Ay nos vemos: Obama se olvidó de la reforma migratoria


Cirilo Contreras trae la baja la moral.

No entiende por qué se tardan tanto en pasar una reforma migratoria.

¿Qué no es algo que prometió el presidente Barack Obama en su campaña? Le habían explicado que los demócratas tenían una mayoría en el Senado y en la Cámara de Representantes, y que ése era el partido que apoyaba la legalización. ¿Entonces por qué no han pasado nada?

Para muchos como Contreras, la ilusión que alguna vez existió con Obama ha chocado con la realidad.

No solamente no hay reforma, como efectivamente lo prometió el presidente. Sino que el prospecto de ella muere semana tras semana, redada tras redada, y deportación tras deportación. Pocos son los que todavía creen que sea posible en el 2010. Y si no se puede este año, los políticos no arriesgarán en perder votos para el 2012, un año de elección presidencial.

“Como todos los políticos, no ha hecho nada,” dijo este electricista desempleado que formaba parte de un grupo de unas 30 personas que asistieron a un foro informativo en la preparatoria Lincoln en San Diego para escuchar sobre el progreso de la reforma migratoria.

“Teníamos muchas esperanzas, pero al final vemos que es lo mismo de siempre.”

La relación entre el presidente y la comunidad latina ha ido de la euforia a la decepción en poco más de un año desde fue elegido. Hasta los más arduos obamistas expresan abiertamente su desencanto al hablar sobre la inmigración. Hoy gente que apostó su propio prestigio en la candidatura de Obama agacha la cabeza cuando habla sobre el tema.

“Me siento defraudado”, dijo Cristian Ramírez del Comité de Amigos Americanos, una organización de derechos humanos. Él fue una de las personas invitadas hablar sobre el estatus de la reforma.

La desilusión es tal que activistas como Ramírez han prácticamente abandonado sus esfuerzos por pelear a favor de la reforma a nivel legislativo. Ven un mejor futuro organizando a la comunidad e impulsando a candidatos latinos a puestos públicos locales y regionales.

“Ya no vamos a depositar nuestros recursos a nivel nacional”, dijo.

La poca fe en el gobierno federal no debería sorprender a nadie.

Una encuesta reciente de CNN reveló que el 86 por ciento de los estadounidenses piensan que el gobierno del país es disfuncional. Por un lado están los demócratas que no ha podido o no han sabido aprovechar su mayoría para avanzar las prioridades legislativas domésticas de Obama, incluyendo la reforma migratoria. Por el otro están los republicanos, que están más interesados en negarle cualquier victoria política al presidente aunque sea a costa del progreso del país.

Me pregunto qué diría Obama, el activista comunitario que se entregó a la causa de los barrios pobres de Chicago durante su juventud, si estuviera presente en este foro de la preparatoria Lincoln. Quizás diría que las cosas no son tan sencillas y que todo toma tiempo, y pediría más paciencia.

Pero muchos ya no le creerían.

Han pasado demasiados años de promesas incumplidas por parte de ambos partidos. Para muchos Obama parecía un candidato diferente ya que sería el primer presidente afroamericano y una persona conocedora de los grandes problemas sociales como la pobreza y los derechos humanos. Pero hasta ahora se diferencia muy poco de cualquier otro político.

Ya no es suficiente simplemente ponerle curitas al asunto al enfocarse más en los empleadores que contratan a los indocumentados que en los mismos indocumentados, uno de los cambios positivos de la administración Obama.

Hoy les toca a activistas comunitarios como Ramírez dar la cara por Obama. Son ellos los que tienen que pararse ante las mismas personas que alguna vez emocionaron y esperanzaron con la candidatura de Obama, y decirles que existen pocas o nulas posibilidades de que pase la reforma.

Son ellos los que tienen que explicar por qué los políticos están más interesados en su reelección que cumplir con el trabajo por el cual fueron elegidos. Pero la temporada de elecciones llegará tarde o temprano, y me pregunto qué dirá Obama el candidato en el 2012 cuando busque la reelección.

¿Tendrá la cara para prometer nuevamente una reforma migratoria dentro de su primer año?

“Sería una burla”, dijo Vilma López del Comité de Padres por la Justicia Social de la preparatoria Lincoln, una organización que se dedica a abogar por los derechos de los padres inmigrantes tanto dentro como fuera de la escuela.

“Sería una mentira más”, dijo.

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