Intérprete federal es un enlace entre dos mundos


Rebeca Calderón habla todo el día en el trabajo, pero rara vez dice lo que piensa.

A veces es la voz autoritaria de un juez impartiendo justicia con la frialdad de la imparcialidad. A veces es la voz de una víctima derramando emociones en el banquillo de un juzgado, describiendo actos horrendos que vivió o presenció. Su cuerpo es pequeño y su voz dulce, pero aún así Calderón puede ser la voz de un narcotraficante o un pollero, o de un inocente desesperado luchando por su libertad.

Calderón es una intérprete en los juzgados federales de San Diego.

Tiene desempeñando este trabajo desde 1978, cuando se contrataron los primeros intérpretes federales en San Diego. Hoy comanda a un equipo de 14 profesionistas provenientes de nueve países del mundo hispano.

Siempre me han impresionado los intérpretes; seres cultos dueños de esa invaluable habilidad de moverse con facilidad entre dos idiomas, entre dos mundos. La conocí hace varios años cuando fui su alumno en el programa de interpretación de la Universidad de California San Diego Extensión, desde donde cultiva la siguiente generación de intérpretes.

Le pedí unos momentos de su tiempo para qué compartiera algunas de las experiencias de esta profesión que literalmente da presencia jurídica a quienes no hablan inglés, porque en el sistema legal estadounidense no hablar el idioma que es el equivalente a no estar presente en un juicio, y eso es inconstitucional. Por ley toda persona tiene derecho a pedir un intérprete.

A pesar de los años interpretando casos de secuestros, lavado de dinero, tráfico de drogas y violaciones a las leyes de inmigración, entre otros delitos federales, Calderón dice que sigue enamorada de esta profesión de la cual dependen tantas personas.

“Es una gran responsabilidad”, dijo Calderón, de 58 años, después de un día largo en el trabajo en los juzgados del centro de San Diego.

“Está en juego la libertad, la propiedad y a veces la vida de un individuo”.

La interpretación es un baile delicado de palabras que buscan un equivalente en otro idioma. Un pisotón en esta pista de baile podría costarle caro a cualquiera de las partes involucradas en un juicio, algo que Calderón ha aprendido en los cientos si no miles de casos que ha trabajado.

En una ocasión una persona en el banquillo dijo que él no pudo haber cometido el delito por el cual se le acusaba porque se encontraba celebrando el Día de las Madres en México. En ese momento el fiscal interrumpió y dijo algo como “Su señoría, quisiera señalar que el Día de las Madres fue en un domingo y que por lo tanto el acusado tendría tiempo suficiente para cometer el delito”, dijo.

Para lo que respondió Calderón algo como: “Su señoría, la intérprete quisiera aclarar que en México el Día de las Madres siempre es el 10 mayo y no el segundo domingo del mes como en Estados Unidos. El Día de las Madres en México fue un miércoles”.

En la interpretación legal la precisión es clave, aunque a veces no siempre es alcanzable.

Alguien puede decir algo tan sencillo como “Yo trabajo en una lechería”, que en inglés pudiera ser un rancho con vacas que produce leche o una tienda que vende leche. Los casos más difíciles son cuando no existen equivalentes en el otro idioma porque los sistemas legales son diferentes, como en el caso de Grand Jury, traducido literalmente a Gran Jurado, un concepto que no existe en México. (En esos casos se explica lo que es).

“El reflejar de manera exacta lo que representa algo en otro idioma es un gran logro y es lo que valoras”, dijo Calderón.

Además de ser una profesión de gran responsabilidad, la interpretación legal está en gran demanda y paga bien. Los intérpretes de los juzgados estatales en San Diego ganan hasta 75 mil dólares al año. Los intérpretes de los juzgados federales ganan más de 100 mil al año.

Y siempre hay trabajo.

Para ser intérprete legal se necesita aprobar un riguroso examen por escrito y hablado que demuestre un amplio dominio de ambos idiomas. Los exámenes federales son más rigurosos que los estatales.

El crecimiento de esta profesión es indiscutible: en el 2008 los juzgados federales de San Diego necesitaron intérpretes en casi 20 mil casos. Hoy es el número ha aumentado a más de 22 mil, no solamente español, sino de todo tipo idiomas, incluyendo mixteco alto.

A pesar de los años, Calderón todavía sienten nervios cuando se coloca el micrófono y se convierte en la intermediaria entre personas de culturas y niveles socioeconómicos diferentes. Está preparada para interpretar tanto la jerga de los cholos como de los académicos.

Pero no por eso puede bajar la guardia. Siempre tiene que seguir estudiando, aprendiendo, buscando los equivalentes de las palabras y los gestos para que el idioma no sea un obstáculo de una justicia que aspira a ser ciega.

Eso es lo que más la apasiona de esta profesión.

“Una vez que te atrapa es difícil dejarla.”

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