Los niños aprenden los idiomas que les enseñes


Nunca me imaginé que mi niña de cinco años tuviera que hacer una entrevista para entrar al kínder. Y mucho menos para una escuela pública.

Me pasaron muchas cosas por la mente cuando escuché a una administradora de Valley Elementary decir que era un requisito entrevistar a todos los niños que soliciten entrar al programa bilingüe que ofrece esta escuela del distrito escolar de Poway.

Me imaginé a mi hija con un vestido de ejecutiva y una mochila con algunos de sus mejores dibujos. Saludaría de mano con firmeza y vería directo a los ojos de su entrevistadora, como si fuera una entrevista de trabajo, mientras la maestra intentara cumplir con el propósito de la entrevista: averiguar cuál idioma habla mejor, el inglés o el español.

El programa dice que el inglés debe de ser el primer idioma de la mitad de los estudiantes, y el español de la otra mitad. Es así como equilibran el ambiente bilingüe para que todos aprendan igual.

Resulta que algunos padres de familia están tan obsesionados de que sus hijos crezcan hablando y escribiendo en dos idiomas que están dispuestos a exagerar o incluso mentir sobre las habilidades lingüísticas de sus hijos.

No los culpo.

Hoy más que nunca, ser bilingüe es oro.

Pero no sólo en el sentido de saber pedir un taco en español o una hamburguesa en inglés; sino que en verdad poder hablar y escribir en ambos idiomas. El país está cambiando, y se está haciendo más cafecito. El mundo también está cambiando, se está haciendo más global y multicultural, y las personas que saben comunicarse en diferentes idiomas tienen una clara ventaja.

Yo mismo me he beneficiado de ser bilingüe.

Gracias a ello tuve mi primera oportunidad como periodista, y más recientemente pude encontrar un buen trabajo como escritor bilingüe durante una de las recesiones más crueles de las últimas décadas.

Más allá de los trabajos, sin embargo, el hecho de que los niños hablen las lenguas que sus padres les permitirá comunicarse de manera más natural con sus abuelos, primos, y otros parientes que no hablan inglés. Es una línea abierta a su propia cultura.

Por lo menos eso es lo que estamos pensando cuando decidimos inscribir a nuestra hija en esta escuela de inmersión. Y seguramente es también lo que estaban buscando los padres que abarrotaron una junta escolar obligatoria en donde nos advirtieron que nuestros hijos serían entrevistados por educadores.

Me sorprendió conocer el desempeño académico de los estudiantes de este programa de inmersión liguistica que comienza casi en su totalidad en español y que para el quinto año las clases se dividen en ambos idiomas.

Para cuando los niños terminan, su desempeño en matemáticas es mayor en comparación con los estudiantes del mismo distrito, así como del promedio de los estudiantes del estado de California.

En lectura y comprensión, así como en otras áreas académicas, el desempeño de los pequeños es igual o mejor.

Pero criar a hijos bilingües no es fácil.

Requiere una gran disciplina.

No sé cuántas veces he visto padres de familia que intentan enseñar a sus hijos su idioma natal pero que se quedan en el camino.

Los niños hablan inglés en la escuela durante las clases y el recreo, y para cuando llegan a casa sólo quieren hablar inglés, aunque los padres insistan en hablar español. Tarde o temprano los padres hablan en español y los niños contestan en inglés. Cuando menos lo esperan, lo único que saben hacer los niños en español es pedir un taco de pura carne y sin chile.

Cuando apenas acababa de nacer mi hija conocí a una señora con hijos adolescentes que hablaban un español perfecto. Le pregunté que cómo le había hecho, y me contestó que prohibieron el inglés en casa. La idea es que los niños aprendan inglés en la escuela.

Esto sirvió bien en nuestro hogar, especialmente porque mi esposa es brasileña y habla portugués. Cuando le dije que quería criar a niños bilingües, que hablaran bien el inglés y el español, ella me dijo que también quería que aprendieran portugués.

A nuestra hija se la pusimos así: o nos hablas en nuestros respectivos idiomas o te vas a quedar con las ganas de lo que quieras. Podría sonar algo radical, pero el resultado es que a sus cinco años la pequeña domina los tres idiomas.

En estos últimos años he aprendido que los niños están llenos de potencial, y que aprender varios idiomas es algo muy natural para ellos. Los que fallamos en el proceso somos los padres cuando aflojamos la disciplina y dejamos de ser consistentes.

No sé si van a aceptar a mi hija en esta escuela, ya que vivimos fuera de su área inmediata y por lo tanto seremos los últimos en la fila. Lo que sí sé es que independientemente de si la aceptan, nosotros le seguiremos inculcando nuestras lenguas.

Así que no me voy a preocupar por la entrevista más allá de llegar a tiempo.

Anuncios