizados”, dijo al periódico Arizona Republic. “Tuvieron que trabajar duro por ello. Era una ambición. Era como obtener un diploma universitario”.

¿Pero qué acaso los latinos inmigrantes en contra de esta ley no sienten la misma felicidad al jurar lealtad a los Estados Unidos, o no tienen la misma ambición, o no trabajan duro por ello, o no quieren rectificar su situación migratoria?

Es fácil caer en la trampa y decir que estos latinos son traidores de su cultura, su gente, y que han olvidado sus raíces. También es fácil decir que son racistas o prejuiciosos. Y puede que lo sean.

Pero quizás más que eso, son personas que repiten los mismos argumentos desacreditados de grupos como los Minutemen o políticos extremistas como los autores de esta ley.

A final de cuentas, no son traidores.

Son ignorantes.

La inmigración ilegal se convierte (otra vez) en el tema del momento


Por Hiram Soto

Huele a noviembre.

Es fácil saber que vienen las elecciones nacionales porque todos parecen tener una opinión cada vez más fuerte sobre la inmigración ilegal, como si alguien estuviera subiéndole poco a poco el volumen del radio. De un momento a otro, la inmigración ilegal se convierte en el tema del momento, y todos dicen y hacen lo que sea para ganar o no perder un voto.

Los demócratas están débiles y vulnerables, como la economía que administran. Los republicanos están confiados en recuperar varias plazas en el Congreso, apostándole al desencanto con el estado general del país, personificado en el Presidente Barack Obama.

Huele a sangre.

En temporada de elecciones, la inmigración ilegal se convierte en un aguardiente que emborracha a los políticos y empaña el criterio de muchos.

La semana pasada se circuló en el estado de Utah una carta anónima denunciando a más de 1,300 residentes que supuestamente eran inmigrantes indocumentados. Los datos fueron entregados a dependencias del orden público para facilitar la deportación de los acusados. Las autoridades después confirmaron que algunos de los que aparecen en la lista son residentes legales.

Pero aquí lo que debe resaltarse es el descaro de atacar tan abiertamente a la comunidad hispana.

¿Y por qué no hacerlo si los políticos mismos ponen el ejemplo a través de sus declaraciones y al proponer y aprobar leyes como la ley de Arizona que entra en vigor el próximo 29 julio?

Los legisladores de Utah esperan presentar una ley similar el próximo año.

Todo se multiplica cuando es un año electoral.

Los políticos pierden la cabeza y atacan a la mano de obra barata que ellos mismos explotan.

Hasta ahora cinco estados han presentado leyes similares a la de Arizona, incluyendo Carolina del Sur, Pennsylvania y Minnesota. En lo que va del año se han presentado 1,000 leyes o resoluciones relacionadas a la inmigración ilegal, según la National Conference of State Legislatures, una organización no gubernamental que trabaja con legisladores.

La locura no se detiene ahí.

Mientras estos estados buscan legislar leyes federales, el Médico Forense en Arizona está almacenando los cuerpos de los inmigrantes que mueren cruzando la frontera en refrigeradores móviles porque se les ha terminado el espacio que normalmente usan.

En lo que va del mes de julio se han recuperado 40 cuerpos de inmigrantes que han fallecido en el desierto, y a este ritmo se romperá el récord mensual de 68 difuntos en el 2005.

¿Cómo responde la Administración Obama? A partir del 1 agosto despachará a la frontera del sur del país a más de 1,000 soldados de la Guardia Nacional, con todo y aviones y helicópteros para detener la inmigración ilegal y asistir en investigaciones penales.

Ojalá que los soldados cuenten también con hospitales y no sólo refrigeradores móviles.

Sí, huele a noviembre, y parece que todos están obsesionados con la inmigración ilegal.

Mi congresista, el republicano Brian Bilbray, no deja de llamarme en las tardes con mensajes incitando al electorado con la inmigración ilegal. El otro día hasta me mandó una carta prometiendo que haría lo posible para que los pocos trabajos disponibles en San Diego fueran a residentes legales y no ilegales, como si verdaderamente pudiera hacer eso.

Las pocas acciones en defensa de la comunidad inmigrante se ven manchadas por este lodo partidista.

Hace unas semanas el Departamento de Justicia demandó al estado de Arizona por haber aprobado la ley. Consecuentemente dos senadores republicanos presentaron una legislación para intentar bloquear la demanda del gobierno federal.

Ni siquiera el béisbol se escapa de la paranoia.

Hace unos días en San Diego las manifestaciones llegaron hasta el estadio Petco, donde grupos pro inmigrantes buscaron presionar a la liga para que cancele el juego de estrellas programado el próximo año en Phoenix, Arizona.

Estas pequeñas pero pasionales manifestaciones atraen a miembros de los Minutemen, quienes se especializan en intimidar y ofender a cualquier persona que se oponga a su punto de vista.

Éstos encuentros se convierten en un circo.

Ambos lados tratan de gritar más fuerte que el otro. Sacan sus cámaras y se filman o se toman fotografías, y la suben al Internet para quedar bien con sus partidistas.

Todos pierden la cabeza.

Huele a noviembre.

Huele a sangre.

¿Deberían prohibir los juguetes en las cajitas felices?


Por Hiram Soto

Quiero repetir aquí una pregunta que le he hecho prácticamente a todos los papás con los que me he encontrado en los últimos días: ¿Crees que McDonald’s debería de tener prohibido mercadear comida rápida a nuestros hijos con juguetes en sus cajitas felices?

Una organización de consumidores que promueve mejores hábitos de nutrición piensa que sí.

A finales del mes pasado el Center for Science in the Public Interest presentó una carta el 22 junio en donde amenaza con demandar en 30 días a la cadena de comida rápida al menos de que abandone la práctica de incluir juguetes en sus cajitas felices, porque considera que la comida que ofrecen es mala para la salud. Entre otras cosas, argumenta que sus prácticas de mercadeo infantil son ilegales en ciertos estados, incluyendo California.

La cadena contestó con una carta diciendo que defendería con todo la práctica de incluir juguetes en sus cajitas felices.

Entretanto nosotros, nosotros, quienes compramos las cajitas felices, tenemos un gran tema de discusión en nuestras manos: la obesidad infantil.

Empecemos dándole contexto al asunto: uno de cada tres niños latinos entre 6 y 11 años de edad padecen de sobrepeso. Esto es casi el doble del índice de sobrepeso de los niños que no son hispanos, según cifras federales.

La organización de consumidores dice que los juguetes contribuyen en esencia a la obesidad infantil porque los niños son atraídos a las hamburguesas, papas y sodas por los juguetes que regalan en sus cajitas felices. En otras palabras, la racionalización es que menos niños hicieran berrinches por hamburguesas, papas y sodas si los juguetes no estuvieran ahí, y que probablemente terminarían comiendo algo más saludable.

¿Crees que funcionaría? Si McDonald’s dejará de existir de un momento a otro, ¿a dónde llevarías a tus hijos a comer en esos días que andas en apuros y que estás más interesado en ponerle algo en sus pancitas que en servirles comida nutritiva?

Es triste decirlo, pero probablemente sustituirías una comida rápida por otra, con o sin juguete.

La amenaza de la demanda y las cifras sobre la obesidad infantil en la comunidad latina debería hacernos reflexionar sobre lo que les estamos dando de comer a nuestros hijos.

Yo soy el primero en admitir que a veces llevo a mis hijas al McDonald’s, y que ordeno cajitas felices con papas fritas y chicken nuggets a pesar de que puedo pedir manzanas como substituto a las papas fritas. La única molestia que generan los juguetes en mi casa es que mis niñas los abandonan en cualquier lugar después de jugar con ellos escasos 10 minutos. Para mí son una carga ecológica más que nada. Además, en más de una ocasión he pisado uno de esos juguetes caminando descalzo por la casa con una taza de café caliente en la mano, momentos que no recuerdo con mucha felicidad.

Aunque los motivos de esta organización de consumidores son buenos, la verdad es que finalmente uno de cada tres niños latinos parece de sobrepeso por las costumbres alimentarias que tenemos. Muchos de nosotros venimos en México, el país se consume más Coca-Cola per cápita que cualquier otro país, incluyendo Estados Unidos, el que inventó el líquido negro y gaseoso. Y es difícil romper con costumbres tan incrustadas en nuestra cultura como tomar Coca-Cola.

Una nueva y triste costumbre que estamos empezando a formar los hispanos en Estados Unidos es la diabetes infantil. Al ritmo que vamos, uno de cada dos niños latinos podría desarrollar diabetes en algún momento de sus vidas.

No es por nada que incluso la primera dama Michelle Obama ha lanzado una campaña para combatir la obesidad infantil titulada “Let’s Move” o “Pongámonos en movimiento”, en donde promueve una vida activa y una dieta nutritiva y balanceada.

La campaña incluye consejos como siempre tener fruta disponible en la cocina, apagar la televisión durante la hora de la cena, caminar después de comer y planear un menú para la semana junto con los niños para inculcar una cultura de nutrición.

Son consejos que valen la pena adoptar.

Regresando un poco al tema de las cajitas felices, yo tengo que ponerme del lado de McDonald’s.

Finalmente la cadena no es responsable de la nutrición de nuestros hijos. Los responsables somos los padres que veces cortamos camino a costa de la nutrición de nuestros hijos. Yo no creo en el argumento de que los juguetes le hacen más difícil la tarea a los papás de alimentar bien a los pequeños.

Interpreto la amenaza de la demanda como un reflejo de la desesperación que existe en ver los índices de obesidad infantil triplicarse en los últimos 30 años, con los niños latinos como punta de lanza.

Los padres diabéticos o con hijos diabéticos conocen muy bien esta realidad. Quizá son ellos quienes entienden con mayor claridad que la verdadera felicidad está en tener buena salud. Lástima que a veces lo aprendemos cuando es demasiado tarde.

Obama juega a la política con la reforma migratoria


Hiram Soto

El 1ro de julio el Presidente Barack Obama ofreció su primer discurso dedicado a la demorada reforma migratoria, un tema que prometió abordar durante el primer año de su mandato. Seis meses después de que pasara el plazo que él mismo se propuso, el presidente apareció ante las cámaras exigiendo lo mismo que buscó sin éxito su predecesor, George W. Bush: la legalización de millones de indocumentados.

Pero, ¿cuál fue el verdadero motivo detrás de este supuesto nuevo esfuerzo por revivir una promesa incumplida? ¿Es realmente un intento genuino o una táctica política para aparentar que la Administración Obama está haciendo algo para avanzar la reforma para así no verse tan mal en las elecciones de noviembre?

No dudo que Obama tenga todas las intenciones de reformar las leyes de inmigración, así como quiere cerrar la base militar Guantánamo, y ponerle fin a las guerras de Irak y Afganistán. Pero en esta ocasión temo que está sirviendo atole con el dedo, y en esencia extendiendo la deuda que tiene con la comunidad latina a través de un pagaré que podría leer algo así:

Yo, __Barack Obama__, Presidente de los Estados Unidos, otorgo este PAGARÉ, a __la comunidad latina e indocumentada__, por __la reforma migratoria__ que prometí como candidato a cambio de votos en mi histórica elección en noviembre de 2008.

Este PAGARÉ tiene como fecha de vencimiento __NO TIENE FECHA DE VENCIMIENTO__, y el pago será considerado liquidado cuando __las fronteras sean fortalecidas, se establezca un programa de trabajadores temporales, y se legalicen a más de 12 millones de indocumentados__.

Si eres el beneficiario de este PAGARÉ, quisiera pedir disculpas por mi promesa incumplida. Algunos dirían que fui demasiado inocente durante mi campaña y prometí de más, especialmente en un tema tan complicado como __la inmigración ilegal__.

Este PAGARÉ no debe interpretarse como un esfuerzo fraudulento de mi parte por quedar bien con __la comunidad latina__. No tiene nada que ver que las elecciones de noviembre están a la vuelta de la esquina, y que mi partido está en peligro de perder el control del Congreso.

Pero piensa en esto: si los demócratas perdemos en grande en noviembre, entonces __la reforma migratoria__sería imposible en el año (s) __2011 y 2012__. Si no hemos podido hacer algo cuando somos la mayoría política, ¿qué te hace pensar que lo haríamos si estuviéramos en la minoría?

De hecho, debes conservar este PAGARÉ porque te pediré que lo saques durante mi campaña de reelección en el 2012 cuando me preguntes por qué no cumplí con la promesa de __reformar las leyes de inmigración__.

Te recordaré que el __1 julio 2010__ di mi primer discurso dedicado a este tema. ¿Y quién no disfruta de mis elocuentes discursos? Te recordaré también que yo no tengo la culpa de que esta promesa no se haya materializado.

Son los republicanos.

Su recalcitrante oposición a la __reforma migratoria__ha impedido también reformas __al sector financiero responsable de casi llevar al país a la bancarrota__, así como otras prioridades de esta administración.

Piensa en eso cuando vayas a las urnas en noviembre.

Pero olvidémonos un poco de esta promesa incumplida.

En los próximos días mi gobierno __levantará una demanda formal en contra de la ley antiinmigrante de Arizona SB1070__. Además, __hace unos días las autoridades de inmigración emitieron un memorándum en donde se le ordena a los agentes a enfocarse en la deportación de delincuentes que representan una amenaza a la seguridad nacional y no en los familiares de ciudadanos estadounidenses__.

Si esto no es suficiente para ti, quizás deberías interpretarlo de esta manera: por lo menos no estoy ordenando lo contrario. Tenlo por seguro que los republicanos lo harían, si pudieran.

Quizás ahora sí nos estamos entendiendo.

Vas a votar por mí y mi partido en las siguientes elecciones de noviembre porque la alternativa política te haría aún más la vida de cuadritos si llegara al poder. Quizás ahora entiendes por qué este PAGARÉ no tiene fecha de vencimiento.

Se puede tener dos amores y no estar loco


Tendrán que pasar varios días más para que desaparezca el mal sabor de boca de la eliminación de México de la Copa del Mundo Sudáfrica 2010. Finalmente no es fácil dar un trago tan amargo después de haber invertido tanto en un deporte tan cruel como el futbol.

Pero me voy con algo positivo de este Mundial, y no necesariamente en el aspecto deportivo.

Esta copa la recordaré como la época en que hice las paces con la selección nacional de los Estados Unidos, el enemigo deportivo número uno de El Tri.

Hasta hace unos años, el equipo estadounidense era uno de los más malos del planeta, y su vergonzoso nivel solía darme la satisfacción de que el futbol era una de las pocas cosas que los mexicanos sabíamos hacer mejor que los Estados Unidos.

Sí, los gringos hacen las mejores computadoras, aviones y carros, y además tienen las modas que todo mundo quiere seguir. Su ejército es casi invencible, su riqueza insuperable, pero por lo menos nosotros sabíamos patear un balón de futbol mejor que ellos. Era algo que no nos podían quitar.

Esto aliviaba un poco ese eterno complejo de inferioridad que tenemos muchos mexicanos, y seguramente otros latinoamericanos, ante nuestro poderoso vecino del norte.

¿Pero cuándo es que “ellos” (los gringos) se convierte en “nosotros” (los latinos)?

Es una pregunta que me cayó como balde de agua fría en este Mundial.

Tengo 15 años viviendo en los Estados Unidos, país que me dio la oportunidad de ir a la universidad a pesar de no tener dinero. Fue en este país donde hice carrera como periodista, donde conocí a mi esposa brasileña y donde tengo tres hijas gringuitas. Yo mismo soy un ciudadano estadounidense por naturalización.

¿Qué no debería estar usando “nosotros” en lugar de “ellos” al referirme a la selección estadounidense?

La respuesta no es tan fácil, especialmente con el clima antiinmigrante que se vive en el país. Parece que cada día hay algún político que hace lo posible por recordarle a la comunidad latina que no es bienvenida. La ley de Arizona es el ejemplo más relevante en este momento.

Pero la separación de identidades es más profunda.

Yo crecí en Tijuana, y aprendí que para visitar los Estados Unidos tenía que pasar varias horas en fila, y que al llegar a la caseta estaría a la merced del humor del oficial de inmigración que me atendiera.

En la escuela aprendí que los Estados Unidos nos robó territorio. De adulto observé cómo este país lanzó guerras e intervenciones injustas, como cuando invadió Panamá en 1989 o Irak en 2003.

Los aficionados de la selección de los Estados Unidos, con sus gorras, camisetas y banderas patrióticas, usan muchas de las mismas vestimentas que los miembros de grupos antiinmigrantes que estamos tan acostumbrados a ver en la televisión o incluso en persona.

Quizás de ahí viene parte de la desconfianza. Uno nunca sabe si alguno de estos aficionados iría del estadio a una reunión con los Minutemen.

Pero regreso a la pregunta: ¿cuándo es que “ellos” se convierte en “nosotros”?

Parte de esa respuesta la encontré en el equipo que llevó a los Estados Unidos al Mundial. Por primera vez desde que yo recuerde, la selección estadounidense incorporó a dos latinos que juegan en México: el delantero Hérculez Gómez y el mediocampista Francisco El Gringo Torres.

Estos eran dos jugadores que conocía muy bien porque juegan en la primera división de México. Fueron ellos quienes me dieron la excusa para por primera vez en mi vida irle a los Estados Unidos en una Copa del Mundo.

Momentos antes de que empezara cada uno de los cuatro partidos que jugó los Estados Unidos, y quizá consciente de que desataría algo de controversia, por lo menos entre las personas que me conocen, decidí escribir porras en mi página de Facebook en apoyo al equipo estadounidense.

Mis amigos mexicanos se encargaron rápidamente de recordarme que había olvidado mis raíces, me llamaron traidor, que era como la India María, ni de aquí ni de allá, pero que ahora era más de los Estados Unidos que de México.

Se sintió feo.

Pero la verdad es que no veo que esté perdiendo mis raíces simplemente por apoyar a los Estados Unidos, al contrario, siento que las estoy expandiendo. Y tampoco soy como la India María. Soy simplemente un inmigrante afortunado que tiene dos nacionalidades y que vive entre dos culturas.

En esta copa intenté hacer las paces con el equipo nacional de los Estados Unidos. Y creo que lo logré. Intentaré olvidar los prejuicios con los que crecí y el antagonismo hacia la comunidad latina, porque finalmente los Estados Unidos es latino, aunque a algunos no les guste.

Por le han de decir “el equipo de todos”.

Eso sí, mientras no jueguen contra México. Eso no cambiará.

Sólo me gustaría pedirle algo a mis dos selecciones: no sean tan maletas.