Kill the bill! And grandma too…


Kill the bill!

No to health coverage to the 32 million people who don’t have it. Let insurance companies deny coverage to people with pre-existing conditions. Yes to caps on health services to people who get sick. No to taxes on the wealthy.

Kill the Bill! And hands off our health care!

We want insurance companies to charge higher premiums based on our gender and medical history. When our children turn 18 we want them out of the house and out of our insurance policy. We don’t want insurance companies giving them a free ride until they are 26.

Kill the bill!

I may lose my health care if I change jobs. I may file for bankruptcy if I get sick and can’t pay the medical bills. But I rather pay for medical services in Tijuana that have our government change the way the health system works in my country.

It’s our individual prerogative. The freedom to choose is more important than health, even if two thirds of the country is overweight. We’ll find a way to pay the hospital bill when the imminent heart attack comes around. Government is the problem. Not the solution.

Kill the bill!

And while you’re at it, kill grandma too.

She’s gotten too expensive.

Intérprete federal es un enlace entre dos mundos


Rebeca Calderón habla todo el día en el trabajo, pero rara vez dice lo que piensa.

A veces es la voz autoritaria de un juez impartiendo justicia con la frialdad de la imparcialidad. A veces es la voz de una víctima derramando emociones en el banquillo de un juzgado, describiendo actos horrendos que vivió o presenció. Su cuerpo es pequeño y su voz dulce, pero aún así Calderón puede ser la voz de un narcotraficante o un pollero, o de un inocente desesperado luchando por su libertad.

Calderón es una intérprete en los juzgados federales de San Diego.

Tiene desempeñando este trabajo desde 1978, cuando se contrataron los primeros intérpretes federales en San Diego. Hoy comanda a un equipo de 14 profesionistas provenientes de nueve países del mundo hispano.

Siempre me han impresionado los intérpretes; seres cultos dueños de esa invaluable habilidad de moverse con facilidad entre dos idiomas, entre dos mundos. La conocí hace varios años cuando fui su alumno en el programa de interpretación de la Universidad de California San Diego Extensión, desde donde cultiva la siguiente generación de intérpretes.

Le pedí unos momentos de su tiempo para qué compartiera algunas de las experiencias de esta profesión que literalmente da presencia jurídica a quienes no hablan inglés, porque en el sistema legal estadounidense no hablar el idioma que es el equivalente a no estar presente en un juicio, y eso es inconstitucional. Por ley toda persona tiene derecho a pedir un intérprete.

A pesar de los años interpretando casos de secuestros, lavado de dinero, tráfico de drogas y violaciones a las leyes de inmigración, entre otros delitos federales, Calderón dice que sigue enamorada de esta profesión de la cual dependen tantas personas.

“Es una gran responsabilidad”, dijo Calderón, de 58 años, después de un día largo en el trabajo en los juzgados del centro de San Diego.

“Está en juego la libertad, la propiedad y a veces la vida de un individuo”.

La interpretación es un baile delicado de palabras que buscan un equivalente en otro idioma. Un pisotón en esta pista de baile podría costarle caro a cualquiera de las partes involucradas en un juicio, algo que Calderón ha aprendido en los cientos si no miles de casos que ha trabajado.

En una ocasión una persona en el banquillo dijo que él no pudo haber cometido el delito por el cual se le acusaba porque se encontraba celebrando el Día de las Madres en México. En ese momento el fiscal interrumpió y dijo algo como “Su señoría, quisiera señalar que el Día de las Madres fue en un domingo y que por lo tanto el acusado tendría tiempo suficiente para cometer el delito”, dijo.

Para lo que respondió Calderón algo como: “Su señoría, la intérprete quisiera aclarar que en México el Día de las Madres siempre es el 10 mayo y no el segundo domingo del mes como en Estados Unidos. El Día de las Madres en México fue un miércoles”.

En la interpretación legal la precisión es clave, aunque a veces no siempre es alcanzable.

Alguien puede decir algo tan sencillo como “Yo trabajo en una lechería”, que en inglés pudiera ser un rancho con vacas que produce leche o una tienda que vende leche. Los casos más difíciles son cuando no existen equivalentes en el otro idioma porque los sistemas legales son diferentes, como en el caso de Grand Jury, traducido literalmente a Gran Jurado, un concepto que no existe en México. (En esos casos se explica lo que es).

“El reflejar de manera exacta lo que representa algo en otro idioma es un gran logro y es lo que valoras”, dijo Calderón.

Además de ser una profesión de gran responsabilidad, la interpretación legal está en gran demanda y paga bien. Los intérpretes de los juzgados estatales en San Diego ganan hasta 75 mil dólares al año. Los intérpretes de los juzgados federales ganan más de 100 mil al año.

Y siempre hay trabajo.

Para ser intérprete legal se necesita aprobar un riguroso examen por escrito y hablado que demuestre un amplio dominio de ambos idiomas. Los exámenes federales son más rigurosos que los estatales.

El crecimiento de esta profesión es indiscutible: en el 2008 los juzgados federales de San Diego necesitaron intérpretes en casi 20 mil casos. Hoy es el número ha aumentado a más de 22 mil, no solamente español, sino de todo tipo idiomas, incluyendo mixteco alto.

A pesar de los años, Calderón todavía sienten nervios cuando se coloca el micrófono y se convierte en la intermediaria entre personas de culturas y niveles socioeconómicos diferentes. Está preparada para interpretar tanto la jerga de los cholos como de los académicos.

Pero no por eso puede bajar la guardia. Siempre tiene que seguir estudiando, aprendiendo, buscando los equivalentes de las palabras y los gestos para que el idioma no sea un obstáculo de una justicia que aspira a ser ciega.

Eso es lo que más la apasiona de esta profesión.

“Una vez que te atrapa es difícil dejarla.”

Ay nos vemos: Obama se olvidó de la reforma migratoria


Cirilo Contreras trae la baja la moral.

No entiende por qué se tardan tanto en pasar una reforma migratoria.

¿Qué no es algo que prometió el presidente Barack Obama en su campaña? Le habían explicado que los demócratas tenían una mayoría en el Senado y en la Cámara de Representantes, y que ése era el partido que apoyaba la legalización. ¿Entonces por qué no han pasado nada?

Para muchos como Contreras, la ilusión que alguna vez existió con Obama ha chocado con la realidad.

No solamente no hay reforma, como efectivamente lo prometió el presidente. Sino que el prospecto de ella muere semana tras semana, redada tras redada, y deportación tras deportación. Pocos son los que todavía creen que sea posible en el 2010. Y si no se puede este año, los políticos no arriesgarán en perder votos para el 2012, un año de elección presidencial.

“Como todos los políticos, no ha hecho nada,” dijo este electricista desempleado que formaba parte de un grupo de unas 30 personas que asistieron a un foro informativo en la preparatoria Lincoln en San Diego para escuchar sobre el progreso de la reforma migratoria.

“Teníamos muchas esperanzas, pero al final vemos que es lo mismo de siempre.”

La relación entre el presidente y la comunidad latina ha ido de la euforia a la decepción en poco más de un año desde fue elegido. Hasta los más arduos obamistas expresan abiertamente su desencanto al hablar sobre la inmigración. Hoy gente que apostó su propio prestigio en la candidatura de Obama agacha la cabeza cuando habla sobre el tema.

“Me siento defraudado”, dijo Cristian Ramírez del Comité de Amigos Americanos, una organización de derechos humanos. Él fue una de las personas invitadas hablar sobre el estatus de la reforma.

La desilusión es tal que activistas como Ramírez han prácticamente abandonado sus esfuerzos por pelear a favor de la reforma a nivel legislativo. Ven un mejor futuro organizando a la comunidad e impulsando a candidatos latinos a puestos públicos locales y regionales.

“Ya no vamos a depositar nuestros recursos a nivel nacional”, dijo.

La poca fe en el gobierno federal no debería sorprender a nadie.

Una encuesta reciente de CNN reveló que el 86 por ciento de los estadounidenses piensan que el gobierno del país es disfuncional. Por un lado están los demócratas que no ha podido o no han sabido aprovechar su mayoría para avanzar las prioridades legislativas domésticas de Obama, incluyendo la reforma migratoria. Por el otro están los republicanos, que están más interesados en negarle cualquier victoria política al presidente aunque sea a costa del progreso del país.

Me pregunto qué diría Obama, el activista comunitario que se entregó a la causa de los barrios pobres de Chicago durante su juventud, si estuviera presente en este foro de la preparatoria Lincoln. Quizás diría que las cosas no son tan sencillas y que todo toma tiempo, y pediría más paciencia.

Pero muchos ya no le creerían.

Han pasado demasiados años de promesas incumplidas por parte de ambos partidos. Para muchos Obama parecía un candidato diferente ya que sería el primer presidente afroamericano y una persona conocedora de los grandes problemas sociales como la pobreza y los derechos humanos. Pero hasta ahora se diferencia muy poco de cualquier otro político.

Ya no es suficiente simplemente ponerle curitas al asunto al enfocarse más en los empleadores que contratan a los indocumentados que en los mismos indocumentados, uno de los cambios positivos de la administración Obama.

Hoy les toca a activistas comunitarios como Ramírez dar la cara por Obama. Son ellos los que tienen que pararse ante las mismas personas que alguna vez emocionaron y esperanzaron con la candidatura de Obama, y decirles que existen pocas o nulas posibilidades de que pase la reforma.

Son ellos los que tienen que explicar por qué los políticos están más interesados en su reelección que cumplir con el trabajo por el cual fueron elegidos. Pero la temporada de elecciones llegará tarde o temprano, y me pregunto qué dirá Obama el candidato en el 2012 cuando busque la reelección.

¿Tendrá la cara para prometer nuevamente una reforma migratoria dentro de su primer año?

“Sería una burla”, dijo Vilma López del Comité de Padres por la Justicia Social de la preparatoria Lincoln, una organización que se dedica a abogar por los derechos de los padres inmigrantes tanto dentro como fuera de la escuela.

“Sería una mentira más”, dijo.